Sol de Mayo

emblema nacional de Argentina y Uruguay From Wikipedia, the free encyclopedia

El Sol de Mayo es uno de los símbolos nacionales de los países del Río de la Plata, Argentina y Uruguay, presente en sus respectivas banderas y escudos nacionales.[1][2] Recibe su nombre de la Revolución de Mayo de 1810, el acontecimiento que catalizó el proceso de independencia en el Virreinato del Río de la Plata, representando el nacimiento de una nueva Nación, tal cual dicta el himno nacional aprobado en la misma Asamblea Constituyente en 1813. También es aludido como Febo en la marcha de San Lorenzo, Tiene raíces en la antigua masonería que fundó las Provincias Unidas del Río de la Plata a través de la Logia Lautaro en la cual Manuel Belgrano y José de San Martín participaban. Más tarde (no por Belgrano) se decidió agregar como símbolo a la bandera nacional. A menudo se dice que representa a Inti, el dios solar de los Incas.[1][3] Sin embargo, no existen fuentes contemporáneas que confirmen un origen incaico para el símbolo, se suele utilizar como argumento el "plan del inca" de establecer una monarquía con un miembro de la nobleza incaica, la cual fue rechazada. Otra teoría es que los criollos, para evitar la guerra contra los indígenas del ejército realista (mayormente peruanos; Quechuas, Coyas, Aimaras, etc.) surgió el mito de que el sol representaba "algo" indígena para que se negaran a pelear o se unieran al ejército libertador argentino, el cual no funcionó dado que las batallas continuaron. Esta afirmación surgió posteriormente con el desarrollo de la historiografía argentina, principalmente por el historiador español Diego Abad de Santillán en su libro "Historia Argentina (enciclopedia)".[1] El diseño del Sol de Mayo parece ser heredero del prolongado uso anterior del «sol en esplendor» en la heráldica europea.[3][4] Consiste en un disco dorado con un rostro del que emergen rayos, alternando entre unos flamígeros que rotan en sentido horario y otros rectos; en el caso argentino son 32 rayos,[5] mientras que en el caso uruguayo se ajusta a la convención de la heráldica europea de 16 rayos.[4] Sin embargo, la falta original de reglamentación respecto al diseño del sol condujo a una gran variedad de estilos diferentes a lo largo del tiempo, hasta que fueron definitivamente estandarizados por ley a mediados del siglo XX.[1][4]

El Sol de Mayo tal como aparece en la versión actual de las banderas de Argentina (izquierda) y Uruguay (derecha).

El primer uso oficial del sol como símbolo nacional fue en 1813 con la Asamblea Constituyente de las Provincias Unidas del Río de la Plata,[1] apareciendo en su sello —que más tarde se convertiría en el escudo nacional argentino— y en sus primeras monedas nacionales.[3] El sol fue incorporado a la bandera de guerra del país en 1818, y este diseño se fue convirtiendo gradualmente en el estándar para representar al Estado nacional, mientras que a los civiles se les reservaba el uso de la versión sin el sol.[6] A lo largo del resto del siglo XIX, el sol apareció en numerosos diseños distintos en banderas, en particular en color rojo durante el gobierno de Juan Manuel de Rosas, así como en monedas, con variaciones significativas en cada provincia.[6] A comienzos del siglo XX surgieron estudios históricos sobre la bandera y el escudo, con propuestas orientadas a alinear el diseño del sol con el de la década de 1810.[6] Sin embargo, no fue hasta 1944 cuando se estableció una reglamentación definitiva, que fijó el diseño del Sol de Mayo tomando como base las primeras monedas nacionales de 1813.[6] Finalmente, en 1985, se estableció que la única bandera argentina era la que llevaba el sol, eliminando la obligación de los civiles de usar la versión sin sol.[7]

En el caso de Uruguay, se constituyó como país en 1828 al término de la Guerra Cisplatina, que enfrentó a las Provincias Unidas del Río de la Plata y al Imperio del Brasil por el control de la Banda Oriental, y eligió símbolos nacionales vinculados a los de la independencia argentina.[2] De manera similar al caso argentino, el sol utilizado en el escudo y la bandera uruguayos experimentó numerosas variaciones hasta que su diseño actual fue formalizado en 1952.[4] Este decreto también estandarizó el color de las franjas de la bandera como azul, distinto del celeste utilizado en la bandera argentina.[4]

Historia

Origen y primeros usos

El sol fue utilizado formalmente como símbolo de las nacientes Provincias Unidas del Río de la Plata por primera vez en 1813, cuando la Asamblea del Año XIII lo incorporó en su sello oficial (izquierda) —que luego se convirtió en el escudo nacional de Argentina— y en las primeras monedas nacionales (derecha). El diseño del sol de estas últimas es el que se utiliza en la actual bandera de Argentina.

El primer uso del sol como símbolo en la región del Río de la Plata tuvo lugar a fines de 1810, como insignia en los uniformes militares.[1] Sin embargo, el primer uso formal del sol fue en el sello oficial de la Asamblea del Año XIII (denominada así por haberse celebrado en 1813), una asamblea constituyente de las nacientes Provincias Unidas del Río de la Plata, el Estado sucesor del Virreinato del Río de la Plata tras la remoción de las autoridades españolas en la capital Buenos Aires mediante la Revolución de Mayo (de la cual el Sol de Mayo toma su nombre) del 25 de mayo de 1810.[1] En 1944, el sello fue declarado oficialmente escudo nacional de Argentina mediante un decreto presidencial.[8] Dado que las fuerzas de Buenos Aires ocupaban en ese momento la ciudad de Potosí en el Alto Perú, la Asamblea del Año XIII también decidió que las monedas de real español acuñadas en la Casa de la Moneda de Potosí debían modificar su diseño.[3] Los legisladores determinaron que el anverso de las nuevas monedas debía llevar el sello de la asamblea pero sin el sol naciente, que en cambio aparecía en su totalidad en el reverso, como señal de la importancia que tenía como símbolo de la nueva nación.[3] Aunque el sol de estas monedas se considera el mismo que el del sello de la Asamblea del Año XIII, existe una leve diferencia entre ambos: en las primeras, los rayos flamígeros tienen todos la misma dirección, variando su orientación según la emisión, mientras que en el segundo los rayos alternan entre sentido horario y antihorario.[6] El diseño del sol incorpora 32 rayos, el doble de los 16 rayos típicos de la heráldica europea.[3]

El Cápac Raymi, una fiesta anual que celebra el solsticio de diciembre.
El Sapa Inca Pachacuti rezando en el templo de Coricancha.
La explicación más difundida sitúa el origen del Sol de Mayo en la adoración inca del dios solar Inti, aquí representada en dos libros de c. 1615: El primer nueva corónica y buen gobierno (izquierda) y las crónicas de Martín de Murúa (derecha).

El Sol de Mayo es también conocido como «sol incaico»,[9][10] ya que la explicación más difundida afirma que representa a Inti, el dios solar de los Incas.[1] El supuesto origen incaico del símbolo suele relacionarse con el hecho de que el escudo nacional fue realizado por Juan de Dios Rivera, un orfebre de ascendencia inca oriundo de Cusco pero radicado en Buenos Aires.[11] Por esta razón, algunos lo consideran el creador del Sol de Mayo.[12] Sin embargo, no existen fuentes primarias que lo confirmen,[1] especialmente porque las actas de la Asamblea del Año XIII desaparecieron después de 1852, cuando fueron inventariadas por el Ejército Grande tras la Batalla de Caseros.[13] En realidad, Rivera siguió las instrucciones que recibió del gobierno, e investigaciones recientes han demostrado la existencia de un emblema revolucionario francés de fines del siglo XVIII que sirvió de modelo para el sello.[6][14]

El escudo real ornamentado de los Reyes de España durante la era borbónica, con un sol junto al lema «a solis ortu usque ad occasum».

Aunque ampliamente aceptado, el supuesto origen incaico del Sol de Mayo carece de fuentes contemporáneas y surgió únicamente con el desarrollo de la historiografía del país.[1] En una carta de 1900 dirigida a José María Gutiérrez, Bartolomé Mitre escribió: «La revolución estaba dominada por la idea de promover un nuevo alzamiento de las masas incásicas contra la dominación española en el Alto Perú. La adopción del Sol heráldico en el blasón nacional era, sin duda, un motivo de atracción y de reverencia para los pueblos indígenas quechuas y aimarás adoradores del astro».[3] Sin embargo, Mitre también señaló en dicha carta que, en su opinión, la inclusión del sol en el sello de la Asamblea del Año XIII era una referencia al sol que acompañaba el lema latino «A solis ortu usque ad occasum» en las versiones ornamentadas del escudo de los Reyes de España.[3] Esto se relaciona con el hecho de que el proceso de independencia en Argentina comenzó cuando llegaron a Buenos Aires las noticias de la destitución del rey Fernando VII por Napoleón Bonaparte, lo que provocó la destitución del virrey a manos de la élite local bajo una profesada lealtad al rey ausente, fenómeno conocido como la «máscara de Fernando VII».[3] El motivo del sol era frecuente en las decoraciones militares de la época borbónica tanto en la España peninsular como en sus colonias americanas, representado habitualmente como una estrella radiante con numerosos rayos que iluminaba todo el campo, y con menor frecuencia en su forma heráldica.[3] El sol también se utilizaba con frecuencia en decoraciones de madera, tela o cartón pintado para ceremonias fúnebres, juramentos de lealtad a nuevos monarcas y exhibiciones prominentes en pueblos y ciudades.[3] Además de las teorías que vinculan el origen del Sol de Mayo con la heráldica europea, algunos sugieren una posible influencia masónica, relacionando el emblema con la iconografía de la Masonería.[1]

Uso en la bandera argentina y evolución del diseño

Diversos diseños del Sol de Mayo en banderas argentinas del siglo XIX, que reflejan la falta de reglamentación estandarizada del emblema durante ese período.

Algunos años después de que se acuñaran las primeras monedas en Potosí, el sol fue incorporado a la bandera nacional de Argentina. En un primer momento, el Congreso de Tucumán legalizó la bandera formada por tres franjas horizontales celeste, blanca y celeste como «bandera menor» hasta que se definiera la forma de gobierno que adoptarían las Provincias Unidas del Río de la Plata.[6] Aunque aún no se había definido dicha forma de gobierno, resultaba urgente definir una bandera para uso militar que diferenciara los buques de guerra de los mercantes.[6] Por ello, a principios de 1818, bajo el Director Supremo Juan Martín de Pueyrredón, se legisló que: «sirviendo a toda bandera nacional los dos colores blanco y azul en el modo y forma hasta ahora acostumbrados, sea distintivo peculiar de la bandera de guerra, un sol pintado en medio de ella».[6] El decreto no detalla el significado del sol ni su origen, limitándose a decretar su uso y la función de la nueva «bandera de guerra».[6] En la Constitución redactada en 1819 no se definió una forma de gobierno, por lo que la «bandera mayor» quedó sin regular, mientras que en la Constitución promulgada en 1826 se definió formalmente la forma republicana de gobierno, aunque la cuestión de la bandera fue olvidada.[6] En cambio, la «bandera de guerra» fue adoptándose gradualmente como una especie de «bandera mayor», representando al Estado nacional de manera amplia y no únicamente para fines militares, mientras que la versión sin sol quedó reservada para los buques mercantes y el uso civil.[6]

Vista de diferentes diseños del Sol de Mayo en diversas monedas acuñadas en Argentina durante el siglo XIX.

Aunque la legislación vigente exigía la inclusión de un sol en la bandera, no especificaba ningún detalle sobre su diseño, lo que dio lugar a una gran variedad de diseños solares a lo largo del siglo XIX, con diferencias en las proporciones, el número y la forma de los rayos, los rasgos del rostro y otros elementos.[6] Prácticamente no había dos banderas con el mismo sol y, en algunos casos, ciertos diseños llegaron a ser muy elaborados, reflejando los estilos ornamentados prevalecientes en la heráldica europea durante ese siglo.[6] Si bien la legislación no especificaba el color del sol, se asumía habitualmente que era amarillo —e incluso se designó bordado en oro en la banda del Director Supremo el mismo día en que se adoptó oficialmente la «bandera de guerra»—, durante la era de Juan Manuel de Rosas el rasgo distintivo fue el uso ocasional de un sol rojo,[6] ya que ese color era uno de los símbolos de adhesión al gobernador y a la causa federalista.[15] La ausencia de un diseño estandarizado del sol también se evidenció en la numismática, ya que la mayor parte de la moneda provincial presentó diseños solares variados, salvo las monedas de La Rioja, que replicaban las monedas potosinas de 1813 y 1815.[6] Entre los ejemplos notables de los diversos diseños solares que aparecen en su totalidad en una cara de moneda se encuentran los reversos de todas las monedas de la Provincia de Córdoba y los anversos de las monedas de cobre de la Confederación Argentina.[6]

El escudo nacional argentino, el Sol de Mayo y la bandera oficiales según lo reglamentado por el Decreto 10302/44 de 1944.

A fines del siglo XIX surgieron preocupaciones por la inconsistencia en los diseños de la bandera y el escudo, lo que impulsó a la Cancillería a regular los modelos utilizados en los consulados en 1885.[6] Hacia 1900, figuras como José Manuel Eizaguirre, Mariano Pelliza y Estanislao Zeballos comenzaron a investigar sobre banderas y escudos.[6] Zeballos abogó por un escudo nacional simplificado que se aproximara al diseño de la década de 1810.[6] Como Ministro de Relaciones Exteriores en 1907, oficializó su propuesta, aunque continuaron apareciendo diseños variados de escudos y soles en las banderas.[6] La reglamentación efectiva de los símbolos patrios no llegó hasta la década de 1940, impulsada por el historiador Dardo Corvalán Mendilaharsu, quien propuso que el sol de la bandera debía ser el mismo que el de las primeras monedas del país durante una conferencia que dictó en mayo de 1942 en la Academia Nacional de la Historia.[6] Dicha academia elevó un proyecto de ley al Poder Ejecutivo nacional para reglamentar el diseño del sol en la bandera, que nunca fue promulgado.[6] Tras el golpe de Estado de 1943, el nuevo gobierno militar, con la asesoría de Dardo Corvalán Mendilaharsu, estandarizó el diseño mediante el Decreto 5256/43.[6] Este decreto estipulaba que la bandera oficial y la banda presidencial de Argentina incorporaran el sol de las monedas potosinas de 1813, con treinta y dos rayos flamígeros y rectos alternados, coherentes con la disposición de las monedas, y designaba el amarillo dorado como el color del sol.[6]

Durante el gobierno del general Edelmiro Julián Farrell, el importante Decreto 10302/44 reglamentó los símbolos patrios y enunció una serie de declaraciones basadas en investigaciones históricas.[7] Reguló el diseño oficial de la bandera, el escudo nacional y el diseño del sol, que definió en términos similares a los del decreto anterior de 1943: «El sol que corresponde a la bandera oficial de la Nación y a la Banda del Jefe de Estado, es el sol figurado de la moneda de plata de ocho escudos y ocho reales que la Soberana Asamblea General Constituyente mandó grabar en la primera moneda argentina por Ley de 13 de abril de 1813, con los treinta y dos rayos flamígeros y rectos colocados alternativamente y en la misma posición que se observa en esa moneda. El color del sol será el amarillo del oro».[6][7] El decreto también determina quiénes están autorizados a usar la bandera con sol, permitiendo a los particulares utilizar únicamente la bandera sin sol.[7] Décadas más tarde, la Ley 23.208 de 1985, promulgada por el Decreto 1.541 del mismo año, estableció la bandera argentina con sol como única bandera nacional para todos, norma que se mantiene hasta hoy.[7]

En Uruguay

El Sol de Mayo tal como aparece en una moneda de peso uruguayo de 1869 (izquierda) y en el primer sello postal uruguayo de 1856 (derecha).

En 1828, al término de la Guerra Cisplatina, que enfrentó a las Provincias Unidas del Río de la Plata y al Imperio del Brasil por el control de la Banda Oriental, ambos países firmaron un acuerdo de paz con la mediación diplomática del Reino Unido de Gran Bretaña e Irlanda, dando origen al nuevo Estado independiente de Uruguay.[2] A fines de ese año, el nuevo Estado adoptó su primera bandera oficial, compuesta por 9 franjas blancas alternadas con 9 franjas celestes (en referencia a los nueve departamentos que componían el país en ese momento) y el Sol de Mayo en el ángulo superior izquierdo, tomando la simbología de la independencia argentina.[2] Posteriormente, pocos días antes de la jura de la Constitución en julio de 1830, se modificó el diseño de la bandera: las 9 franjas celestes se redujeron a 4, lo que sumó en total 9 franjas alternas y mantuvo así el simbolismo de los departamentos.[4] La ley también determinó que el diseño del sol debía ser el mismo que el del escudo nacional.[2]

El Sol de Mayo en la fachada del Teatro Solís en Montevideo.

El sol fue uno de los aspectos de la bandera uruguaya que más cambió con el tiempo, ya que la ley original de creación solo menciona «un cuadrado blanco en el que se colocará el sol», lo que resultó en la falta de reglamentación de su diseño.[4] A pesar de la gran variedad de estilos utilizados en el siglo XIX, el diseño más común del sol consistía en «un pequeño disco facetado (con rostro), con una multiplicidad de rayos rectos unidos a sus lados, de longitudes y anchos variables, más delgados en su base, de modo que formaba un 'círculo' exterior irregular con tantos puntos como rayos».[4] Este «sol radiante» con múltiples rayos rectos fue característico de la época, apareciendo en diversas formas en banderas, así como en monedas de 1840 a 1969, el primer sello postal uruguayo, la fachada del Teatro Solís y numerosos edificios públicos y publicaciones oficiales.[4] Algunas versiones incluso representaban un sol figurativo con rostro y cabello, como se observa en monedas de 1844 y 1869.[4]

La silla del general Juan Antonio Lavalleja, con un sol tallado que ha sido señalado como una influencia en el diseño del sol de la bandera uruguaya.

Hacia mediados del siglo XIX, el diseño comenzó a evolucionar hacia un sol más simple y uniforme, representado frecuentemente como un círculo con rayos de igual longitud.[4] Este estilo se evidencia en obras artísticas históricas, como la pintura de Pedro Blanes Viale El juramento de la Constitución de 1830 y las representaciones de banderas regimentales de Cándido López.[4] Registros fotográficos de la época, incluyendo un retrato de estudio de soldados de 1869 e imágenes de la revista de principios del siglo XX Rojo y Blanco, confirman la prevalencia de este diseño solar circular y radiante.[4] Estas fotografías, que capturan eventos como las celebraciones del Día de la Independencia de 1900 y la colocación de la piedra fundamental del Correccional de Mujeres, muestran banderas con soles grandes y compactos similares a los del escudo nacional.[4] Sin embargo, persistieron las variaciones, con algunas banderas que presentaban diseños únicos, como una con ocho rayos en punta sobre un pequeño círculo central, reflejo de la libertad creativa de los fabricantes de banderas.[4]

El diseño del Sol de Mayo en la bandera evolucionó de manera independiente a los cambios del escudo nacional, que experimentó revisiones significativas mediante leyes sancionadas en 1906 y 1908.[4] Mientras que el escudo adoptó un nuevo diseño solar en 1908, con siete rayos rectos y ocho flamígeros, el sol de la bandera mantuvo su forma radiante de múltiples rayos durante algún tiempo.[4] La ley de 1906 simplificó el escudo reemplazando los trofeos de guerra por ramas de olivo y laurel atadas con una cinta celeste, mientras que el decreto de 1908 introdujo un nuevo diseño solar de Miguel J. Coppetti, con siete rayos rectos alternados con ocho flamígeros.[4] Este diseño, llamativamente similar a un sol tallado en la silla del general Juan Antonio Lavalleja (conservada en el Museo Histórico Nacional), se ajustaba a las convenciones de la heráldica europea, que prescribían dieciséis rayos alternados entre rectos y ondulantes para los símbolos solares.[4] A pesar de estos cambios en el escudo, el sol de la bandera mantuvo su forma radiante de múltiples rayos hasta bien entrados los años veinte.[4]

No fue hasta la década de 1920 que el sol de la bandera comenzó a aproximarse más al diseño moderno, incorporando rayos alternados rectos y flamígeros.[4] Esta transición se hizo más pronunciada hacia 1930, como se observa en fotografías de la primera Copa Mundial de Fútbol, donde la bandera mostraba un sol muy similar al actual.[4] La armonización entre la bandera y el escudo se concretó en 1952, cuando un decreto especificó el diseño de la bandera, estableciendo un sol dorado con dieciséis rayos —alternados entre rectos y flamígeros— inscrito en un cuadrado blanco, lo que formalizó el diseño moderno del Sol de Mayo uruguayo.[4] En 1930, la bandera mostraba un sol con rayos alternados rectos y flamígeros, como se aprecia en fotografías de la primera Copa Mundial de Fútbol, muy similar al diseño actual.[4] Se produjo una alineación gradual entre el Sol de Mayo de la bandera y el del escudo, impulsada por el uso práctico más que por la legislación formal.[4] La armonización de estos símbolos nacionales no fue codificada oficialmente hasta el 18 de febrero de 1952, cuando un decreto del Poder Ejecutivo estableció las características definitivas de la bandera: franjas blancas y azules, con un Sol de Mayo dorado ocupando un cuadrado blanco, compuesto por un círculo radiante con rostro y dieciséis rayos —alternados entre rectos y flamígeros—, con un diámetro de 1,2 veces el ancho del cuadrado blanco.[4]

Véase también

Referencias

Enlaces externos

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