Silencio - Fábula
Silencio - Fábula es un cuento de Edgar Allan Poe publicado por primera vez en 1837. Fue publicado originalmente bajo el título de Siope.
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| Silencio - Fábula | |||||
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de Edgar Allan Poe (1809-1849) | |||||
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Ilustración del relato por Harry Clarke, 1909. | |||||
| Género | Cuento | ||||
| Subgénero | Prosa poética | ||||
| Edición original en inglés | |||||
| Título original | Siope - A Fable | ||||
| País | Estados Unidos | ||||
| Fecha de publicación | 1837 | ||||
| Texto original | Silence (Poe, short story) en Wikisource | ||||
| Edición traducida al español | |||||
| Título | Silencio (Fábula) | ||||
| Traducido por | Diego Navarro | ||||
| Editorial | Aguilar[1] | ||||
| Ciudad | Madrid | ||||
| País | España | ||||
| Fecha de publicación | 1946 | ||||
| Cronología de Edgar Allan Poe | |||||
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Silencio - Fábula (en inglés: Silence - A Fable) es un cuento de Edgar Allan Poe publicado por primera vez en 1837. Fue publicado originalmente bajo el título de Siope.
Un demonio se sienta junto al narrador "a la sombra del sepulcro" y le cuenta una historia en la que él es el protagonista y que se desarrolla en África.
El demonio describe su entorno, caracterizado por las aguas color azafrán del río, en cuyo lecho se extienden lirios a lo largo de muchos kilómetros y del que sale un gorgoteo perpetuo. No hay viento, pero las aguas burbujean ruidosamente bajo los rayos del sol, creando un paisaje que no conoce la quietud.
En una noche lluviosa (una lluvia extraña que, una vez que cae al suelo, se convierte en sangre), mientras la luna aparece de repente, la mirada del demonio se dirige hacia una roca gris que se alza en la orilla del río, en cuya pared frontal está grabada la palabra "Desolación". Encima de la roca hay una figura majestuosa, envuelta en una toga romana, que el demonio, tras estudiar los rasgos de su rostro, declara que es una divinidad. Sin embargo, lo que más le impresiona es la mirada atormentada del hombre, llena de repugnancia por la humanidad y anhelo de soledad.
Queriendo provocar en él una reacción, ya que el cielo centelleante, la luna roja, la lluvia de sangre y el espantoso murmullo procedente de los lirios, incluso en ausencia de una ráfaga de viento, no parecen perturbarle, el demonio llama desde los recovecos del pantano a los hipopótamos, que se precipitan y braman con estrépito, sin provocar no obstante la menor perturbación en el hombre. El demonio, enfurecido, desencadena una tormenta tan violenta que provoca el derrumbamiento del bosque, hincha las aguas del río e incluso sacude la roca donde el hombre se asienta en su base, pero aun así el desprendimiento del hombre no se ve afectado. Presa de la furia, el demonio lanza entonces la maldición del silencio y todo a su alrededor enmudece y se aquieta. Simultáneamente, el grabado de la roca cambia y la palabra "Silencio" sustituye a la anterior. El hombre da un grito ahogado, se levanta y escucha el silencio; luego, aterrorizado, huye.
Una vez concluida su historia, el demonio cae "en las profundidades del sepulcro" y ríe, maldiciendo injustamente al narrador, que no puede reír con él, pues es su responsabilidad haber traído el silencio al mundo, que sólo perdona a quien lo invocó. A los pies del demonio se agazapa el lince, "que continúa en el sepulcro por toda la eternidad".