Revolución de 1830

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La revoluciones de 1830 fue un proceso revolucionario que comenzó en París, Francia, con la Revolución de Julio, jornadas revolucionarias de París que llevaron al trono a Luis Felipe I y abrieron el periodo conocido como Monarquía de Julio. Se extendió por buena parte del continente europeo, especialmente en Bélgica, que obtuvo la independencia frente a Países Bajos; Alemania e Italia, donde se identificó con los movimientos de tipo nacionalista unificador; Polonia y Austria, donde se identificó con movimientos de tipo nacionalista disgregador.

También conocido como Revolución de Julio, Tres Gloriosas
Fecha 26-29 de julio de 1830
Sitio Francia, Bélgica
Impulsores Sectores de la sociedad civil y liberal
Datos rápidos Contexto del acontecimiento, También conocido como ...
Revolución de 1830
Parte de Revoluciones atlánticas

La Libertad guiando al pueblo, de Eugène Delacroix, conmemora la Revolución de 1830.
Contexto del acontecimiento
También conocido como Revolución de Julio, Tres Gloriosas
Fecha 26-29 de julio de 1830
Sitio Francia, Bélgica
Impulsores Sectores de la sociedad civil y liberal
Motivos Restauración del absolutismo, desempleo, influencias nacionalistas, petición de libertades y derechos democráticos.
Influencias ideológicas de los impulsores Difusas: cambio de régimen, liberalismo, nacionalismo, independentismo, derechos humanos, garantías y libertades.
Gobierno previo
Gobernante Reinos absolutistas
Bandera de Francia Monarquía borbónica francesa
Bandera de España Monarquía borbónica española
Bandera de los Países Bajos Reino Unido de los Países Bajos
Forma de gobierno Absolutismo
Gobierno resultante
Gobernante Reinos liberales
Bandera de Francia Monarquía de Julio
Reino de Bélgica
Forma de gobierno Monarquías de carácter constitucional
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Las potencias absolutistas de la Santa Alianza consiguieron reconducir el proceso revolucionario sin caer, hasta las siguientes revoluciones de 1848. El Reino Unido no participa en el proceso revolucionario (es una monarquía parlamentaria), aunque paralelamente contempla el surgimiento del movimiento obrero y el movimiento político de reivindicación de la extensión del sufragio denominado cartismo.

Se considera como una de las llamadas revoluciones burguesas o revoluciones liberales, de la que supone un ciclo revolucionario, continuación de la revoluciones de 1820 (originada en España), y que será a su vez seguida por la citada revoluciones de 1848 (también iniciada en Francia).

Revoluciones románticas

Las revoluciones nacionalistas románticas de 1830, ambas ocurridas en Europa Occidental, propiciaron el establecimiento de monarquías constitucionales similares, denominadas monarquías populares. Luis Felipe I se convirtió en "rey de los franceses" el 31 de julio de 1830, y Leopoldo I en "rey de los belgas" el 21 de julio de 1831.

En Francia

Representación de los combates en París durante la Revolución francesa de 1830.

En Francia, la Revolución de Julio provocó el derrocamiento del rey Borbón Carlos X, cuya familia había sido restaurada en el trono tras la caída del Primer Imperio francés de Napoleón Bonaparte. En su lugar, su primo Luis Felipe, duque de Orleans, fue coronado como el primer «rey de los franceses». Este acontecimiento marcó el paso de una monarquía constitucional, la Restauración borbónica, a otra, la Monarquía de Julio; la transferencia de poder de la casa de Borbón a su rama cadete, la casa de Orleans; y la sustitución del principio del derecho hereditario por la soberanía popular. Los partidarios de los borbones serían llamados legitimistas, y los de Luis Felipe, orleanistas.[1]

En Bélgica

Episodios de los días de septiembre de 1830, de Gustave Wappers (1834), es la representación más célebre de la Revolución belga.

La Revolución belga estalló el 25 de agosto de 1830. La influencia a corto plazo fue el estallido de la Revolución de Julio en Francia un mes antes: Bélgica se había anexado al Reino de los Países Bajos en 1815, y había surgido un movimiento patriota belga que abogaba por una constitución escrita que limitara los poderes de la monarquía absoluta neerlandesa y consagrara los derechos civiles fundamentales; la Revolución de Julio les pareció una lucha equivalente a la suya. En este contexto, la puesta en escena de una ópera nacionalista (La muette de Portici) en Bruselas provocó una pequeña insurrección entre la burguesía de la capital, que cantó canciones patrióticas y tomó algunos edificios públicos de la ciudad. Este grupo revolucionario inicial se vio reforzado por un gran número de trabajadores urbanos. Al día siguiente, los revolucionarios comenzaron a izar su propia bandera, claramente influenciada por la de la Revolución brabanzona de 1789.[2] Para mantener el orden, se formaron varios grupos de milicias burguesas. La situación en Bruselas provocó disturbios generalizados en todo el país. El rey Guillermo I rechazó el consejo de su hijo de negociar con los rebeldes, obligándolos a adoptar una postura más radical y independentista, y envió una gran fuerza militar a Bruselas para sofocar la insurrección.[2]

Rebeldes belgas en las barricadas durante los combates callejeros en Bruselas en septiembre de 1830.

Entre el 23 y el 28 de septiembre de 1830, se produjeron intensos combates entre las fuerzas neerlandesas y los revolucionarios de Bruselas, que recibieron refuerzos de pequeños contingentes procedentes de todo el país. Finalmente, los neerlandeses se vieron obligados a retirarse.[2] Tras el fallido ataque y las consiguientes deserciones masivas de soldados belgas del ejército neerlandés, la revolución se extendió por toda Bélgica. Las guarniciones neerlandesas fueron expulsadas de la zona, hasta que solo Amberes y Luxemburgo quedaron ocupadas.[2] El Gobierno provisional de Bélgica, encabezado por Charles Rogier, se formó el 24 de septiembre y la independencia belga fue proclamada oficialmente el 4 de octubre, al tiempo que se iniciaba la elaboración de una constitución. En diciembre, los gobiernos internacionales, reunidos en la Conferencia de Londres, reconocieron la independencia de Bélgica y garantizaron su neutralidad.[2] Sin embargo, los neerlandeses solo reconocieron la independencia de Bélgica y los términos del Tratado de Londres. La Constitución, finalmente adoptada en 1831, protegía las libertades individuales y se consideró un modelo para futuros constitucionalistas liberales de todo el mundo. También creó una monarquía popular («rey de los belgas», en lugar de «rey de Bélgica») para evitar el temor al gobierno de la turba asociado al republicanismo tras la Revolución francesa de 1789. El primer rey de los belgas, Leopoldo I, fue coronado en julio de 1831.

Otras revoluciones y levantamientos

En Italia

Hacia 1830, el sentimiento revolucionario a favor de una Italia unificada comenzó a resurgir, y una serie de insurrecciones sentaron las bases para la creación de una sola nación en la península italiana.

El duque de Módena, Francisco IV, era un hombre ambicioso que aspiraba a convertirse en rey del norte de Italia expandiendo su territorio. En 1826, Francisco dejó claro que no actuaría contra quienes subvirtieran la oposición a la unificación de Italia. Animados por esta declaración, los revolucionarios de la región comenzaron a organizarse.

Ciro Menotti

El nuevo rey francés, Luis Felipe, había prometido a revolucionarios como Ciro Menotti que intervendría si Austria intentaba inmiscuirse en Italia con tropas. Sin embargo, temiendo perder el trono, Luis Felipe no intervino en el levantamiento planeado por Menotti. El duque de Módena abandonó a sus partidarios carbonarios, arrestó a Menotti y a otros conspiradores en 1831 y, con la ayuda de las tropas austriacas, volvió a conquistar su ducado. Menotti fue ahorcado y la idea de una revolución centrada en Módena se desvaneció.[3]

Al mismo tiempo, surgieron otras insurrecciones en las legaciones papales de Bolonia, Ferrara, Ravena, Forlì, Ancona y Perugia. Estas revoluciones, que adoptaron la bandera tricolor en lugar de la bandera papal, se extendieron rápidamente a todas las legaciones papales, y sus nuevos gobiernos locales proclamaron la creación de una nación italiana unida. Las revueltas en Módena y las legaciones papales inspiraron una actividad similar en el ducado de Parma, donde se adoptó la bandera tricolor. La duquesa de Parma, María Luisa, abandonó la ciudad durante la agitación política.[4]

Las provincias rebeldes planeaban unirse para formar las Provincias Unidas Italianas, lo que llevó al papa Gregorio XVI a solicitar ayuda a Austria y Francia contra los rebeldes. El príncipe Klemens von Metternich advirtió a Luis Felipe que Austria no tenía intención de dejar los asuntos italianos en suspenso y que la intervención francesa no sería tolerada. Luis Felipe envió una expedición naval para ocupar Ancona (hasta 1838) y arrestó a patriotas italianos residentes en Francia.

Referencias

Bibliografía

Enlaces externos

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