Sokushinbutsu

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Luang Pho Daeng, Sokushinbutsu del monjes budista, Ko Samui, Tailandia del sur.

Los Sokushinbutsu (即身仏, literalmente, "consecución de la budeidad en vida") es un tipo de momia budista, se refiere a la práctica de los monjes budistas que cumplen con el ascetismo hasta el punto de morir y entran en la momificación mientras están vivos, en el cual su cuerpo físico alcanza la incorruptibilidad cadavérica. Se les ve en diversos países budistas, pero, por lo general, se usa el término japonés "Sokushinbutsu".[1]

Se cree que muchos cientos de monjes lo intentaron, pero hasta la fecha, solo se han descubierto 24 de esas momificaciones. Hay una sugerencia común de que el fundador de la escuela Shingon, Kukai, trajo esta práctica de la Dinastía Tang (China), como parte de prácticas tántricas secretas que aprendió y que luego se perdieron en China.[2]

Sokushinbutsu (momia) de Huineng, en Shaoguan, Guangdong, China.

El proceso sería equivalente o similar al estado obtenido sin un proceso de momificación a través de la práctica del Phowa (Práctica de la muerte consciente", o "Transferencia de la conciencia al momento de la muerte") descrita en los Seis yogas de Naropa; en la cual posteriormente al estado de incorruptibilidad del cuerpo, se produce el proceso de "disminución" del cuerpo físico hasta desaparecer.

Existe al menos un cadáver de 550 años "auto-momificado": el de un monje budista llamado Sangha Tenzin en una región del norte de la India del Himalaya, visible en un templo en la aldea de Gue, Spiti, Himachal Pradesh.[3] Esta momia fue redescubierta en 1975 cuando la antigua estupa que la conserva se derrumbó y se estima que es de aproximadamente el siglo XIV, mucho después de que el gobierno islámico llegara a la India y el budismo prácticamente desapareciera allí. El monje probablemente era un practicante tibetano de dzogpa-chenpo y se han encontrado momias similares en el Tíbet y el este de Asia.[4] La preservación de la momia durante al menos 5 siglos fue posible debido a la aridez del área y al clima frío.

Según Paul Williams, las prácticas ascéticas Sokushinbutsu de Shugendō probablemente fueron inspiradas por Kūkai, el fundador del budismo Shingon, quien terminó su vida reduciendo y luego deteniendo la ingesta de alimentos y agua, mientras continuaba meditando y cantando mantras budistas. Las prácticas ascéticas de auto-momificación también se registran en China, pero están asociadas con la tradición Chan (budismo zen) allí. También se conocen prácticas ascéticas alternativas similares a Sokushinbutsu, como la práctica de autoinmolación pública (auto cremación) en China, como la del Templo Fayuen 396 CE y muchos más en los siglos que siguieron.[5] Esto se consideró como evidencia de un bodhisattva renunciante.[6][5]

Registro de Sokushinbutsu

Un registro detallado permanece en Japón, fueron monjes budistas de la forma del budismo Shugendō que, de forma diseminada en el norte de Japón (principalmente, la prefectura de Yamagata) y durante el siglo XV, se provocaban la muerte lentamente, de forma tal que sus cadáveres se conservaran momificados y así consiguieran el estado de iluminación y se convirtieran en Budas. Aunque fueron cientos los monjes que intentaron automomificarse, solo se han descubierto unos 16-24 hasta la fecha. Vale decir que la técnica está extinta actualmente y que ningún monasterio ni ningún grupo budista la sigue practicando.

Por un período de 1000 días (algo menos de tres años), estos monjes se sometían a un muy estricto régimen de entrenamiento físico y dieta, consistente únicamente en frutos secos y semillas. Todo esto era para deshacerse de su grasa corporal. Luego, por otros 1000 días tomaban un té venenoso, elaborado a partir del árbol urushi. El veneno provocaba el vómito, con la consiguiente pérdida de fluidos corporales, y además conseguía que, tras la muerte, los gusanos no corrompieran el cuerpo.[cita requerida]

Para terminar el proceso, el monje se colocaba en una tumba solo un poco más grande que su cuerpo, entonaba cantos y permanecía en la posición del loto hasta su muerte. Sus únicas conexiones con el mundo exterior eran una campana y una caña para respirar. Cada día, si la campana sonaba, el monje indicaba que aún vivía. El día que la campana dejaba de sonar se retiraba la caña de respiración y se sellaba la cripta. Los monjes esperaban 1000 días adicionales, después de los cuales abrían la tumba para verificar si la momificación había tenido éxito.

Si el cuerpo se había corrompido, el monje era enterrado con honores especiales. En cambio, si la momificación había resultado exitosa, se le colocaba en un templo y se le consideraba un Buda.[7]

Japón

Véase también

Referencias

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