Represión sexual
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El término represión sexual se refiere a un estado psicofísico que contiene a la persona en la expresión y realización de su sexualidad. Se asocia a menudo con sentimientos de culpa o vergüenza asociados a los impulsos sexuales.[1] Sin embargo, el término presenta un fuerte carácter subjetivo porque la definición de cada caso depende de los sistemas culturales, morales, sociales e, incluso, de decisiones personales.
Represión sexual religiosa
Lo que constituye o puede constituir represión sexual tiene un carácter subjetivo y puede variar radicalmente dependiendo de las culturas, los distintos sistemas morales y la trayectoria social y personal del individuo. Muchos críticos de las religiones han acusado a estas de fomentar la represión sexual.
Algunos analistas consideran que muchos sistemas religiosos han fomentado la represión sexual en diversos grados[2] siendo el mejor ejemplo de esto la promoción de las prácticas del celibato al interior de sus comunidades. Sin embargo, muchas de estas acusaciones desatienden que este tipo de prácticas pueden responder por decisiones religiosas como se presenta entre los sacerdotes católicos, los monjes budistas y otras religiones; filosófica como la opción de Platón por el estado celibatal; social como se presenta en quienes optan por dicho estado como opción personal. Las opciones célibes de pensadores, escritores, artistas o líderes, son menos conocidas que la de los religiosos, pero no por ello menos significativas.
Lo común es que el estado celibatal sea voluntario, pero también puede ser inducido o forzado como en el caso histórico de los esclavos. Además, ha de sumarse que muchos otros pueblos incorporaron prácticas similares o que podrían calificarse de célibes como fueron los casos de las vírgenes del sol incaicas y las sacerdotisas vestales en la antigua Roma. Por tanto, las críticas hacia aquellos que ven en las tradiciones cristianas[3] o islámicas[4] como factores significativos hacia al represión sexual de la sociedad han sido graduadas.
China es un buen ejemplo de como un país con una fuerte presencia de agnosticismo o ateísmo las restricciones sexuales no pueden culparse a las religiones como causantes porque dichas limitaciones responderían a otros motivos como pueden ser demográficos. Las políticas reproductivas instaladas bajo la administración de Mao, más tarde fueron reemplazadas por políticas demográficas. Ahora bien, la China moderna ha comenzado a tener una actitud de más apertura con los temas sexuales.