Reserva estratégica de locomotoras de vapor

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Prototipo 2-3-2K fabricado en 1937 y utilizado brevemente en la línea Moscú-Leningrado.

Una reserva estratégica de locomotoras de vapor es un conjunto de locomotoras de vapor fuera de servicio que se mantiene en buen estado para su posible uso en caso de una emergencia nacional como un holocausto nuclear. Durante la Guerra Fría varios países mantuvieron reservas de este tipo como Suecia, Finlandia y sobre todo la Unión Soviética.

Durante la segunda mitad del siglo XX, muchas líneas ferroviarias europeas implementaron redes electrificas para poder utilizar locomotoras eléctricas, más baratas y fáciles de operar que las de vapor. Sin embargo, importantes catástrofes de origen natural o artificial podrían interrumpir el suministro eléctrico, llevando a una posible crisis económica y social, sobre todo en regiones aisladas como Siberia.

En el caso soviético, el escenario más temido parecería haber sido que un bombardeo nuclear cortase el tránsito del Transiberiano, poniendo en jaque la presencia del estado en la mayor parte de su inhóspito territorio e impidiendo la extracción de innumerables recursos.

Las locomotoras diésel también son relativamente eficaces, pero vulnerables a disrupciones al comercio de combustible también podría causar una crisis energética, como la crisis petrolera de 1976 o 1979. Las locomotoras de vapor, si requieren más en términos de mano de obra, operan con carbón o incluso madera, recursos mucho más accesibles. Las locomotoras modernas también podrían ser, en teoría, sensibles a un pulso electromagnético, si bien en la práctica no bastaría para causar un daño significativo a los mecanismos de locomotoras fuera del radio inmediato de una explosión atómica.

Viabilidad

Sello de 1979 con una locomotora Su (Д)

El proyecto era relativamente barato y fácil de aplicar, puesto que las locomotoras de vapor eran sustituidas por nuevos modelos eléctricos. Su aplicación requiriendo solamente el encontrar lugares discretos para almacenarlas que en la práctica podían parecer cobertizos o naves industriales abandonadas.[1]

La utilidad de la reserva es debatible y contingente en la ocurrencia de una disrupción a gran escala de la red eléctrica que nunca ocurrió. Si hubiese habido una catástrofe a gran escala, las locomotoras hubiesen podido servir como medida de tolerancia frente a fallos frente a la misión de reconectar los vastos e inhóspitos territorios rusos o escandinavos, por otro lado, abundantes en carbón y madera.

En principio los trenes eran mantenidos adecuadamente e inclusos puestos a prueba, pero es difícil conocer el auténtico el estado de las máquinas y en especial la garantía de operación de las calderas solía ser de solo diez años. Si bien obtención de suficiente agua y carbón para operarlas podría ser problemática, también había reservas de combustible pensadas para estas máquinas y se concluyó que estos problemas serían más rápidos y fáciles de superar de lo que sería el restablecer la red eléctrica. El hecho de que en todos los casos hubiese que disponer de los trenes llevó a implementar el plan «por si acaso».

Historia

Véase también

Referencias

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