Sierra del Rosario
sistema montañoso de la Cordillera de Guaniguanico, en el occidente de Cuba
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La Sierra del Rosario es un sistema montañoso de altitud media situado en la región más occidental de Cuba.
| Sierra del Rosario | ||
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Categoría UICN IV (área de gestión de hábitat/especies) | ||
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Bosque de pinos (Pinus caribaea) en la región. | ||
| Situación | ||
| País |
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| Provincia |
Artemisa Pinar del Río | |
| Ciudad cercana | Las Terrazas | |
| Coordenadas | 22°44′N 83°18′O | |
| Datos generales | ||
| Administración | CITMA-SNAP | |
| Grado de protección | Reserva de la biosfera | |
| Fecha de creación | 1984 | |
| Superficie | 266.86 km² | |
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| Sitio web oficial | ||
La mayor parte de su territorio se encuentra en la provincia de Artemisa, donde se localiza también la mayor elevación del occidente cubano, el Pan de Guajaibón (692 m). Su extremo occidental se extiende hacia la provincia de Pinar del Río, donde se encuentra la Loma de Seboruco.
La sierra constituye el sector oriental de la Cordillera de Guaniguanico, la cual continúa hacia el oeste en Pinar del Río con la Sierra de los Órganos. En su conjunto, abarca áreas de los municipios de Artemisa, Bahía Honda, Candelaria y San Cristóbal, en la provincia de Artemisa, así como el municipio de La Palma, en Pinar del Río.
Una amplia porción de la Sierra del Rosario fue declarada por la Unesco, en 1984, como Reserva de la Biosfera, debido a sus relevantes valores naturales, lo que la convirtió en la primera reserva de este tipo en Cuba.[1]En esta zona se ubica una estación ecológica dedicada a la investigación y al desarrollo de proyectos ambientales.
Uno de los rasgos distintivos de la Sierra del Rosario es la presencia de diversas comunidades que mantienen una estrecha relación con el entorno natural. Por ello, ha sido considerada un «laboratorio ecológico», en función de la cantidad y diversidad de proyectos que se desarrollan en distintos sectores.[2]
Geología
La zona donde se encuentra enclavada la reserva presenta una estructura geológica compleja. En su sector occidental afloran rocas serpentinitas, mientras que las litologías predominantes corresponden a calizas duras de las formaciones Artemisa y Polier. También se desarrollan procesos y formas de relieve kárstico. Los suelos más comunes son de tipo ferralítico y pardo, junto con variantes de textura franco-arcillosa y arenosa.[1]
Clima
El clima de la sierra es ligeramente más fresco en comparación con el predominante en el resto de Cuba. Los registros disponibles, correspondientes a un período superior a 25 años, indican una temperatura media anual de 24,4 °C y una precipitación media anual de 2 013,9 mm. Las mayores variaciones térmicas se producen entre los meses de noviembre y febrero (período invernal), mientras que las precipitaciones más elevadas se concentran entre mayo y octubre. Según la clasificación climática de Köppen, el área corresponde a un clima tropical monzónico (Am), caracterizado por altas temperaturas durante todo el año y una estación lluviosa bien definida.[2]
Población

En el área comprendida por la reserva viven, según datos del 2002, más de 5000 personas, fundamentalmente localizadas en la comunidad Las Terrazas, además de otras 7 más pequeñas y aisladas, que se encuentran inmersas en el paisaje natural de la sierra. Las viviendas aquí han sido construidas para no alterar el esplendor del bosque, con las típicas tejas criollas.[3]
Flora
La vegetación es diversa y está condicionada por la complejidad geológica y el régimen de precipitaciones. Predominan los pinares (Pinus caribaea), los bosques semicaducifolios y los bosques siempreverdes, junto con áreas de matorral xeromorfo en zonas de suelos más pobres o serpentínicos. Se han registrado alrededor de 889 especies de plantas, con un nivel de endemismo aproximado del 34 %.[3]
Entre las especies más representativas se encuentra la palma corcho, considerada un fósil viviente, que habita en las laderas de los mogotes. En el área se localiza además el Jardín Botánico Orquideario Soroa, que conserva una importante colección de orquídeas endémicas cubanas y especies exóticas.
El bosque tropical siempreverde constituye la formación vegetal más desarrollada, con árboles que pueden alcanzar hasta 40 metros de altura y afinidades florísticas con las selvas neotropicales.[2]
Fauna

La fauna de la reserva es representativa del occidente de Cuba, con un alto grado de endemismo en varios grupos taxonómicos.[3]
Entre las aves son comunes especies como el arriero, el sinsonte, diversas garzas y el zunzuncito (Mellisuga helenae), considerado el ave más pequeña del mundo.[3]
En el caso de los reptiles, se han registrado alrededor de 16 especies, de las cuales aproximadamente 12 son autóctonas. Destaca el lagarto de río (Anolis vermiculatus), endémico de la zona. Otro representante notable es el majá de Santa María (Chilabothrus angulifer), una boa constrictora cubana que puede alcanzar gran tamaño.[3]
Los anfibios están representados por unas 12 especies, todas endémicas de Cuba, incluyendo algunas de las más pequeñas registradas en la isla.[3]
Entre los mamíferos destacan las jutías (Capromyidae), uno de los grupos más característicos de la fauna cubana, que han mostrado recuperación tras períodos de fuerte presión de caza. También se encuentran venados (introducidos en el siglo XVII), actualmente bajo control debido a su potencial impacto ecológico. El grupo más diverso de mamíferos es el de los murciélagos, con al menos una docena de especies registradas.[3]
Los invertebrados, incluyendo moluscos e insectos, son abundantes y diversos, con múltiples especies registradas en distintos hábitats de la región.
Hidrografía
El río más importante en la zona de la reserva es el San Juan, con varias piscinas naturales que se mantienen durante todo el año, incluso en época de sequía. El resto del sistema fluvial está formado por otros cuatro arroyos y cañadas (Bayate, San Francisco, San Claudio y Santiago), en los cuales se ha comprobado que existen minerales medicinales.[3]
Economía
La actividad económica principal de la población local es la agricultura, en particular el cultivo del café. La región cuenta con instalaciones de beneficio del grano, incluyendo despulpadoras de carácter ecológico.[1]
Entre los elementos de valor histórico destaca el Cafetal Buenavista, considerado uno de los primeros establecimientos cafetaleros de gran escala en el Nuevo Mundo, datado en el siglo XVIII y actualmente restaurado como sitio patrimonial y de interés turístico.
Otras fuentes relevantes de ingresos provienen del turismo de naturaleza, incluyendo el camping, el ecoturismo y la observación y fotografía de fauna. Estas actividades se desarrollan tanto en instalaciones como el hotel La Moka como en viviendas particulares de la zona.
Asimismo, la producción de tabaco constituye otro sector agrícola importante en el entorno de la reserva, destinado en parte a la elaboración de habanos de reconocimiento internacional.