Simulacionismo
corriente del neoexpresionismo
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El simulacionismo (también llamado postapropiacionismo) es una variante del arte posmoderno surgida en Estados Unidos en los años 80. Como todos los movimientos posmodernos, se fundamenta en una reinterpretación de artistas y estilos anteriores en el tiempo, que elaboran según criterios subjetivos, dando importancia tan sólo a la imagen, al arte como objeto, sin valor conceptual. Hacen una descontextualización de la imagen, que pierde su carácter referencial y se ve reducida a su condición de signo abstracto.

En Estados Unidos hubo una posmodernidad «cálida», representada por el apropiacionismo, y otra «fría», cristalizada en el simulacionismo y el postapropiacionismo. En ambos casos se buscaba superar la austeridad de las últimas tendencias modernas (minimalismo y arte conceptual) mediante un retorno a los valores tradicionales de la pintura, buscando aprovechar el potencial narrativo de la imagen. Asimismo, algunos artistas desarrollaron una forma de expresión similar al neoexpresionismo, con una pintura que mezclaba figuración y abstracción en que eran evidentes las referencias al pasado y a la pintura tradicional.[1] Simulacionismo y postapropiacionismo supusieron una evolución del anterior apropiacionismo, en el que igualmente se basaban en imágenes anteriores para reinterpretarlas incidiendo más en la repetición y el consumo, creando imágenes descontextualizadas que perdían cualquier referente conceptual y signo de originalidad. Esta corriente se inspiró en la filosofía postestructuralista francesa, especialmente Roland Barthes y Jean Baudrillard, de los que tomaron términos como «simulación», «hiperrealidad» o «cultura de la mercancía». El artista deja de ser creador y la obra de arte pierde su originalidad, convirtiéndose en una mercancía, que transmuta la realidad para convertirse en una hiperrealidad.[2] A partir de estas premisas surgieron dos líneas principales: el «simulacionismo neoobjetual», inspirado en los objetos de consumo e influido por el pop-art y el minimalismo, así como artistas como Marcel Duchamp y Andy Warhol, representado por Jeff Koons y Haim Steinbach; y el «simulacionismo neoabstracto», partidario de una abstracción carente de expresión y emotividad, defendido por Ross Bleckner y Peter Halley.[3]