Silla presidencial de México

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La Silla Presidencial de México es uno de los objetos, atributos y emblemas que, junto con la banda presidencial, es considerado un distintivo del cargo de Presidente de la República. Como objeto material e histórico, ha tenido al menos quince representaciones que, aunque nunca han sido oficializadas por decreto, reglamento o protocolo, tradicionalmente se les señala como las Sillas Presidenciales.[1]

No obstante, destacan dos por su rol protagónico en la historiografía mexicana, que las ubican en el imaginario colectivo y la narrativa mediática como las más simbólicas. La primera fue fabricada alrededor de 1868, como un obsequio de la «Escuela de Artes y Oficios» para el presidente Benito Juárez; celebre por diversos archivos fotográficos y pictóricos, está tallada en madera dorada, tapizada de terciopelo rojo, cuenta con un monograma bordado con hilos de oro y plata en el respaldo, y tiene como principal distintivo la talla de madera en el cabezal con el águila republicana, una alegoría del sol y un gorro frigio, así como las patas delanteras en forma de águilas con las alas extendidas; actualmente se exhibe en el Museo de Palacio Nacional, y contrario a una divulgación errónea, está plenamente documentado su uso habitual por los mandatarios, desde su origen y hasta al menos 1929.

La segunda es el asiento ejecutivo del conjunto de muebles en el «Salón de acuerdos» de Palacio Nacional; fue hecha por encargo de Porfirio Díaz entre 1904 y 1906, realizada en madera de palisandro, tiene como principales características, el tapizado verde con un escudo nacional en el respaldo, y un cabezal coronado con la escultura del escudo nacional de la época (la versión diseñada por Tomás de la Peña usado entre 1880 y 1909); se le vincula más con los gobiernos posteriores a la Revolución Mexicana, esto debido en gran medida a que, casi todos los presidentes desde 1917 se han tomado la fotografía oficial sentados en ella junto a una bandera y usando la banda presidencial. Esta silla permanece en el Palacio Nacional como parte del mobiliario para uso exclusivo del Presidente de México; en público, por su simbolismo popular, es usada en actividades protocolarias.

Dentro del mismo recinto ejecutivo en cada salón de las áreas protocolarias existe una silla o sillón por cada uno, que por su ornamentación (un escudo nacional como cabecera), son en los hechos también «sillas presidenciales», en suma nueve asientos de uso protocolar y de labor; a estas se añaden cuatro más, que hoy forman parte de acervos museísticos. También, existe un uso retórico y simbólico del término «silla presidencial» a lo largo de la historia, principalmente, para referirse al cargo presidencial, o al poder político conferido al puesto de Presidente de México.[2][3][4]

Antecedentes

Trono de Agustín de Iturbide en la Catedral Metropolitana de México.

Bajo las tradiciones europeas e indígenas americanas, a las cabezas de gobierno y estado se les ha distinguido con títulos o sitios que muestran su supremacía sobre los demás habitantes o personas con poder político, por ejemplo en el aspecto de títulos, entre los indígenas nahuas se daba el título de Tlatoani (el que habla) al que tenía voz de calidad en el gobierno del estado, por lo mismo durante sus presentaciones en público se le situaba en un lugar de distinción, con un mueble especialmente hecho para eso, como dejó dicho Bernal Díaz del Castillo.

Como el gran Montezuma hubo comido y supo que nuestro capitán y todos nosotros hacía buen rato que habíamos hecho lo mismo, vino a nuestro aposento con gran copia de principales, todos deudos suyos, y con gran pompa. Como a Cortés le dijeron que venía, le salió a mitad de la sala a recibir, y Montezuma le tomó por la mano. Trajeron unos como asentadores hechos a su usanza, muy ricos y labrados de muchas maneras con oro. Y Montezuma dijo a nuestro capitán que se sentase, y se asentaron entrambos cada uno en el suyo.[5]

Luego de la conquista y construido el Palacio Virreinal, en lo que hoy es el Salón de Recepciones se construyó un trono con dos sillas especialmente adornadas para el monarca español y su esposa, ambas bajo un palio y un manto que cambiaba con el escudo de cada uno de los reyes españoles, de ese trono se tienen pocos registros, nunca fue usado, estaba preparado para recibir a algún monarca español que visitara la Ciudad de México; cuando el Virrey hacía actos oficiales en ese salón, usaba una silla cualquiera situada debajo y a la derecha de la plataforma donde se ubicaban las sillas del trono, como un distintivo de su supremacía política, pero nunca se menciona que fuera una silla especial, al contrario de lo que pasaba con el monarca y su consorte.[6]

Al final del Virreinato de la Nueva España solo se sabe que el Salón del Trono fue remodelado y renombrado como Salón del Solio, para que en el hiciera las recepciones oficiales el nuevo monarca mexicano Agustín I. Durante esta etapa se supone que una banca de dos posiciones fue usada como silla para uso exclusivo del emperador, pero no se tiene información oficial de ello y como serían los Protocolos del Palacio; por otro lado en la Catedral Metropolitana de México (dentro de la Capilla de San Felipe de Jesús, donde también están los restos del monarca) se resguarda una silla de madera recubierta con hoja de oro y tapizada de terciopelo, que fue el trono de Agustín de Iturbide, y de la que hay una copia en el Museo Nacional de las Intervenciones en Churubusco. A la caída del Primer Imperio Mexicano el Salón del Solio, que no se había acabado de remodelar, se renombró como Salón de Recepciones; en esta etapa está documentado que el diseño de los muebles en los salones de Palacio, estaban determinados para que los asientos con el respaldo más alto fueran los ocupados por el presidente y su cónyuge, aunque no tenían una ornamentación distintiva;[1] además en el Salón de Sesiones que tenía el Congreso en el mismo Palacio Nacional, existía un par de sillones que presidían el recinto, ambos eran de madera y estaban tapizados de terciopelo rojo, situados bajo un palio y una imagen de la Virgen de Guadalupe, esas sillas se destruyeron en 1878 y no se sabe que estuvieran marcadas de algún modo para distinguir donde se situaban el presidente y el presidente del congreso, los únicos que podían sentarse en ellas.[6][7]

La silla de Juárez

Reproducción de la primera Silla Presidencial, en el Museo de la Revolución Mexicana; la original se encuentra en Palacio Nacional.

Origen y características

Pendón del conjunto ornamental de la silla presidencial de Benito Juárez.

Entre 1824 y 1867 está documentado que el patrón que seguían los asientos en los salones de Palacio, era ubicar al primer mandatario en aquella silla o sillón con el respaldo más alto, aunque no tenían el hoy característico adorno del escudo nacional;[1] además se sabe que existían lugares especiales donde se reservaba algún asiento para cuando tuvieran la presencia del presidente, como ocurría en la Catedral Metropolitana, la Colegiata de Guadalupe, el recinto legislativo de Palacio Nacional o el Teatro Nacional, pero no que hubieran sido hechas para ese fin en específico.

La denominada "silla presidencial" (algunas fuentes lo llaman «sillón presidencial») fue un regalo de parte de los alumnos de la «Escuela Nacional de Artes y Oficios» al presidente Benito Juárez, en agradecimiento al apoyo concedido para la consolidación de la institución educativa, destacando la colaboración del mandatario para que les fuera otorgado como edificio principal el ex-convento de San Lorenzo en la Ciudad de México. Aunque la fecha exacta de su hechura se desconoce, lo más probable es que esto ocurriera en los últimos meses de 1868; las referencias más actualizadas atribuyen su diseño a «Gumersindo Mendoza», profesor de química del plantel. La silla era parte de un conjunto compuesto, además, por un dosel adornado con motivos prehispánicos, un cortinaje de terciopelo de dos piezas y un pendón con el águila republicana.[1]

La silla es una pieza de estructura de madera tallada, cubierta con hoja de oro. El marco del respaldo está separado del asiento y decorado con hojas en roleos; su larguero derecho muestra hojas de encina y el izquierdo, hojas de laurel. El copete o cabecera está formado por una talla de águila de frente, mirando a la derecha, con las alas abiertas y en el pico una serpiente; el ave está posada sobre un islote con nopalera, del cual se desprenden hojas de laurel y encina. Un gorro frigio y un amplio resplandor enmarcan el diseño. Los brazos de línea ondulada, arrancan con un diseño de hojas de acanto en roleos; poseen descansabrazos de terciopelo rojo con flecos. La madera está tallada con diseño de cuchillos de obsidiana y chalchihuites. Los apoyos de los brazos son cabezas de águila que tienen la segunda función de ser el arranque de las patas. Las patas delanteras están formadas con águilas de alas abiertas unidas por una cinta de cuchillos de obsidiana y chalchihuites, que a su vez constituyen la cortina o cintura de la silla. Las patas del ave descansan en esferas.

El respaldo, los brazos y el asiento están tapizados con terciopelo rojo. El respaldo muestra un bordado de hilos de oro y plata, con el diseño del monograma «RM», que significa República mexicana. En la parte superior de la letra "R" se colocó un gorro frigio con resplandor; la grafía "M" fue armada con un águila posada sobre una nopalera, las alas extendidas hacia arriba y de ellas penden hojas de encina y laurel; con el pico aprisiona una serpiente. El ave se posa sobre una columna. Las medidas de la silla son 157 cm de altitud, 90 cm de anchura y 88 cm de profundidad.[1]

El pendón es una pieza de terciopelo rojo bordado con hilos de seda y plata. El perfil está delineado con hojas de acanto de hilo de plata y flecos. Al centro se plasmó el diseño del águila republicana: un ave de frente mirando a la izquierda, con las alas extendidas hacia abajo, posada sobre una nopalera que crece de un islote; el diseño está rodeado de guirnaldas de hojas de laurel y encina. Sobre el ave se bordó un gorro frigio con la inscripción «Libertad» en mayúsculas, encima de un amplio resplandor. De la pieza cuelgan cuatro borlas.[1]

El cortinaje se compone de dos piezas con función de ser laterales colgadas del dosel. También de terciopelo rojo, están bordadas con diseños de flores, guirnaldas y encinas, elemento que enmarcan la serie de monogramas «RM» y los gorros frigios con la inscripción «Libertad» en mayúsculas y su respectivo resplandor.[1]

El capitel, o corona del dosel, es un semicírculo de madera terminado en hoja de oro fino y decorado con elementos presentes en la Piedra del Sol. Los elementos decorativos están distribuidos en cinco cintas o hileras. Una cinta de chalchihuites en la base y una segunda fila de «xihuitl» ("año" en náhuatl) símbolo de la turquesa, este elemento está formado por cuatro cuentas, una en cada esquina, y una más al centro. En la hilera central se observan 20 «tonallis» (días) y sobre esta hilera se repite el diseño del «xihuitl» pero con rayos solares; cada uno de los 20 tonallis están representados con figuras como vegetales, animales, armas, el glifo del viento y construcciones. Le sigue una línea perfilada de donde surgen puntas de púas. La pieza está rematada por una hilera de plumas. Al centro tenía un escudo con el monograma «RM» enmarcado en un círculo, rodeado por las figuras de un león rampante, un garrote con navajas de obsidiana, un penacho de plumas, un carcaj con flechas y un águila; este escudo es el único elemento de todo el conjunto que se perdió completamente, y se conocen sus características por fotografías de la época.[1]

Uso y trayectoria

Presidente Francisco Lagos Chazaro sentado en la primera silla Presidencial.

La silla presidencial de Benito Juárez no se convirtió en un asiento ejecutivo de uso diario en la oficina presidencial, en buena medida porque el terminado de su estructura de madera no resultó tan de buena calidad, ya que las uniones no estaban trabajadas, y la madera no se pulió; es decir, el uso continuo y pesado de la silla probablemente habría derivado en su desgaste y daño irreparable. Por ello las fuentes concluyen que se volvió un asiento especial para ceremonias excepcionales. Su sitio dentro de Palacio Nacional fue el «Salón Embajadores», en él, sobre la puerta central del muro que comunica con los pasillos exteriores, se acondicionó un espacio en el que se colocaba todo el conjunto. El capitel estaba empotrado en el dintel de la puerta, de este a la vez colgaban al centro el pendón y las cortinas laterales, debajo se ubicaba la silla, en ocasiones sobre una alfombra y en otras sobre un pequeño pedestal.[1]

El registro iconográfico más antiguo de la silla y su ubicación es inmediato a la muerte de Juárez; el 14 de octubre de 1872 el semanario parisino «El Americano» publicó una litografía del funeral del presidente mexicano en el «Salón Embajadores» el 23 de julio de dicho año. En la imagen se muestra de frente al pedestal donde yace el cuerpo, el conjunto de la silla. Si bien durante los gobiernos de Lerdo, Iglesias, Méndez y González se priorizó el uso de otros asientos para el trabajo diario, la silla fue usada en ceremonias protocolarias. Durante el Porfiriato su uso aumentó por la cantidad de festividades cívicas, militares y sociales en las que se utilizó como distintivo de la investidura presidencial, siendo común su traslado constante entre Palacio Nacional y el Castillo de Chapultepec. El simbolismo fue tal, que entre el 6 de mayo y el 31 de octubre de 1889, fue parte del pabellón mexicano en la Exposición Universal de París. Ahí fue retratada por primera vez en una fotografía, de las pocas que incluyen el conjunto ornamental en plenitud; la foto apareció en el álbum oficial del evento a cargo Maison Martinet y Albert Hautecoeur; además se plasmó en una pintura del artista francés G. Bordese. En ambas representaciones resaltó el uso de un segundo dosel, este perteneciente al II Imperio, cuyo simbolismo incluía los escudos heráldicos de las principales ciudades de México.[1]

Contrario al bulo divulgado, referente a que nunca fue utilizada, la compilación museográfica del Museo Nacional de Historia en la década de 2010, derivó en una investigación del INAH, que determinó la existencia de diversos registros fotográficos de Presidentes de México que se sentaron en esta silla, así como su uso ceremonial en varias ocasiones anteriores y posteriores a dichas fotos.[1]

Los primeros corresponden al archivo incluido en el libro «Crónica oficial de las fiestas del primer centenario de la independencia de México», documento oficial de dicha celebración en el que aparecen distintas fotografías de este asiento, destaca entre ellas la de Porfirio Díaz en la ceremonia de clausura de las fiestas por el Centenario de la Independencia el 6 de octubre de 1910, en Palacio Nacional, y usando todo el conjunto de la silla; de hecho la pieza fue exhibida continuamente como parte de los festejos, tanto en Palacio Nacional como en la «Escuela de Artes y Oficios».[8] La segunda es una fotografía del presidente Francisco I. Madero, usando también el ajuar del conjunto. La última es con el presidente por la Convención de Aguascalientes, Francisco Lagos Cházaro, quien se tomó una foto sentado en ella rodeado de su gabinete. Existe una más de la ceremonia de apertura del «Congreso de Educación» en el ex-Convento de San Lorenzo, donde es usada por el entonces secretario de instrucción pública Justo Sierra, en representación del presidente Díaz.[2][9][10][11][12][13][14]

Esta primera silla permaneció en el Palacio Nacional durante los gobiernos de Benito Juárez, Sebastián Lerdo de Tejada, José María Iglesias, Juan N. Méndez, Manuel González, Porfirio Díaz, Francisco León de la Barra, Victoriano Huerta, Francisco Carvajal, Eulalio Gutiérrez, Roque González Garza, Francisco Lagos Cházaro, Venustiano Carranza, Adolfo de la Huerta, Álvaro Obregón, Plutarco Elías Calles y Emilio Portes Gil. En el caso del periodo de Francisco I. Madero (1911-1913), si bien la silla estuvo algún tiempo en Palacio Nacional, de acuerdo a algunas fuentes, debido a su valor artístico, se resguardo en el salón de actos de la «Escuela de Artes y Oficios», en el ex-convento de San Lorenzo (donde fue hecha).

Al regresar a Palacio en 1913, permaneció en él hasta el 11 de octubre de 1929, cuando el presidente Portes Gil ordenó su traslado al «Museo Nacional de Arqueología, Historia y Etnografía», que se ubicaba en el antiguo edificio de la Casa de Moneda, a un costado de Palacio Nacional (actualmente ese edificio lo ocupa el Museo Nacional de las Culturas); lo cual también desmiente el bulo sobre su abandono en una bodega de Palacio o del Castillo de Chapultepec, pues la pieza, junto con todas las existentes del mencionado museo, pasaron íntegramente al Museo Nacional de Historia cuando este se inauguró en 1944. Regresó a Palacio Nacional en 2010 para ser parte de la «Galería Nacional» con motivo del Bicentenario de la Independencia; volvió a Chapultepec en 2011, y en 2018 de nueva cuenta a Palacio Nacional para formar parte de la colección de su museo histórico. Su conjunto ornamental fue el que estuvo abandonado en las bodegas del Castillo de Chapultepec debido a su deterioro, hasta ser recuperados y restaurados para diversas exposiciones en la década de 2010.[1][4]

El óleo de Sánchez de la Barquera

Óleo póstumo de Benito Juárez posado al lado de la silla presidencial; obra de Tiburcio Sánchez de la Barquera (1889).

En 1889 el pintor Tiburcio Sánchez de la Barquera, pintó un óleo póstumo que se encuentra en el Palacio Nacional, donde muestra al Presidente Benito Juárez de pie, junto a la primera silla presidencial, portando la banda presidencial, con la mano derecha extendida en dirección a la Constitución de 1857 y a las Leyes de Reforma, mientras la mano izquierda sujeta un guante blanco que simboliza la limpieza de las acciones que debe tener el servidor público. Esta obra fue una de las más difundidas al aparecer en libros de texto y publicaciones académicas para representar la investidura presidencial de Juárez, acrecentando la presencia de la silla en la memoria colectiva.

El cuadro fue parte del acervo de Palacio al menos hasta mediados del siglo XX, cuando este cuadro pasó a formar parte de la decoración del «Salón Juárez», en el segundo piso de la residencia oficial «Lázaro Cárdenas», dentro de Los Pinos. Permaneció ahí hasta el año 2000, cuando el presidente Vicente Fox la removió, sustituyéndola por una pintura de Francisco I. Madero. Tal hecho causó indignación dentro de varios círculos políticos y, en 2001, el secretario de Gobernación Santiago Creel, sacó la obra de la bodega donde estaba guardada y la mandó colocar en el salón Adolfo Ruiz Cortines, del Palacio de Cobián, de la Secretaría de Gobernación. En 2012, los Diputados del PRI solicitaron al presidente, Enrique Peña Nieto que regresara la obra al Salón Juárez. Desde 2018 forma parte del acervo en el «Recinto Homenaje a Juárez» en el Palacio Nacional.[1][15][16]

Las fotos con Francisco Villa sentado

Villa y Zapata el 6 de diciembre de 1914 con la llamada Silla Presidencial.

El momento de presencia histórica más significativo del mueble, por su difusión y notoriedad, son las dos célebres fotos donde Francisco Villa posa sentado en ella, acompañado a su lado izquierdo por Emiliano Zapata. Esas fotos fueron tomadas por Agustín Víctor Casasola el 6 de diciembre de 1914, dos días después de que las tropas zapatistas y villistas tomaron el control de la Ciudad de México.

La imagen corresponde a la reunión de los jefes revolucionarios, posterior a acordar una alianza para combatir a Venustiano Carranza e impulsar el reparto agrario plasmado en el Plan de Ayala. Fueron recibidos en Palacio Nacional por el presidente Eulalio Gutiérrez (nombrado por la Convención de Aguascalientes) y embajadores de Guatemala, Francia, Brasil, Suecia, Alemania, China, Japón, España y Chile. Al final del banquete de honor se dirigieron al «Salón Embajadores» (sitio de la silla), donde se tomarían una foto con los invitados; en ese momento se produjo un debate sobre quien debía sentarse en la silla, este produjo dos elementos del anecdotario histórico, por un lado el rechazo de Zapata a sentarse en ella, aseverando que la silla estaba maldita, en virtud de que la ambición por poseerla, así como el acto de usarla, volvía locos a sus pretendientes o usuarios; ante el comentario Villa respeto la decisión de su colega revolucionario, y se sentó él en la silla presidencial.[1]

La segunda anécdota corrió por cuenta del general zapatista Eufemio Zapata (hermano de Emiliano), quien buscó la silla presidencial para quemarla, y así terminar con la maldición que tenía esta sobre la vida política de México, pero no la pudo encontrar, ya que él buscaba una silla de montar. Luego de que se la mostrara el responsable de la custodia del Palacio Nacional, este general hizo algo bastante extraño, en sus palabras decía que:

Desde que estoy aquí, vengo a ver esta silla todos los días, para irme acostumbrando. Porque afigúrense nomás: antes había creído que la silla presidencial era una silla de monta.

Todo esto fue narrado por Martín Luis Guzmán, en sus memorias.[17]

Estos archivos pertenecen al emblemático Archivo Casasola, una de las mayores colecciones documentales de la revolución. A la izquierda de Villa, aparece sentado el general Emiliano Zapata, mientras a su derecha está el general Tomás Urbina; alrededor de ellos, miembros de sus respectivas tropas con variados rangos. En la primera fotografía ambos líderes revolucionarios están ligeramente viéndose a la cara, sin mirar a la cámara, en la segunda toma ambos dirigen la vista a esta.[2]

El mural de Juan O´Gorman

Entre 1970 y 1973, el artista Juan O'Gorman pintó un mural en el Castillo de Chapultepec donde aparece Porfirio Díaz sentado en la primera silla presidencial, rodeado de personajes con vestimentas características de las clase acomodada de su época, mientas, frente a él, aparece una persona vestida con ropa de clase trabajadora, de tez morena e hincado, en una posición de suplica. Se divulgó que dicha obra estaba basada en una fotografía pero, en ese momento, no había evidencia de que esta existiera; sin embargo la investigación documental del Museo Nacional de Historia en la década de 2010, que confirmó la existencia de fotografías de Díaz sentado en esa silla, darían sentido a la versión mencionada. Este mural es titulado El feudalismo de Porfirio Díaz, y está ubicado sobre el muro de uno de los accesos de la sala 11 del Museo Nacional de Historia.[9][18][1]

La segunda "Silla presidencial"

Venustiano Carranza usando la llamada "segunda silla presidencial".

Las remodelaciones de Palacio Nacional, iniciadas en 1901 por el ingeniero Gonzalo Garita, incluyeron el diseño en corredor de los salones protocolarios, uno de ellos fue el «Salón de Acuerdos», a un lado del «Despacho Presidencial», y cuya finalidad era ser la sala de juntas del gabinete presidencial. Entre 1904 y 1906 se reacondicionó la sala con un nuevo mobiliario, este incluyó un juego de sillas para la mesa de juntas de 16 posiciones; Miden 157 centímetros de alto, por 78 centímetros de ancho, y 85 centímetros de profundidad; realizadas en madera de palisandro, están tapizadas de paño verde, con bordados en hilo de oro blanco y amarillo en el respaldo; este incluye un segundo marco tapizado en tono plateado con motivos vegetales; las patas y descansabrazos en forma de roleos están decorados con tallas de guirnaldas en tono dorado, misma tonalidad de los flecos del asiento; la que compete, la silla presidencial, está distinguida por la ornamentación de su cabezal, una escultura metálica en tonos dorados del escudo nacional de la época (la versión diseñada por Tomás de la Peña, usado entre 1880 y 1909).[2]

Durante el gobierno de Lázaro Cárdenas del Río fueron retapizadas, con las mismas características, pero esta vez incluyendo del lado derecho del respaldo un bordado del escudo nacional de la época (el diseño de Jorge Enciso usado entre 1934 y 1968); está en esa posición de manera simbólica, porque si estuviera en el centro el ocupante taparía el escudo al sentarse y representaría dar la espalda al símbolo patrio. Actualmente, el juego de mesa y sillas además tiene dos asientos que no llevan bordado el escudo, el cual fue renovado en el resto de los asientos con el diseño actual (de Francisco Eppens Helguera) por lo menos después de 1968, cuando se adoptó la vigente versión del emblema.[3]

Esta silla es la que alcanzó mayor notoriedad como símbolo del término, pues aunque existen múltiples fotografías de Porfirio Díaz usándola, la trascendencia histórica, la narrativa mediática y el imaginario popular la identifican mayormente con el periodo posrevolucionario. Desde 1917, y salvo algunas excepciones (De la Madrid, Fox, López Obrador y Sheinbaum) todos los presidentes se han tomado la foto oficial sentados en ella, portando la banda presidencial y custodiados por una bandera. La foto oficial alcanzaba amplia difusión, pues no solo era la imagen personalizada de la investidura, sino que se divulgaba a nivel nacional colocándola en edificios y oficinas públicas, incluidas escuelas y hospitales; por ello como se mencionó, y a pesar de la fama de la silla juarista, está es la mayormente visualizada con el uso retórico de la «silla presidencial». Parte de su difusión es producto de su constante uso en ceremonias y actos protocolarios dentro de Palacio Nacional o en su momento de Los Pinos (en las ocasiones que fue trasladada a dicho recinto). Su ubicación sigue siendo como asiento ejecutivo del «Salón de Acuerdos» de Palacio Nacional.[1]

Las otras sillas

Galería

Referencias

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