San Bartolomé de Almonte
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Ubicado en la Sierra Morena, zona con una riqueza importante de minerales nobles y no nobles, que obtendría de las minas de Aznalcóllar y de su entorno, pero también en materiales calizos, necesarios en la metalurgia para crear moldes como para realizar la copelación pero también cerca de la costa, lo que permitió la salida y comercialización de los materiales finalizados a través del mar.
Se encuentra en la línea de una anterior vía de comunicación entre Aznalcóllar, Tejada la Vieja, San Bartolomé y El Rocío, terminando muy probablemente en Cádiz, principal emporio fenicio, en el que terminaban gran parte de sus productos metalúrgicos.
Descripción
El yacimiento, muy dañado por la actividad agrícola, está dividido en varios sectores con cuatro altozanos que no sobrepasan los noventa y cinco metros sobre el nivel del mar, atravesados por el arroyo de San Bartolomé, actualmente seco, pero que por la amplitud de su cauce ha debido acarrear más agua en otros tiempos. Se estima que el poblado llegó a abarcar unas cuarenta hectáreas siguiendo un patrón de asentamientos en núcleos de viviendas circulares y ovaladas.
Intervenciones arqueológicas
Las primeras intervenciones se realizaron por el catedrático en Historia Antigua y especialista en Tartessos Diego Ruiz Matas, entonces profesor de la Universidad Autónoma de Madrid, quien tras el descubrimiento del yacimiento por los arqueólogos Antonio Ruiz Arazo, Francisco Gómez Toscano y el también cónsul alemán Klaus Clauss von Radsdecki[2] le contactaron y consiguieron permisos para realizar la excavación.
Las campañas se realizaron desde el 1979 al 1983, siendo los tres primeros años dedicados íntegramente a la excavación de la parte del Bronce Final, mientras que los dos últimos se dedicaron a la del Calcolítico.
Fases de ocupación
El poblado tiene restos de dos periodos ocupacionales distintos, el primero en época calcolítica cuyos materiales se asimilan a la mitad del tercer milenio a. C. y el segundo en el Bronce Final, desde el siglo IX hasta principios del VI a. C.
La primera fase de ocupación coincide con el periodo justamente anterior a la llegada de la influencia fenicia en la que destaca la cerámica bruñida típica del Bronce Final en Andalucía Occidental mientras que existe un periodo de despoblación del yacimiento en el siglo II a.C tras el cual se inicia la segunda fase de ocupación es una de transición entre la cerámica manual y la de torno, destacando la existencia inicial de parte de la cerámica fenicia.[3]