Más tarde pude ver los cadáveres de Bolognesi, Moore y Ugarte. Todos decían que después de haberse rendido vulgarmente, la tropa los había ultimado a culatazos, porque, con felonía, estando rendida la plaza, le dieron fuego a los cañones, reventándolos.
Ricardo Silva Arriagada[2]
Según su relato, su intervención personal salvó de la matanza indiscriminada que siguió a la batalla a varios oficiales peruanos prisioneros, entre ellos el teniente coronel Roque Sáenz Peña, futuro presidente de Argentina.[3]
La vida en aquel momento era un capricho del destino; Ud nos la acordó conteniendo la matanza en favor del comandante La Torre y del que firma, y puede usted tener la seguridad de que los dos recordamos su acción y su nombre. Cuando estuve prisionero en Chile, tuve ocasión de declarar que fue ud. el primer oficial chileno que piso el Morro de Arica y contuvo el exterminio de heridos y prisioneros.