Respeto. No al racismo
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«Respeto. No al racismo» es una campaña antirracista, antidiscriminación y de fomento de la tolerancia en los eventos deportivos de Costa Rica, particularmente en los partidos de fútbol de la Primera División, con el propósito de fomentar la integración de valores en los entornos deportivos, destacando principalmente el respeto.[1]
Fue inicialmente promovida en 2014 por la oficina en la Asamblea Legislativa de la entonces diputada Epsy Campbell Bar, junto con la Asociación para el Desarrollo de las Mujeres Negras Costarricenses (Centro de Mujeres Afro), contando también con la participación activa de la Unión de Clubes de Fútbol de la Primera División Costa Rica (UNAFUT).
Racismo en el fútbol profesional
El racismo en el fútbol profesional es el abuso verbal o gestual de jugadores, oficiales y aficionados debido al color de piel, nacionalidad u origen étnico de alguna persona asociada a dicho deporte. Algunos también pueden ser atacados debido a su afición con un equipo contrario. Sin embargo, ha habido casos de personas que han sido atacadas por sus propios fanáticos.[2][3][4]
El racismo en el fútbol ha sido más estudiado en la Unión Europea y Rusia, aunque se han informado incidentes racistas en otras partes del mundo. En respuesta a estos hechos en los partidos de fútbol, en mayo de 2013, la FIFA, el organismo rector internacional del fútbol profesional, anunció nuevas medidas para hacer frente al racismo en este deporte.[5]
Este tema ha sido ampliamente cubierto por los medios de comunicación y los estudios académicos.[6]En Costa Rica

El racismo en Costa Rica es un fenómeno social de discriminación racial o étnica por parte de un segmento poblacional hacia grupos étnicos minoritarios o inmigrantes. Sus orígenes se remontan, al igual que en otros países de América Latina, a la época colonial, donde existieron diversos procesos de exterminio, esclavitud o mestizaje con los pobladores nativos. Étnicamente la nación se compone —según los datos del censo del 2011 realizado por el Instituto Nacional de Estadística y Censos— por una amplia mayoría blanca/mestiza (83.63% de la población), por lo que muchos costarricenses sienten en el imaginario popular que su país es un «enclave europeo» en una Centroamérica indígena, mestiza; y comparten el sentimiento aislacionista que ha sido tradicional en la política exterior de sus gobiernos.[7]
La mayoría de las generaciones de costarricenses nacidos después de los años setenta son conscientes de las tres raíces básicas de los costarricenses: indígena, europea y africana, por lo cual los casos de racismo son mucho más aislados en esos sectores de la población.La Asamblea Legislativa de Costa Rica promulgó en el año 2020 con la firma del presidente Carlos Alvarado Quesada la Ley 9878 Contra la Violencia y el Racismo en el Deporte que había sido presentada en 2016 por el diputado Fabricio Alvarado Muñoz con el apoyo de once congresistas más.[8][9]
Dicha ley estableció un sistema integral de educación, prevención y sanción para abordar incidentes de violencia, racismo o cualquier forma de discriminación en eventos deportivos oficiales y de competición sin distinción de categorías, y ordenó llevar un registro sistematizado de tales incidentes mediante la ampliación de la Comisión Nacional de Seguridad y el Sistema de Información para la Seguridad en Eventos Deportivos (SISED), sirviendo este último como herramienta de consulta, control, prevención y reacción contra actos de violencia, racismo o discriminación en el ámbito deportivo. La legislación es aplicable a mayores de edad, tres horas antes, durante y tres horas después de un evento deportivo y establece sanciones que incluyen la inhabilitación definitiva para ocupar cargos en entidades deportivas, la pérdida de la condición de socio, sanciones económicas y campañas educativas.[8]
