Salud materno infantil
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La salud materno infantil (grafía preferida a salud maternoinfantil y a salud materno-infantil) se refiere al cuidado de la salud de la mujer que va a ser madre, de la que lo ha sido recientemente, y de su descendencia hasta una edad temprana que, por ejemplo, la Junta de Castilla y León fija en 3 años.[1] Es una combinación de la salud materna con la salud del bebé.
Tiene gran importancia. Primero, para lograr un embarazo (para evitar un embarazo, ver Métodos anticonceptivos). Muchas mujeres lo pueden conseguir con facilidad, pero otras, que desearían quedarse embarazadas, no lo logran y, siempre bajo supervisión médica, tras hallar la causa de la infertilidad (puede estar en la mujer, en el varón, o incluso ser mixta)[2] deben someterse, si la causa está en ellas, a diversos tratamientos de fertilidad como estimulación de la ovulación. En segundo lugar, durante el embarazo. Aunque no es un estado patológico,[3] pueden darse circunstancias que afecten gravemente a la salud tanto de la embarazada como del feto, produciéndose incluso abortos espontáneos. Con una adecuada supervisión médica y seguimiento por la embarazada de las pautas recomendadas se pueden evitar la mayoría de estas circunstancias.
En mujeres sanas en edad fértil el embarazo no está contraindicado. Cuando existen patologías previas como asma, hipertensión o diabetes, el embarazo debe ponerse bajo especial vigilancia médica.[4] Hay enfermedades, como el cáncer y otras que, si se dan en mujeres en edad fértil, desaconsejan absolutamente el embarazo.[5]
En tercer lugar, durante el parto, un trance de grave peligro para madre e hijo que debe llevarse a cabo en hospitales con personal y equipamiento especializado.[6] Incluso así muchas mujeres fallecen al dar a luz (mortalidad materna). El objetivo de la ONU es bajar de las 70 fallecidas por cada 100 000 nacidos vivos. En Sudán del Sur se registró en 2020 la peor cifra: 1 223 muertes por cada 100 000 nacidos vivos.[7] Es decir, con circunstancias inadecuadas, uno de cada 82 partos acaba en tragedia.
En cuarto lugar, después del parto. La mujer puede sufrir una serie de afecciones, como la depresión posparto. Por otra parte, aunque en la mayoría de los casos la lactancia materna es fácil, en otros surgen problemas como grietas en los pezones o inflamación de los pechos (mastitis) que, con procedimientos adecuados, se pueden prevenir o, si aparecen, tratar con éxito. Además, el sistema inmunitario de los bebés es inmaduro[8] (se va desarrollando según crecen), por lo que son mucho más propensos a infecciones que los adultos. Y estas infecciones se deben tratar con medicamentos y dosis específicos para su edad. Asimismo el bebé necesita seguir un calendario de vacunación[1] y una serie de controles.
Una adecuada salud materno infantil puede prevenir miles de muertes de mujeres y niños, y mejorar grandemente su salud y bienestar.[9]
El término en inglés es maternal and child health. Se usa también maternal health para referirse únicamente a la salud de la mujer,[10] sin incluir la de su descendencia. En francés se emplean santé maternelle et infantile y santé de la mère et de l'enfant.
Se ocupan de la salud materno infantil varias especialidades médicas, según las etapas y circunstancias: Ginecología, Pediatría y Medicina general.
Pueden aparecer hemorroides, varices, mareos, náuseas, calambres, ansiedad, preocupaciones por el futuro y otros trastornos.[1] Es normal y deseable un aumento de peso gradual. Al final de la gestación es habitual que la mujer pese entre 9 y 14 kilos más.[1] Este aumento de peso debe conseguirse con una alimentación variada y equilibrada. El equipo médico determinará si es conveniente algún suplemento, vitamínico o de otro tipo.[1] Para evitar riesgos de listeriosis o toxoplasmosis, la embarazada ha de evitar el consumo de embutidos cuya carne no ha sido cocida.[11] Las náuseas, vómitos, estreñimiento o aumento excesivo de peso se pueden controlar dejando de tomar determinados alimentos y prefiriendo otros.[1]
El consumo de alcohol, tabaco y drogas está absolutamente desaconsejado. Incluso, durante los 3 primeros meses del embarazo, la gestante no debe tomar ningún medicamento que no le haya prescrito un médico que conozca su estado.[1]
Es recomendable que la embarazada realice ejercicio físico, evitando movimientos bruscos, saltos o impactos. Esto no solo mejora su salud y su ánimo, sino que evita complicaciones en la gestación.[12]
Entre el 5 y el 25 % de los embarazos aparece la diabetes gestacional.[13] Si se tienen factores de riesgo, como familiares diabéticos, sobrepeso, tabaquismo y otros, debe controlarse periódicamente el nivel de glucosa en sangre. Si es demasiado elevado, en la mayor parte de los casos puede tratarse con dieta y ejercicio pautados y controlados por el médico.[14]
Cuando se va acercando el momento del parto, son aconsejables los ejercicios de preparación, ya que reducen el dolor, el tiempo de alumbramiento y el período de recuperación posterior.[15]
En el 1 % de las gestaciones puede aparecer en el último trimestre la colestasis del embarazo, una intensa comezón (picor), especialmente en las manos y los pies, que se debe tratar enseguida, pues resulta muy dañina para el feto.[16]
Después del parto
El período de 6 a 8 semanas posterior al parto se conoce como puerperio. El cuerpo de la mujer retorna gradualmente al estado previo a la gestación y se inicia la lactancia materna. Están contraindicados el alcohol, el café y otras bebidas excitantes, como el té o refrescos que contengan cafeína (bebidas energéticas).[17]
Debido a los múltiples cambios en el nivel de las diferentes hormonas y a la atención que exige el bebé, es posible que la mujer se encuentre más cansada y estresada. Para evitar la depresión posparto resultan fundamentales el descanso, el apoyo de la pareja y la familia, la alimentación equilibrada y el ejercicio físico adecuado.[18]
Aunque se sabe que la lactancia materna es enormemente beneficiosa para el bebé, son menos conocidos los beneficios para la madre: a corto plazo disminuye el riesgo de hemorragia y anemia posparto; a largo plazo reduce la incidencia de osteoporosis, cáncer de mama y cáncer de ovario.[19]
Muerte súbita del lactante
Es la muerte inexplicable de un bebé menor de un año mientras duerme. Es muy rara (uno de cada 2 825 bebés estadounidenses en 2017),[20][21] pero se deben tomar todas las precauciones para que no ocurra:
- No acostar al bebé boca abajo.
- Utilizar un colchón firme.
- Evitar los juguetes blandos en la cuna (peluches).
- Evitar el calor excesivo. La habitación debería estar entre 18 y 20 grados centígrados.
- El bebé debe estar en un ambiente sin humo, tanto de tabaco como de otras fuentes.
- Dar al bebé el pecho. La lactancia materna disminuye el riesgo.
- Uso del chupete. Un estudio del año 2005 indica que el uso de un chupete está relacionado con un 90 % de reducción en el riesgo de muerte súbita.[22][23] Se ha especulado que la superficie sobresaliente del chupete mantiene el rostro del bebé despegado del colchón, lo que reduce el riesgo de asfixia. Se suele desaconsejar el uso del chupete durante la vigilia, por los efectos que pueda tener, pero no parece afectar la lactancia materna durante los primeros 4 meses de vida.[24]