Salterio Chludov
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El Salterio Chludov o Salterio de Jludov —en ruso: Хлу́довская псалты́рь— es un manuscrito iluminado bizantino. Sus ilustraciones son muy importantes, ya que probablemente fueron realizadas durante la iconoclasia bizantina, cuando estaba prohibido representar imágenes sagradas.

Contexto histórico
Entre 730 y 787 tuvo lugar la primera fase de la iconoclasia bizantina, probablemente debida a los reveses militares en la lucha contra los musulmanes —opuestos al uso de imágenes religiosas— y a la erupción volcánica de la isla de Tera, vista como un castigo divino debido a la supuesta idolatría. Entre 814 y 842 hubo otra etapa iconoclasta, tal vez suscitada per nuevos problemas bélicos y sociales, atribuidos a la veneración de imágenes.[2] Este manuscrito es un testimonio excepcional de aquella época, ya que solo se conservan otros dos ejemplares parecidos, pero éste los supera en el número de miniaturas y en su calidad.[3]
Descripción
- Localización: Museo Estatal de Historia (Moscú); Hist. Mus. MS. D.129; En 2025, la UNESCO incluyó este salterio en el Programa Memoria del Mundo;[4]
- Contiene 169 folios, decorados con 208 miniaturas y un frontispicio;
- Los folios miden 195 mm por 150 mm;[5]
- El texto y los títulos están escritos en griego, en letra uncial, pero buena parte se reescribió en minúscula tres siglos después.[6]
Generalmente se cree que este salterio fue realizado a mediados del siglo IX en Constantinopla, durante la etapa iconoclasta, por lo que las ilustraciones se realizaron clandestinamente. Nikodim Kondakov propuso como hipótesis que se confeccionase en el monasterio de Studion, opuesto a la iconoclasia.[7] Otros eruditos señalan que las antífonas que contiene sólo se usaban en la liturgia de Santa Sofía, por lo que más bien fue un producto de los talleres imperiales de Constantinopla, poco tiempo después de la restauración iconódula de 843.[8]
Su contenido literario son los salmos —en la versión de la Biblia Septuaginta— y las antífonas que debían cantarse durante su recitación. Su principal atractivo son sus ilustraciones —dispuestas libremente en las páginas— algunas de las cuales están conectadas a los textos por pequeñas flechas. Estas miniaturas ilustran diversos temas y esquemas iconográficos, con una gran diversidad de historias y de personajes: ciudadanos, monjes, clérigos, soldados y emperadores. Entre ellos, destacan los iconoclastas, representados de forma negativa y caricaturesca. Puede deducirse —por el estado de varias páginas— su uso continuado a lo largo de los años.[9]
Procedencia
- Estuvo en el Monte Athos hasta 1847, cuando un erudito ruso lo llevó consigo a Moscú;
- Allí fue adquirido por Alekséi Chlúdov;
- De Chlúdov pasó al Monasterio Nikolski de los viejos creyentes;
- De allí pasó al Museo Estatal de Historia (Moscú).[10]