Semana Santa en Lucena
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| Semana Santa de Lucena | ||
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| Localización | ||
| País |
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| Comunidad |
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| Localidad | Lucena (Córdoba) | |
| Datos generales | ||
| Tipo | Religioso | |
| Comienzo | Domingo de Ramos | |
| Finalización | Domingo de Resurrección | |
| Fecha | marzo o abril | |
| Participantes | 17 Hermandades | |
| Significado | Representar y celebrar la Pasión, Muerte y Resurrección de Cristo | |
| Costumbres | Pasos de santeros portados a hombros | |
| https://semanasantalucena.com/ | ||
La Semana Santa de Lucena en la Provincia de Córdoba es una de las festividades religiosas más importantes de la localidad. En ella se representa la Pasión, Muerte y Resurrección de Cristo con la procesión de 17 cofradías y una agrupación parroquial, iniciándose el Domingo de Ramos y culminando el Domingo de Resurrección.[1]
Está declarada Fiesta de Interés Turístico de Andalucía desde el año 2003, teniendo sus orígenes en el siglo XVI y siendo una de las celebraciones de Semana Santa más destacadas de Andalucía, debido a su particularidad y su personalidad, siendo la santería (forma tradicional de carga de los pasos en Lucena) única en la geografía española. Cuenta con importante imaginería de escultores como Blas Molner, Pedro Roldán, Pedro de Mena, Antonio Castillo Lastrucci o Luis Álvarez Duarte, entre otros.[1]
La Semana Santa lucentina está organizada por la Agrupación de Cofradías de Lucena, creada en el año 1944, con el fin de garantizar la organización y dignificar las procesiones de la ciudad.[2] Forma parte de la Red Europea de Celebraciones de la Semana Santa y Pascua y de la red Caminos de Pasión.[3][4][5]
La Agrupación de Cofradías de Lucena es la institución encargada de englobar a todas las Hermandades Penitenciales y de Gloria de la ciudad de Lucena, teniendo como objetivo desde su fundación la de garantizar la organización de las procesiones, custodiar la tradición santera y dignificar la Semana Santa local. Tiene su origen en el año 1944 ante la necesidad de fortalecer la Semana Santa lucentina que había experimentado desde principios del siglo XX signos de decadencia. Su primer presidente fue Abundio Aragón Serrano.[5]
Desde su fundación, la agrupación ha sido la encargada de instituir distintos actos que mantuvieran viva la llama de la Semana Santa, como la creación del pregón de la Semana Santa (realizado por primera vez en 1953, aunque no oficializado de manera anual hasta 1978), la creación de concursos de saetas, la instauración de horarios e itinerarios marcados que las Hermandades debían de cumplir o la creación del Desfile de Procesiones Infantiles en 1973.[5]
La institución cuenta con la Medalla de Oro de la ciudad, habiendo sido influyente para la declaración de la Semana Santa de Lucena como Fiesta de Interés Turístico de Andalucía.[5]
Historia
La Semana Santa de Lucena tiene sus orígenes en el siglo XVI, lo que la sitúa entre las celebraciones cofrades más antiguas de Andalucía. El nacimiento de las cofradías lucentinas se enmarca en el contexto posterior al Concilio de Trento, cuando la Iglesia impulsó el culto público y la representación visual de la fe como medio de catequesis. En este periodo surgen en Lucena diversas hermandades penitenciales, que no solo organizaban procesiones, sino que también desarrollaban una importante labor social y asistencial, atendiendo a personas necesitadas, enfermos, presos y huérfanos.[2][6]
Durante los siglos XVII y XVIII, la Semana Santa alcanza una etapa de esplendor. Aumenta el número de corporaciones, se enriquecen los templos y se incorporan nuevas imágenes y enseres procesionales. Las celebraciones adquieren gran relevancia en la vida pública de la ciudad, aunque las reformas impulsadas por la monarquía borbónica, especialmente en el reinado de Carlos III, introducen restricciones destinadas a controlar el gasto y regular las prácticas cofrades.[2]
El siglo XIX supuso una etapa especialmente complicada para las cofradías lucentinas. Las desamortizaciones, los cambios sociales y las reformas eclesiásticas provocaron la desaparición o debilitamiento de muchas hermandades. A pesar de ello, algunas corporaciones lograron sobrevivir gracias a la fuerte devoción popular, destacando especialmente la Hermandad de Jesús Nazareno, que mantuvo viva la tradición procesional en los momentos más difíciles.[2]
A finales del siglo XIX y comienzos del XX se consolida un elemento esencial de la identidad lucentina: la santería, un sistema propio de portar los pasos a hombros, sin costal, guiados por un manijero y siguiendo ritmos y movimientos característicos. Este estilo, acompañado por toques de tambor específicos, dota a las procesiones de una estética y un lenguaje propios que diferencian a Lucena de otros lugares. El término “santero” aparece reflejado en fuentes escritas a principios del siglo XX y, desde entonces, esta figura se convierte en el eje de las procesiones. La santería trasciende el ámbito religioso para convertirse en un fenómeno social y cultural profundamente arraigado en la identidad local.[2]
Tras un periodo de estancamiento a mediados del siglo XX, la fundación de la Agrupación de Cofradías en 1944 marca el inicio de una etapa de recuperación. Desde la década de 1970, la Semana Santa de Lucena experimenta un notable crecimiento, con la creación de nuevas hermandades, la restauración del patrimonio artístico y una mayor participación ciudadana.[2]
En la actualidad, la Semana Santa lucentina cuenta con numerosos pasos procesionales, tanto de misterio como de palio, y mantiene viva la tradición de la santería como elemento central de sus desfiles. Junto a su dimensión religiosa, destaca por su rico patrimonio material e inmaterial, que incluye imaginería, orfebrería, bordados, música procesional, saetas y una intensa actividad cultural durante la Cuaresma.[2][7]
Tradiciones y costumbres
La Santería
La santería es la manera en la que se conoce a la forma de llevar los pasos o tronos en la Semana Santa de Lucena, llevados a hombros por los santeros. Los santeros se organizan en cuadrillas dirigidas por un manijero, quien da las órdenes para coordinar la elevación, el movimiento y el ritmo de los pasos. La elección de los santeros no es aleatoria: el manijero selecciona a quienes participarán, formando un grupo cohesionado durante toda la procesión. A diferencia de otras formas de carga, el manijero (nombre con el que se conoce al capataz del paso) tiene un cargo anual, no siendo común que un mismo manijero dirija un mismo trono en años consecutivos, ni que un mismo santero repita cada año en un mismo paso. Para dirigir cada paso, el manijero debe presentar una solicitud a la Hermandad, que deberá aceptar dicho candidato. A diferencia de otras localidades andaluzas, en Lucena los tronos se llevan a hombro, sin costal y con la cara descubierta, lo que aporta un carácter único a esta tradición.[8][9]
La santería como forma de portar los pasos se consolidó entre los siglos XIX y XX, evolucionando hasta convertirse en un patrimonio cultural vivo transmitido de generación en generación. Anteriormente, los pasos eran portado a correón, estilo que hoy en día solo se conserva en la localidad malagueña de Casabermeja, usándose correas de cueros que iban amarradas al cuerpo de los portadores, cargando el peso en dichas correas, en lugar de en el hombro.[10]
Dentro del estilo tradicional de santear, existe cierta diferencia en la forma de llevar los tronos. Muchos tronos procesión botados, es decir, dando una especia de saltos o pingos (como se denominan en Lucena), con el objetivo de representar el movimiento real que llevaría la imagen de Jesús en cada uno de los momentos que se representan, dotando de cierta teatralidad a cada trono. Sin embargo, otros son portados mecidos, sin pingos, con un andar más reposado. El paso o modo de santear es elegido por cada manijero.[11][12]
Los santeros portan una vestimenta particular, compuesta de capirote (sin cubrir el rostro) y túnica corta, del color de la cofradía, camisa y pañuelo blanco en el cuello, y pantalón y zapatos negros. En sus manos portan horquillas, elementos con los que el trono es sujetado cuando éste se encuentra parado, igualmente usados en otras Semanas Santas como Antequera o Cuenca. El manijero, ataviado de la misma forma, se coloca en la esquina delantera derecha, desde donde dirige el trono y da las órdenes de comenzar a andar o parar mediante un timbre. El tramo en el que el trono está avanzando se denomina horquillo, y a diferencia de otras Semanas Santas, apenas dura unos segundos desde que el mismo comienza a andar hasta que se para de nuevo.[12]
Actualmente, la santería de Lucena ha sido reconocida como Bien de Interés Cultural, destacando su valor antropológico y etnológico dentro del patrimonio festivo español.[8][13][14]
Tambor y torralbo

A diferencia de otras Semanas Santas, los pasos o tronos en Lucena no procesionan al compás de las marchas procesionales que interpretan las bandas de música. En su lugar, el andar de los santeros va marcado por el ritmo de uno o varios tambores que se localizan tras el propio paso, cuyo toque o redoble depende del carácter y andar del trono en la calle.[15] En ocasiones, los tronos van acompañados exclusivamente de un par de tambores, cuyo redoble marca exclusivamente el ritmo del caminar de cada trono, independientemente de lo que interprete cada banda de música.[16]
El torralbo es un toque de corneta con el que van acompañado algunas procesiones de Lucena y que se utiliza para anunciar la llegada de los tronos. El toque de corneta, que se toca en solitario, es breve y agudo, y está compuesto de tres tiempos.[15] A pesar de que el uso del torralbo es exclusivo de solo algunos pasos en Lucena, su uso es una de las señas de identidad más famosas de la Semana Santa local.[16]
Paseíllo
Se conoce como paseíllo al recorrido realizado por las cuadrillas de santeros desde la casa del manijero hasta el templo desde donde procesiona la Hermandad, previo a la salida procesional. Previamente, los santeros se reúnen en casa del manijero, donde toman un aperitivo obsequiado por la propia familia del manijero.[12]
Mantillas
Las mujeres ataviadas de mantilla constituyen uno de los pilares fundamentales de las procesiones en la Semana Santa de Lucena, siendo habitual que ocupen una importante parte del cortejo, antecediendo a las imágenes dolorosas, al igual que ocurre en otras localidades, especialmente de Andalucía Oriental. En ocasiones, el cortejo de mantillas supero al número de nazarenos, siendo su función la de acompañar en el duelo a María, además de iluminar su caminar.[17]


