Romance en México

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El romance es un tipo de composición épico-lírica que proviene de la tradición española de la Edad Media y que llegó a América a través de los colonizadores. Son concebidos como poemas orales, lo cual le da facilidad para adaptarse a distintos contextos, pues las personas al recitarlo desde su memoria suelen modificarlo o mezclarlo. Aurelio González Ovies habla de transmisores activos y pasivos, los primeros son aquellos que meten su individualidad en el texto, generando así cambios y variantes en el poema, mientras que los pasivos son aquellos que transmiten el texto sin modificarlo.[1]

Gracias a los transmisores activos, el romance en México tuvo muchísima popularidad, llegando así a cantarse en géneros musicales que se conocen hoy en toda América, como el corrido mexicano. Esta transculturación se hizo apropiándose de los motivos, y adaptándolos al contexto en el que se vivía. Es así como un romance español, por ejemplo el de "La esposa infiel" o "Blanca niña", se transforma en un romance mexicano que posteriormente se convertiría en un corrido mexicano, llamado en este caso "La Martina".

El primer registro que se tiene del romance en México data de las crónicas del descubrimiento de América. Se remonta así al diálogo entre Alonso Hernández Portocarrero y Hernán Cortés, en 1519, en las cosas de México, en lo que hoy es Veracruz. Dicho diálogo se realiza en verso romance, lo cual significa mucho, pues enseña que en el siglo XVI el romance estaba realmente arraigado a la forma de expresarse, y por ende a la cultura, haciendo que muchas actividades no extraordinarias fuesen acompañadas de romanceros.[1] Este primer romance dice así:

-Cata Francia, Montesinos,
cata París, la ciudad,
cata las aguas de Duero,
do van a dar en la mar.
-denos Dios ventura en armas
como al paladín Roldán.[2]

El romance se enriquece con términos y motivos nuevos, incluso la forma se ve modificada y adaptada. Esta actualización de los romances hace parte de la identidad del género, pues desde sus comienzos ya había sucedido una apropiación similar en las diferentes regiones de España,[3] lo que provoca que de un mismo romance se tengan varias versiones ibéricas y distintas versiones latinoamericanas. A lo largo de todo el siglo XVI llegaron los colonizadores al Virreinato de Nueva España, lo que hoy conocemos como México; con ellos trajeron a sus familias, a sus pertenencias y a sus saberes. Llegaron así a contar sus romances de forma oral, al mismo tiempo que circulaban algunos pliegos sueltos. Lo anterior ayudó a una rápida e importante propagación y apropiación del género en la cultura americana, pues no sucedió únicamente en México.

Pronto se empezaron a imprimir y comercializar pliegos sueltos propios de la región mexicana. Esto dio paso a la creación de casas editoriales como la de Eduardo Guerrero y Vanegas Arroyo, quienes además de realizar antologías de poemas que circulaban de forma oral, decidieron completar y clasificar estas composiciones, actividad similar a la que realizó Martín Nucio con su Cancionero de Romances.[4]

Una vez llegada la independencia de México en 1808, el romance se transforma en un nuevo género más vital denominado corrido, el cual desplaza al romance que poco a poco había dejado de circular con la misma fuerza que antes. Esta nueva forma musical utilizó la métrica y los motivos del romance en sus inicios, a medida que se fusionaba con el ritmo, la musicalidad y los temas que se trataban en la región mexicana. De esta época se conservan pliegos sueltos acompañados de imágenes y colores, pero ya no de romances, sino de corridos.

Varios siglos después, en 1921, Pedro Henríquez Ureña realizó una recopilación de 16 romances en distintas versiones mexicanas. Esto lo hizo preguntándole a distintas personas de todas las regiones de México la versión que conocían de las historias populares mexicanas. Muchos se mezclan entre sí y crean versiones nuevas de un romance anterior.[4]

Desde entonces se prestó en la academia mucha más atención al romance propiamente mexicano, proliferando los estudios sobre el género, la forma y la transformación y relación entre el romance y el corrido mexicano. Muestra de ello es la antología de romances más completa hecha en México, realizada por Aurelio González Ovies y Mercedes Díaz Roig en 1986 y editado por la Facultad de filosofía y letras de la Universidad Nacional Autónoma de México, llamada Romancero tradicional de México[5]

El romance mexicano se puede seguir hasta nuestros días a través de las formas del corrido ampliamente conocidas en América Latina, aunque el romance español se transformó de forma distinta en cada país.

Clasificación del romance en México

Romance y corrido mexicano

Referencias

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