Rodrigo de Luna

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Rodrigo de Luna (1425 - Santiago de Compostela, 1 de julio de 1460) fue un aristócrata, clérigo y político de la Corona de Castilla, que llegó a ser arzobispo de Santiago.[1]

Era hijo de Juan de Luna (prior de la Orden de San Juan y comendador de Bamba) y Juana de Albornoz. Por parte de padre estaba emparentado con el condestable Álvaro de Luna (valido del rey Juan II), lo que impulsó su carrera eclesiástica y su posición en la corte. En agosto de 1448, cuando se le nombra tesorero de la catedral de León, ya había obtenido, entre otros beneficios eclesiásticos, los de arcediano de Campos y abad de Jerez; además de la capellanía mayor del rey y los cargos de oidor y consejero real.[1]

Ese mismo año, al producirse la vacante del arzobispado de Sevilla (abril de 1448), el rey le propone para ocuparla, con gran oposición del cabildo, que impone a su propio candidato. El 24 de marzo de 1449, con acuerdo del cabildo de la catedral de Santiago, obtiene la nominación para esa sede, que el papa acepta en abril de ese año. Su posición en la diócesis se vio comprometida por las banderías nobiliarias de Galicia, de modo que para fortalecerla llegó a un pacto con el conde de Lemos Pedro Álvarez Osorio (firmado en 1450 en el castillo de Rochablanca -o Rocha Branca- de Padrón que sería una de las residencias principales del arzobispo desde entonces).[a][1]

Estado actual de las ruinas del castillo de la Rocha Forte. Fue cercado por la hermandad de Santiago en 1458, resistiendo dentro de él Álvaro Sanchez de Ávila, regidor de Santiago y alcaide esa fortaleza ("alcayde da Rocha Forte de Santiago et rejedor que sodes da çibdade de Santiago"), partidario del obispo. Años más tarde fue destruido durante la Gran Guerra Irmandiña (1467).[4] El mismo nombre que este alcaide tenía el "bachiller y secretario del arzobispo don Rodrigo de Luna", y el mismo apellido un chantre y un canónigo de la catedral, de los que se presume una procedencia en el entorno de Salamanca o Ávila. Tanto él como un hermano suyo llamado Pedro Sánchez (del que se registra que robó un caballo a García, escudero del conde de Trastámara) probablemente vinieron con la "amplia compañía" que llegó con el obispo Luna "integrada por sus familiares más allegados, hermanos, primos, así como una serie de cargos administrativos, como un secretario, su alguacil mayor o el aposentador, entre muchos otros." Su relación con el obispo era muy estrecha, pues al concederle un foro se indicó "ouveos con roos et favores do sennor arçobispo don Rodrigo de Luna, con quen el vivia". No obstante, no se registra su condición de alcaide y regidor hasta 1455. El primer alcaide que nombró Rodrigo de Luna fue un noble local: el arcediano de Reina Juan Mariño de Lobeira, hermano de Suero Gómez de Soutomaior.[5]

Últimos años

La caída en desgracia de Álvaro de Luna (1453) le alejó de la corte, debiendo a partir de entonces limitar sus ambiciones a controlar su propia sede, interviniendo en las luchas entre las facciones nobiliarias gallegas: a favor de la del de Lemos y en contra de las del conde de Trastámara (también llamado Pedro Álvarez Osorio -no confundir con el conde de Lemos-), y del pertiguero mayor de Santiago (Rodrigo de Moscoso -dirigida a su muerte por su viuda Juana de Castro y Guzmán y por su hijo Bernal Yáñez de Sotomayor o de Moscoso o Vernaldo Eans de Moscoso-[b][c][d]).[1]

Impulsó obras arquitectónicas en Padrón y en el castillo de Rocha Blanca; así como una torre de los palacios arzobispales.[9]

Cuando en 1458 el rey Enrique IV convocó a todos los señores de su reino en Écija para hacer la guerra a Granada, acudieron las mesnadas del arzobispo pero no las de sus facciones enemigas que, tras "quebrantar y quemar las puertas" de la ciudad de Santiago, de la que se apoderaron (antes del 27 de abril),[10] se constituyeron en "hermandad" y firmaron el Pacto o Manifiesto de Antealtares (monasterio de San Pelayo de Antealtares, 7 de junio de 1458),[e] dirigidos por el conde de Trastámara y apoyados por los concejos de Noya, Muros y Santiago (que acusaban a Rodrigo de Luna de abusos señoriales). Cuando el arzobispo y sus tropas emprendieron el regreso a finales del mismo año, su sede estaba ocupada por sus enemigos (ejerciendo sus funciones arzobispales como "coadjutor para la gobernación" Luis Osorio de Acuña, hijo bastardo del conde de Trastámara), mientras que sus partidarios tuvieron que refugiarse en Padrón e Iria.[1]

Rodrigo de Luna intentó establecerse en Pontevedra;[1] que también se unió a la hermandad de Santiago, así que tuvo que residir en Salamanca y no pudo regresar a Galicia hasta noviembre de 1459, cuando pudo instalarse en el castillo de Rochablanca de Padrón.[10] A pesar de las reiteradas órdenes y condenas enviadas por el rey y el papa, los rebeldes no deponían su actitud; de modo que el obispo procuró debilitar la unidad de sus enemigos, atrayéndose mediante "paces", "acuerdos" y "treguas"[f] a algunos a su bando, que llegó a sumar a los de Lemos,[g] Ulloa, Andrade, Moscoso,[6][h] Sotomayor,[i] Mariñas[j] y el conde de Benavente.[1]

Cuando consideró que el conde de Trastámara había quedado suficientemente aislado, se decidió a recuperar Santiago militarmente, saliendo de Rochablanca (30 de junio de 1460). Cuando ya estaba a las puertas de la ciudad asediada, murió repentinamente.[1] Se sospechó que la muerte pudo ser por envenenamiento; como también parece que fue la de su principal enemigo, el conde de Trastámara (que murió un año después, el 11 de junio de 1461).[13]

Episodio polémico

Como parte de la campaña difamatoria en su contra para justificar la rebelión de la hermandad de Santiago (incluyendo una diferente causa para que el rey llamara al obispo), se le acusaba de haber violado a una novia el día de su boda; lo que posiblemente sea una de las pocas referencias al mítico derecho de pernada.[14]

... fue llamado por el rey... a causa de algunas ynformaciones que le fueron fechas sobre su desonesto vivir... ente otras cosas asaz feas que este arzobispo avia cometido, acaeció que estando una novia en el tálamo para celebrar las bodas con su marido, él la mando tomar [y] la tuvo consigo toda la noche...
Diego de Valera, Crónica de España.
... en este tiempo cerca del año MCCCCLVIII [1458]... Este arzobispo era hombre muy vicioso, y hacía cosa muy feas y deshonestas, y entre otras hizo una harto escandalosa, que estando una donzella noble y muy hermosa el día de su boda en el tálamo, antes de la noche, el señor arzobispo parecióle que era bien celebrar él las bodas antes que el marido y vino allí a la casa con gente armada, y públicamente llevó a la novia a su casa, donde la tuvo algunas noches sin quererla tornar a su marido: los padres se fueron a querellar al rey Don Enrique; el cual le mandó venir a su Corte, y estando él allí mientras el negocio se deliberaba, el conde de Trastámara Pero Álvarez Osorio y otros cavalleros le tomaron sus villas y fortalezas, las cuales mientras vivió nunca pudo tornar a cobrar, y assí murió pobre y desheredado segúnd lo merecían sus desonestas costumbres.
Alonso Fernandez de Madrid, Silva Palentina.
... de las mismas bodas y fiestas arrebató una moza que se velaba para usar ella mal: grande maldad y causa de alborotarse los naturales, debajo la conducta de D. Luis Osorio, hijo del Conde de Trastamara. En enmienda de caso tan atroz, despojaron á aquel hombre facineroso y malvado de su silla y de todos sus bienes. Su fin fué conforme á su vida y á sus pasos. Lo que le quedó de la vida pasó en pobreza y torpezas, aborrecido de todos por sus vicios, y infame por aquel exceso tan feo.
Juan de Mariana, Historia de España, 1592.

Monumento funerario

En la colegiata de Iria Flavia se le construyó un monumento funerario encargado por "el cardenal compostelano, Pedro de Soto, que había sido su familiar".[15]

Recreación histórica

En Corcubión se celebra una recreación histórica del desembarco de las tropas de Rodrigo de Luna,[16] que en julio de 1457 "entraron en el lugar de Corcubión e lo pusieron a sacamano e robaron quanto fallaron, asy dineros como oro e plata e ropa de cama e axuares de casa asy lo que fallaron en la posada de dona Juana como e todas otras casas... vytuperosamente enjuriaron a la dicha dona Juana... desiendole e llamandole cosas feas e desonestas palabras". Se refiere el texto a Juana de Castro (la viuda de Rodrigo de Moscoso, señor de Altamira, cuyo pazo se encuentra en esa localidad).[17]

Notas

Referencias

Enlaces externos

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