Rosario de la Peña y Llerena
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Ciudad de México (México)
| Rosario de la Peña y Llerena | ||
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| Información personal | ||
| Nacimiento |
24 de abril de 1847 Ciudad de México (México) | |
| Fallecimiento | 24 de agosto de 1924 (77 años) | |
| Nacionalidad | Mexicana | |
| Información profesional | ||
| Ocupación | Activista cultural y salonnière | |
Rosario de la Peña y Llerena (Ciudad de México 24 de abril de 1847-24 de agosto de 1924) gestora cultural, traductora, escritora y articulista mexicana.
Rosario de la Peña nació en una casa de la calle Santa Isabel, en la ciudad de México, un 24 de abril de 1847. Sus padres, el pudiente hacendado don Juan de La Peña, y doña Margarita Llerena, emparentados por diversas vías con personalidades de la literatura y la política de la época (tales como el escritor español Pedro Gómez de la Serna y el Mariscal Bazaine), educaron a Rosario y a sus hermanos en las ciencias y las artes.[1]
Nacida en el seno de una familia intelectual, Rosario continuó el camino de las letras recibiendo en su hogar a grandes personajes de la literatura y de la vida política y cultural de México y el mundo durante la segunda mitad del siglo XIX e inicios del siglo XX. Aunque su papel como promotora literaria opacó su obra personal, Rosario también escribió e incluso publicó algunos poemas y ensayos en periódicos y revistas de la época, además de traducir numerosos textos que contribuyeron a la circulación de ideas entre el viejo mundo (Europa) y el nuevo mundo (América latina).
Tertulias literarias
El padre de Rosario, Don Juan de la Peña fue quien comenzó a acoger en su hogar a los intelectuales más destacados. Sin embargo, poco a poco la presencia de su hija Rosario le trascendió debido a sus dotes como anfitriona, a su inteligencia y a su gracia, ampliamente halagada por poetas y políticos.
Escritores iban a leer complacidos a esa casa sus trabajos; la presentación finalizaba entre aplausos y las observaciones de los autorizados oyentes. Pensemos en todas las figuras importantes de los últimos treinta años del siglo XIX, y difícilmente encontraremos alguna que no haya acudido a esas auténticas tertulias. También los extranjeros tuvieron cabida, como ocurrió con José Martí,[2] no sólo en el intercambio literario, sino en el encanto que al parecer provocaba conocer al personaje en que Rosario de la Peña ya se había convertido.[3]