Servicio de alojamiento dedicado
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Un servidor dedicado o servidor de alojamiento dedicado es un ordenador comprado o arrendado que se utiliza para prestar servicios dedicados, generalmente relacionados con el alojamiento web y otros servicios en red. A diferencia de lo que ocurre con el alojamiento compartido, en donde los recursos de la máquina son compartidos entre un número indeterminado de clientes, en el caso de los servidores dedicados generalmente es un solo cliente el que dispone de todos los recursos de la máquina para los fines que haya contratado el servicio.
Características
Los servidores dedicados pueden ser utilizados tanto para prestar servicios de alojamiento compartido como para prestar servicios de alojamiento dedicado, y pueden ser administrados por el cliente o por la empresa que los provee. El cuidado físico de la máquina y de la conectividad a Internet está generalmente a cargo de la empresa que provee el servidor. Un servidor dedicado generalmente se encuentra localizado en un centro de datos.
Un servidor dedicado puede ser entendido como la contraparte del alojamiento web compartido, pero eso no significa que un servidor dedicado no pueda ser destinado a entregar este tipo de servicio. Este es el caso cuando, por ejemplo, una empresa dedicada al negocio del alojamiento web compra o arrienda un servidor dedicado con el objetivo de ofrecer servicios de alojamiento web a sus clientes. Por otro lado, un servidor dedicado puede ser utilizado como una forma avanzada de alojamiento web cuando un cliente o empresa tiene requerimientos especiales de rendimiento, configuración o seguridad. En estos casos es común que una empresa arriende un servidor dedicado para autoabastecerse de los servicios que necesita disponiendo de todos los recursos de la máquina.
Servidor dedicado y nube
La evolución de la computación en la nube dio lugar a la modalidad bare-metal cloud, que combina hardware dedicado de un único inquilino con el aprovisionamiento automatizado característico de los servicios en la nube. Sigue el modelo de infraestructura como servicio (IaaS) definido por el Instituto Nacional de Estándares y Tecnología (NIST), en el que el proveedor pone a disposición del cliente recursos de cómputo, almacenamiento y red sobre los que este despliega su propio sistema operativo y aplicaciones.[1]
A diferencia de los servidores virtuales, los servidores bare-metal se entregan en régimen de un único inquilino y prescinden del hipervisor, lo que elimina la sobrecarga de la virtualización sobre la CPU, la memoria y la entrada/salida.[2] Diversos estudios académicos han evaluado el comportamiento de estos servidores en aplicaciones de computación de alto rendimiento (HPC), observando un escalado favorable frente a las máquinas virtuales tradicionales.[2] Como contrapartida, las primeras implementaciones no admitían funcionalidades habituales en entornos virtualizados, como la migración en vivo entre máquinas físicas, lo que ha motivado propuestas específicas para suplir esa carencia.[3]
Investigaciones posteriores han explorado arquitecturas multinquilino sobre hardware bare-metal mediante el uso de tarjetas inteligentes de red y procesadores de datos, con el objetivo de combinar la elasticidad de la nube pública con el rendimiento del hardware dedicado.[4] Por sus características, esta modalidad resulta especialmente útil para cargas de trabajo de inteligencia artificial, análisis de grandes volúmenes de datos y computación de alto rendimiento, donde la sobrecarga asociada a la virtualización resulta indeseable.[2]
Ventajas
- Acceso exclusivo a la totalidad de los recursos del hardware.[5][6]
- Configuración personalizable según las necesidades del proyecto, con control del cliente sobre el sistema operativo y las aplicaciones desplegadas.[1]
- Mayor aislamiento frente a otros inquilinos, lo que reduce los problemas de rendimiento y los riesgos de seguridad asociados a entornos compartidos.[7][6]
- Posibilidad de aplicar políticas de seguridad, mantenimiento y actualización bajo control directo del cliente o del proveedor, en línea con las recomendaciones de seguridad para infraestructuras en la nube.[8]
Desventajas
La principal desventaja del servidor dedicado es el coste, claramente superior al del alojamiento compartido o al del VPS, dado que el cliente no comparte la inversión en hardware con otros usuarios y no se beneficia de las economías de escala propias del modelo multinquilino descrito por el NIST.[1][6] En el caso del alojamiento no administrado se añade la necesidad de contar con personal cualificado para las tareas de administración del sistema, gestión de la seguridad y atención de incidencias, responsabilidades que recaen sobre el cliente y que requieren una evaluación previa según el reparto de funciones recomendado por ENISA.[8]