Relaciones internacionales de Brasil
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El Ministerio de Relaciones Exteriores es responsable de la gestión de las relaciones exteriores de Brasil. Brasil es una potencia política y económica significativa en América Latina y un actor clave en el escenario mundial.[1] La política exterior de Brasil refleja su papel como potencia regional y potencial potencia mundial y está diseñada para ayudar a proteger los intereses nacionales, la seguridad nacional, los objetivos ideológicos y la prosperidad económica del país.
Entre la Segunda Guerra Mundial y 1990, tanto los gobiernos democráticos como los militares buscaron expandir la influencia de Brasil en el mundo siguiendo una política industrial dirigida por el estado y una política exterior independiente. Recientemente, la política exterior brasileña ha tenido como objetivo fortalecer los lazos con otros países sudamericanos, participar en la diplomacia multilateral a través de las Naciones Unidas y la Organización de los Estados Americanos, y actuar en ocasiones como una fuerza compensatoria de la influencia política y económica de Estados Unidos en América Latina.
Las relaciones internacionales de Brasil se basan en el artículo 4 de la Constitución Federal, que establece la no intervención, la autodeterminación, la cooperación internacional y la solución pacífica de los conflictos como principios rectores de las relaciones de Brasil con otros países y organizaciones multilaterales.[2] De acuerdo con la Constitución, el Presidente es el máximo responsable de la política exterior, mientras que el Congreso se encarga de examinar y considerar todas las candidaturas diplomáticas y los tratados internacionales, así como la legislación relativa a la política exterior brasileña.[3]
El Ministerio de Relaciones Exteriores, también conocido como Itamaraty, es el departamento gubernamental responsable de asesorar al Presidente y conducir las relaciones exteriores de Brasil con otros países y organismos internacionales. El ámbito de actuación de Itamaraty incluye las relaciones políticas, comerciales, económicas, financieras, culturales y consulares, áreas en las que desempeña las tareas clásicas de la diplomacia: representar, informar y negociar. Las prioridades de la política exterior son establecidas por el presidente.