Santa Catalina de Alejandría (Rafael)
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| Santa Catalina de Alejandría | ||
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| Año | 1507-1508 | |
| Autor | Rafael | |
| Técnica | Óleo sobre tabla | |
| Estilo | Renacimiento italiano | |
| Tamaño | 72.2 cm × 55.7 cm | |
| Localización | National Gallery, Londres, Reino Unido | |
Santa Catalina de Alejandría es una pintura del artista renacentista italiano Rafael. En la obra, Catalina de Alejandría dirige la mirada extática hacia el firmamento y se apoya sobre una rueda, alusión a la rueda de tortura de su martirio.[1]
Se estima que fue realizada entre 1507 y 1508,[2] hacia el final de la estancia de Rafael en Florencia, y muestra al joven artista en una etapa de transición.[1] La representación de la pasión religiosa en la pintura recuerda todavía a la de Pietro Perugino, mientras que el elegante contrapposto de la figura de Catalina refleja la influencia de Leonardo da Vinci en Rafael, y se considera un eco de la desaparecida obra de Leonardo, Leda y el cisne.[1][3]
La figura central de esta pintura es la princesa del siglo IV, Santa Catalina de Alejandría, representada de pie frente a un paisaje rural.[3] Se convirtió al cristianismo tras un encuentro con un ermitaño en el desierto y experimentó una visión de matrimonio místico con Cristo.[2][1]
Después de negarse a renunciar a su fe, el emperador Majencio planeó torturarla atándola a una rueda. Sin embargo, un rayo destruyó la rueda antes de que pudiera hacerlo, y Majencio optó por decapitarla; la rueda en la esquina inferior derecha, sobre la cual ella se apoya, hace referencia a este episodio.[2] Esta rueda aparece con frecuencia en otras representaciones artísticas de Santa Catalina desde el siglo XIII. Rafael no incluyó en este retrato otros símbolos asociados con la santa, como la espada o la palma, que representan su sabiduría.[3][4]
Interpretación

La obra sitúa a Catalina en un paisaje rural sereno; se muestra de pie frente a cielos azules, colinas y árboles que se reflejan en un cuerpo de agua a su izquierda.[3] Este escenario apacible contrasta con la violencia de su martirio.[1]
La representación de Santa Catalina realizada por Rafael enfatiza su estado de éxtasis. Una luz dorada irradia desde la esquina superior izquierda del lienzo sobre su rostro, acentuando su conexión con Dios.[4] La santa dirige la mirada hacia el firmamento, con los labios entreabiertos y la mano sobre el corazón, en un intento del pintor por capturar un momento de dicha divina.[3] Su pose elegante también recuerda a estatuas de la Antigüedad, como la Afrodita púdica o una musa clásica.[3]
En el primer plano, Rafael pintó pequeñas flores, entre ellas un diente de león en la esquina inferior izquierda del lienzo. Esta planta había sido utilizada por algunos pintores de Alemania y de los Países Bajos en escenas de la Crucifixión de Jesús, por lo que en la obra Santa Catalina de Alejandría de Rafael podría funcionar como símbolo tanto del dolor de la comunidad cristiana como de la Pasión de Cristo.[3]
Técnica

Rafael empleó pigmentos como el azul ultramar, la alizarina, los ocres y el genulí (también conocido como giallolino) en la ejecución del vestido de Santa Catalina. Una fotografía con rayos X de la obra reveló que el artista recurrió a pintura semitransparente con bajo contenido de plomo para los tonos de la piel, mientras que utilizó pigmentos con mayor cantidad de plomo en el vestido, el paisaje y el cielo, logrando así colores más intensos.[2] Además, incorporó vidrio finamente pulverizado en algunos de los pigmentos para acelerar el secado de los óleos.[1]
Bajo las capas de pintura, una fotografía infrarroja de la obra reveló un dibujo a mano alzada de Santa Catalina realizado por Rafael. La reflectografía infrarroja también permitió identificar restos de spolvero —pequeños puntos dejados al espolvorear polvo de carbón a través de perforaciones en el dibujo preparatorio— visibles a lo largo del contorno del hombro derecho de la santa y en las líneas de sus mangas, lo que confirma el proceso de transferencia del dibujo a la tabla.[3]
Rafael enfatizó el torso de la santa, a diferencia de La Gioconda, cuyo encuadre se interrumpe más arriba. La representó en una pose de contrapposto, con una marcada torsión del cuerpo y la cabeza girada sobre el hombro derecho para dirigir la mirada hacia el cielo. Su forma escultórica y el escorzo —efecto de acortamiento visual para sugerir profundidad— que aplicó en la cabeza levantada derivan de la escultura inacabada de San Mateo de Miguel Ángel.[1][2]
La pintura hace referencia tanto a obras clásicas como a obras del Renacimiento italiano. La pose elegante de Santa Catalina evoca a las estatuas clásicas, como la Afrodita púdica. Rafael se basó además en el pintor renacentista Pietro Perugino, incorporando paisajes, flores, la pose en contrapposto, colores ricos y saturados y el modelado con trazos para generar sombras.[3] La obra también se apoya en composiciones y técnicas de otros trabajos del Renacimiento italiano, como Leda y el cisne de Leonardo y el San Mateo de Miguel Ángel.[2][3]