Remigio Vega Armentero

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Ilustración de Ángel Pons para la cubierta de La ralea de la aristocracia de Remigio Vega Armentero. Madrid, Diego C. Romero editor, 1886.

Remigio Vega Armentero (Valladolid, 1852-Ceuta, 1893) fue un escritor español perteneciente al naturalismo. Falleció en el penal de Ceuta donde se encontraba recluido en cumplimiento de una condena a cadena perpetua por el asesinato de su esposa, del que hizo tema literario de su última novela, ¿Loco o delincuente?, de la que salieron dos ediciones en Madrid en 1890.

Nacido en Valladolid el 1 de octubre de 1852, hijo del abogado y procurador Eugenio Vega y de Catalina Armentero, tras obtener el título de bachiller en 1868 cursó en la Universidad de Valladolid los dos primeros años de Derecho, abandonando luego los estudios, aunque durante un tiempo estuvo ocupado como escribiente en el despacho de abogados de su padre.[1] Militante del Partido Republicano Progresista de Manuel Ruiz Zorrilla, anticlerical y masón, participó en las barricadas que republicanos y federalistas levantaron en Valladolid en contra del golpe de Estado del general Pavía el 4 y 5 de enero de 1874.

Ese mismo año se enamoró de una huérfana alsaciana que curaba a los combatientes, Cecilia Ritter Mathis, con la que se casó y tuvo tres hijos.

Comenzó su faceta literaria publicando artículos en la prensa republicana de Valladolid. Por entonces empezó a dar señales de cierto trastorno psíquico, se hizo con algunas enemistades y, según un periodista amigo, se batió en más de un duelo.[2] Trasladado a Madrid en 1880, prosiguió su carrera periodística al tiempo que trabajaba como empleado de la Compañía de Ferrocarriles del Norte. Colaboró en publicaciones como Las Dominicales del Libre Pensamiento y El Semanario de las Familias,[3] y recopiló algunos de sus artículos periodísticos en contra de las concesiones ferroviarias a compañías extranjeras en el volumen Una cuestión grave, los ferrocarriles españoles (1884). Imprimió además Un estúpido, un canalla y un infame (1885), donde analizaba críticamente las monarquías de la Francia decimonónica de Carlos X, Luis Felipe de Orleans y Napoleón III. La variedad de temas ensayísticos abordados por Vega Armentero se complementa en 1886 con la traducción, prólogo y notas en colaboración con Antonio Hidalgo de Mobellán de una antología de literatura china (Modelos de literatura china) para la Biblioteca Universal de Joaquín Pi y Margall.[4]

En 1886 publicó La ralea de la aristocracia (1886), su primera novela, impregnada de un fatalismo típicamente naturalista. Describe el tormento de un joven y apasionado Carlos que comete un crimen entre hijos naturales, fatales amoríos y confusas maquinaciones. La locura provocada por un desengaño amoroso es el leitmotiv de Doble adulterio. El fango del boudoir, su segunda novela, publicada en 1887 en la colección Biblioteca del Renacimiento Literario. Su protagonista, Matilde, reivindicando su honra, comete tres asesinatos cuando descubre —al recibir un anónimo— que su marido se entiende con su mejor amiga, para acabar suicidándose. Lleva una carta prólogo de Armand Loustalot, crítico parisino, en la que afirmaba, frente al rechazo que en ciertos sectores despertaba el modelo de literatura médico-terapéutica de Émile Zola, que el cometido de la novela es «descubrir las lesiones y tumores de esa carne enferma e insaciable del cuerpo social y presentar al desnudo los vicios que más la enervan y corrompen». Pero en todas estas novelas aparecen no sólo plasmados los vicios sociales de su tiempo, sino las propias obsesiones de Remigio Vega Armentero, conocedor de que su mujer tenía un amante; Cecilia Ritter, gracias a sus clases de francés y de piano, aportaba más dinero que su marido al presupuesto familiar —lo que a Vega Armentero humillaba—, y gozaba de cierta reputación como concertista de piano en los salones de la burguesía madrileña, donde conoció a otro francés adinerado, Enrique Vittori, con el que entabló relaciones sentimentales.[5]

El escritor, invadido por unos celos patológicos, publicó entonces una nueva novela de crímenes pasionales, La Venus granadina (1888), donde el protagonista, Nicolás, advertido también por un anónimo de la fuga de su amada con un señorito se distrae imaginando una cruel venganza y cuando se encuentra con ella lleva a cabo «una idea diabólica», arrastrándola a un burdel.[6] El 26 de marzo de 1888 el escritor habría sobrevivido, «merced a su valor y arrojo», pero sobre todo gracias a la providencia,[7] a un intento de asesinato; eso le provocó la fantasía de que el autor del frustrado crimen era un sicario pagado por Cecilia y su amante francés. En tales circunstancias, Cecilia Ritter acudió a la consulta del doctor José María Esquerdo, célebre psiquiatra y afiliado como su esposo al Partido Republicano Radical de Ruiz Zorrilla, quien por tener que ausentarse unos meses de Madrid la puso en contacto con su ayudante, el alienista y fundador del PSOE Jaime Vera, que la recibió acompañada del mayor de sus hijos.[8]

Cecilia Ritter, de acuerdo con Vera y para que este pudiese examinar a su esposo sin que él lo advirtiese, lo llamó a su casa haciéndose pasar por enferma ella misma.[9] Como consecuencia de su examen, Vega Armentero fue internado en el sanatorio psiquiátrico que el doctor Esquerdo tenía en Carabanchel Bajo, «excelente establecimiento donde se verifican curas prodigiosas», según escribe el novelista en ¿Loco o delincuente?, poniendo la afirmación en boca del doctor Vela, trasunto de Jaime Vera.[10] Tras dos meses confinado en el manicomio, en octubre de 1888, el doctor Esquerdo, de vuelta en Madrid, le dio un alta provisional. Otra vez en la calle, Vega Armentero tuvo conocimiento de que durante su estancia en el sanatorio su familia se había mudado de domicilio y había perdido la custodia de sus hijos. El 20 de noviembre de 1888, armado con un revólver de cinco tiros, se encontró con su mujer en la calle, discutieron y la mató de cuatro disparos, empleando el quinto presuntamente para suicidarse, aunque no resultó herido.[11]

La prensa, a excepción de La Unión Católica, se mostró muy benevolente e indulgente con el criminal. Las Dominicales del Libre Pensamiento, semanario librepensador del que Vega Armentero era colaborador, excusó el crimen, pues «el desventurado Vega Armentero no es un criminal pervertido, sino un desgraciado, arrastrado a la locura por su temperamento y por las malas artes de los cómplices de una esposa cuya deslealtad ha resultado indubitable».[12]

El año de su juicio (1889) y hasta el traslado al presidio de Ceuta lo pasó en la Cárcel Modelo de Madrid donde escribió ¿Loco o delincuente?, novela autobiográfica aparecida en 1890 con el subtítulo de social y contemporánea, en la que convirtiéndose a sí mismo en personaje literario construyó un relato «subjetivo y partidista, lo cual perturba el criterio de objetividad del naturalismo».[13] En la novela, Adriana, profesora de piano y esposa del narrador, Carlos, tiene de amante a Enrique Vitorini, y siembra en sus tres hijos el odio al padre. Tras alguna tentativa de envenenamiento consigue internarlo en un manicomio, del que sale libre por su lucidez; comprueba que su mujer pretende hundirlo y en un arrebato, en la calle, dispara sobre Adriana y se entrega.

La sentencia, dictada por la Sección Tercera de lo Criminal de la Audiencia de Madrid y confirmada por el Tribunal Supremo a comienzos de 1890, lo condenó a cadena perpetua por parricidio. El suceso conmocionó a todo Madrid por las muchas circunstancias e implicaciones sociales y políticas que rodearon al caso; así, la polémica suscitada en torno al procedimiento entre partidarios y detractores de la institución del jurado (el propio Vega Armentero pensaba que un jurado popular lo absolvería del crimen y el diario republicano La Justicia, tras conocerse la sentencia, no dudaba de que «el Jurado, órgano de la conciencia pública, hubiera absuelto al vengador de su honra»),[14] o la intervención extrajudicial del ministro Segismundo Moret, cuyas hijas mantenían amistad con la víctima y que en un suelto publicado en El Imparcial, desmarcándose de la defensa del acusado a que estaba entregada la generalidad de la prensa de izquierdas, lanzó contra él «juicios desfavorables», contra los que el propio Armentero protestó en su alegato final ante el tribunal que lo juzgaba.[15] También por la inusual pena impuesta, cadena perpetua, sin atender, conforme a la petición del fiscal, a la eximente de locura, cuando los homicidios por adulterio —si el adúltero era sorprendido en el acto— apenas se castigaban entonces con simbólicas penas de destierro, y a pesar de la defensa confiada al prestigioso abogado y exministro Manuel Pedregal Cañedo, que se esforzó en acreditar la conducta adúltera de la difunta, que, aunque se presentaba siempre como muy beata, llevaba encima en el momento de ser asesinada una veintena de cartas de su amante que fueron aireadas por la defensa, no obstante que también Vega Armentero tuviese una amante y se negase al divorcio demandado por su esposa, que ante la situación de violencia marital había recurrido a solicitar el depósito legal para ella y sus hijos.[16]

Los peritos llamados por la defensa, encabezados por Jaime Vera —el doctor Esquerdo también citado no se presentó y fue multado por ello— del mismo modo que los presentados por la acusación, concordaron en su diagnóstico del procesado, calificado de «histérico-neurósico con tendencias maníacas hoy algo remitidas, pero que debieron ser muy pronunciadas en el momento de cometer el delito»,[17][18] pero el propio Vega Armentero nunca admitió —tampoco en su autobiografía novelada— la condición de loco —menos aún la de delincuente— y en una carta dirigida a los miembros del Tribunal Supremo publicada luego como carta «A la conciencia pública», concluía diciendo tener la convicción de «haber obrado como en mi caso obrarían todos los hombres pundonorosos que con la dignidad alimentan su alma».[19]

Desatendida una primera petición de indulto regio solicitado por una comisión formada por escritores y periodistas, Vega Armentero fue trasladado al penal de Ceuta, donde según se informaba en Las Dominicales del Libre Pensamiento del 14 de marzo de 1891 le llegó la conmutación de la pena de cadena perpetua por la de doce años de prisión, noticia que los redactores del semanario acogían con la esperanza de que con el tiempo llegase una nueva gracia «que permita a esta infortunada víctima de un cruel error tornar a la sociedad de los hombres honrados y desplegar en ella las nobles cualidades que oscureció un arrebato, a que fue provocado con insistentes perfidias y agravios monstruosos».[20] Todavía se presentaron por la prensa republicana nuevas solicitudes de indulto y una petición de conmutación de la pena firmada por el propio Vega Armentero —a la que se opusieron los hijos—[21] y en noviembre de 1893 falleció recluido en el penal de Ceuta. Las Dominicales del Libre Pensamiento informaba de ello en su número del 10 de noviembre: «Ha fallecido en Ceuta el infeliz escritor y periodista Vega Armentero (...) En medio de sus desgracias no ha dejado de ser un soldado fiel de la prensa y de la República».[22]

Obras

Referencias

Bibliografía

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