Confederación Argentina

país de América del Sur (1831-1861) From Wikipedia, the free encyclopedia

La Confederación Argentina fue el nombre de la actual República Argentina entre 1831 y 1861. También es el nombre más habitualmente usado para los dos períodos históricos que ocupan ese lapso de tiempo, esencialmente distintos en cuanto a la organización institucional: entre 1831 y 1853 no existió ninguna constitución nacional, y entre 1853 y 1861, la provincia de Buenos Aires se mantuvo segregada del conjunto de las demás provincias.

Datos rápidos Coordenadas, Capital ...
Confederación Argentina
Período histórico
1831-1861


Bandera[a]
(c. 1840-1852)

Escudo[b]
(c. 1830-1852)

Himno: Himno Nacional Argentino
noicon

Mapa de la Confederación Argentina (y sus países limítrofes) hacia 1846 (aproximadamente). Las zonas de control no efectivo se muestran en verde más claro.
Coordenadas 31°43′56″S 60°31′43″O
Capital Buenos Aires
(1831-1854)
Paraná
(1854-1861)
Entidad Período histórico
Idioma oficial Castellano
Gentilicio Argentino, -a
Religión Catolicismo
Moneda Peso Moneda Corriente
Período histórico Mediados del siglo XIX
 • 4 de enero
de 1831
Firma del Pacto Federal
 • 7 de marzo
de 1835
Segundo gobierno de Juan Manuel de Rosas
 • 1832-1833 Invasión británica de las Malvinas
 • 3 de febrero
de 1852
Batalla de Caseros
 • 11 de septiembre
de 1852
Secesión del Estado de Buenos Aires
 • 1 de mayo
de 1853
Constitución de 1853
 • 18 de septiembre
de 1861
Batalla de Pavón
 • 12 de diciembre
de 1861
Disuelta
Forma de gobierno Confederación
(1831-1853)
República federal
(1853-1861)
Gobernador
• 1835-1852

Juan Manuel de Rosas
Presidente
• 1852-1852
• 1854-1860
• 1860-1861

Vicente López y Planes
Justo José de Urquiza
Santiago Derqui
Precedido por
Sucedido por
Provincias Unidas del Río de la Plata (1831)
(1861) República Argentina
(1852) Estado de Buenos Aires
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Su origen suele situarse en la firma del Pacto Federal del 4 de enero de 1831 entre las provincias de Buenos Aires (que entonces incluía a la ciudad homónima), Entre Ríos, Santa Fe y Corrientes, al que adhirieron durante los dos años siguientes las restantes provincias existentes. Según la interpretación predominante en la historiografía argentina, este proceso marcó el fin de las Provincias Unidas del Río de la Plata y el surgimiento de un nuevo orden confederal.

La consolidación de este sistema se produjo con la reelección de Juan Manuel de Rosas como gobernador de la provincia de Buenos Aires en 1835. Ese mismo año, la Junta de Representantes de Buenos Aires le otorgó la «suma del poder público» y le delegó la conducción de las relaciones exteriores de la Confederación. Durante los 17 años siguientes, Buenos Aires ejerció una posición predominante dentro del sistema confederal.

La oposición al rosismo estuvo integrada principalmente por el Partido Unitario, cuyos principales referentes debieron exiliarse a Uruguay. También surgieron sectores disidentes dentro del propio federalismo, críticos del liderazgo personalista de Rosas y de los métodos represivos empleados por organizaciones como La Mazorca.

La época rosista concluyó en 1852, cuando el gobernador de Entre Ríos, Justo José de Urquiza, encabezó un pronunciamiento contra Rosas y organizó el Ejército Grande, integrado por fuerzas entrerrianas, correntinas, de unitarios exiliados y contingentes extranjeros, entre ellos tropas del Imperio del Brasil.

Después de la batalla de Caseros, en la que Urquiza venció a Rosas, invitó a los gobernadores de las demás provincias a una reunión en San Nicolás de los Arroyos. Allí los gobernadores firmaron el Acuerdo de San Nicolás, por el cual nombraron a Urquiza como director provisorio de la Confederación y convocaron a un Congreso General Constituyente en la ciudad de Santa Fe.

La provincia de Buenos Aires no estuvo de acuerdo con la forma en que se organizó el Congreso, lo que llevó a la secesión de la misma, dando origen al Estado de Buenos Aires en 1852. Este último entró repetidamente en guerra con el resto de la Confederación y se enfrentó con ella en la batalla de Pavón en 1861. El triunfo de Buenos Aires significó el fin de la Confederación, la reunificación nacional —a costa de las autonomías federales provinciales— hegemonizada por la élite liberal instalada en la ciudad de Buenos Aires y la aplicación de la Constitución de 1853 en todo el territorio.

En la actualidad, «Confederación Argentina» continúa siendo uno de los nombres oficiales del Estado argentino, junto con «Provincias Unidas del Río de la Plata» y «República Argentina», de acuerdo con lo dispuesto por el artículo 35 de la Constitución de la Nación Argentina.

Antecedentes

La Revolución de Mayo y la independencia: 1810-1820

La Revolución de Mayo de 1810 ocasionó el colapso del virreinato del Río de la Plata, que había sido creado en 1776 y dominada efectivamente la actual Argentina y Bolivia. Se conformó una junta de gobierno autónoma, que juraba fidelidad al rey de España Fernando VII y desconocía la autoridad del Consejo de Regencia de España e Indias en la península ibérica. Este es el punto de arranque para las denominadas Provincias Unidas del Río de la Plata y, según la historiografía argentina, del Estado argentino.[9]

A partir de principios de 1814 se formó un inorgánico Partido Federal, que al año siguiente intentó organizarse en la Liga Federal, una confederación asentada en el Congreso de Oriente: una parte de las Provincias Unidas adoptó el sistema federal de gobierno, enfrentado al centralismo del gobierno directorial, iniciándose las guerras civiles argentinas.[10]

A su vez, en julio de 1816, las provincias sometidas al gobierno central —más la provincia de Córdoba, gobernada en ese entonces por los federales— declararon oficialmente la independencia en el Congreso de Tucumán.[11] Para ese entonces, los ejércitos rioplatenses enfrentaban a las fuerzas del Imperio español en varios frentes simultáneos, mientras los federales iniciaban su lucha contra la invasión lusobrasileña en la Provincia Oriental.

Las autonomías provinciales y la presidencia de Rivadavia

En 1820, tras el motín de Arequito y la batalla de Cepeda, que causaron la disolución del Congreso de Tucumán y del gobierno directorial, cada provincia pasó a gobernarse por sí misma. Esta situación pareció comenzar a revertirse a partir de 1824, con la reunión del Congreso General Constituyente.[12] El estallido de la guerra del Brasil al año siguiente aceleró el proceso de formación de un nuevo gobierno central, dirigido por el flamante presidente Bernardino Rivadavia, pero las negociaciones de este con el Imperio de Brasil y su apoyo al Partido Unitario en la renacida guerra civil causó un descontento generalizado tanto en la capital como en las provincias interiores.[13]

El gobierno nacional y el Congreso fueron nuevamente disueltos,[13] se perdieron las provincias de Tarija —incorporada a Bolivia mientras las Provincias Unidas estaban en guerra contra Brasil—[14] y la Oriental, la cual —debido a las presiones del Reino Unido y del Brasil— se independizó como Estado Oriental del Uruguay.[15]

Segunda guerra entre unitarios y federales

Retrato de Manuel Dorrego

En 1828 se produjo el derrocamiento y fusilamiento del gobernador de Buenos Aires, Manuel Dorrego, ordenado por el general Juan Lavalle, un acérrimo partidario del unitarismo. Lavalle sin embargo debió enfrentar la crisis que el mismo había ocasionado. El gobernador de Santa Fe, Estanislao López, y el comandante y gran hacendado, Juan Manuel de Rosas, pusieron sitio a Lavalle, obligándolo a acordar la paz con Rosas y sus aliados. En el Pacto de Cañuelas se acordó fecha para nuevas elecciones de la Junta de Representantes de Buenos Aires, que debían tácitamente ser favorables a los deseos de Rosas.

Los unitarios porteños interpretaron este acto de Lavalle como una traición, y si bien se formó la lista de unidad, en la víspera de la elección, presentaron una segunda lista, formada únicamente por unitarios. Dominada la ciudad por las tropas del ejército unitario, la lista rebelde triunfó sin problemas. Rosas desconoció la elección y mantuvo el sitio en Buenos Aires. El designado para reemplazarlo no fue el mismo Rosas, sino el general Juan José Viamonte, quien debía de inmediato convocar a nuevas elecciones legislativas. Tres meses y medio duró su gestión.[16]

Retrato de José María Paz en 1830.

El conflicto se extendió al resto del país, en gran medida, a partir de la situación política en Córdoba. El general unitario José María Paz intentó revertir el predominio federal avanzando sobre su provincia natal. Años antes, en 1820, Paz y Bustos habían encabezado conjuntamente el motín de Arequito, oponiéndose a que el Ejército del Norte fuera empleado para combatir a las fuerzas federales que amenazaban Buenos Aires. Ambos acordaron entonces respaldar el establecimiento en el gobierno cordobés de los dirigentes de la facción federal local, que hasta ese momento buscaban una alianza con las fuerzas artiguistas. Sin embargo, ese entendimiento fue breve: Bustos consolidó su propio poder, se distanció tanto de los federales cordobeses como de Paz, quien en ese momento se identificaba con el federalismo local de la provincia.[17]

Historia

Primer gobierno de Rosas: 1829-1832

Nombramiento

Retrato de Juan Manuel de Rosas en 1829.

El 1 de diciembre la Junta de Representantes volvió a funcionar; pocos días después, eligió a Juan Manuel de Rosas como gobernador de la provincia de Buenos Aires y le otorgó «todas las facultades ordinarias y extraordinarias que creyera necesarias, hasta la reunión de una nueva legislatura». Además se le otorgaba a Rosas el título de «Restaurador de las Leyes».[18][19]

Represión y persecución política

Los unitarios fueron sistemáticamente estigmatizados y responsabilizados por los principales conflictos y dificultades que atravesaba la provincia. En mayo de 1830, en el marco de la guerra contra Paz, el gobierno de Rosas promulgó un decreto que establecía: «que todo el que sea considerado autor o cómplice del suceso del día 1º de diciembre de 1828, o de alguno de los grandes atentados cometidos contra las leyes por el gobierno intruso que se erigió en esta ciudad en aquel mismo día... será castigado como reo de rebelión, del mismo modo que todo el que de palabra o por escrito o de cualquier otra manera se manifieste adicto al expresado motín».[20]

Esta disposición implicó el desconocimiento de las cláusulas de paz suscriptas entre Lavalle y Rosas en 1829, mediante las cuales ambas partes se habían comprometido a respetar una amplia amnistía. Asimismo, restringió significativamente las libertades de prensa y de expresión. Cabe señalar que estas limitaciones no se iniciaron con el gobierno de Rosas, ya que durante la administración de Dorrego se habían impuesto restricciones a la libertad de prensa consagrada por la ley de 1821; sin embargo, dichas restricciones se profundizaron durante su primer gobierno.[20]

El control que el gobierno buscó ejercer sobre la oposición mediante leyes y decretos se complementó con una serie de medidas simbólicas destinadas a reafirmar la hegemonía del Partido Federal. Entre ellas, la más representativa fue la adopción de la divisa punzó, un distintivo de color rojo que constituía un símbolo de adhesión al federalismo. Habitualmente consistía en una cinta roja, denominada «divisa punzó», que los hombres llevaban en el pecho o en el sombrero, mientras que las mujeres solían usarla en el cabello.[20]

Retrato del cónsul Martín Iraola Esnaola y su nieto (1840). El niño luce una insignia circular con el lema «Federación o Muerte» y su abuelo una con retrato e idéntico lema.

Poco después de asumir la gobernación, Rosas dispuso mediante el siguiente decreto la obligatoriedad de su uso para los empleados públicos de la provincia:[20]

Art. 1º A los 30 días de la publicación de este decreto todos los empleados civiles y militares, incluso los jefes, los oficiales de milicia, los seculares y eclesiásticos que por cualquier titulo gocen de sueldo, pensión o asignación del distintivo de color punzó, colocado visiblemente en el lado izquierdo del pecho.
[...]
Art. 3° Los empleados militares incluso los jefes y oficiales de milicia; las fuerzas de línea; en suma las que componen el ejército de la provincia y las de milicia en servicio, llevarán en la divisa la inscripción Federación o Muerte. Los demás comprendidos en los artículos anteriores usarán de la inscripción Federación.
[...]
Art. 4º Los que contravinieren a lo dispuesto, si fuesen empleados serán suspensos inmediatamente de sus empleos por sus respectivos jefes o magistrados de quienes dependan, que cuidarán de hacerlo indefectiblemente bajo la más estrecha responsabilidad, dando cuenta al Gobierno por el ministerio que corresponda para la resolución más conforme.
Decreto del 3 de febrero de 1832[21]

Quienes prescindían de ella podían ser identificados como opositores al gobierno y quedar expuestos a diversas formas de persecución o sanción.[20]

La Liga Unitaria

Mientras en Buenos Aires parecía restablecerse un clima de orden, la situación en el interior del país continuaba siendo profundamente inestable. Los conflictos entre provincias resurgieron y la guerra civil se reanudó con particular intensidad. A pesar de las victorias militares obtenidas por Facundo Quiroga tras enfrentarse abiertamente a los unitarios, hacia 1829 las provincias interiores distaban de constituir un bloque político homogéneo. Si bien las provincias andinas —La Rioja, Catamarca, Mendoza, San Luis— permanecían bajo la influencia del caudillo riojano, la situación era diferente en Salta y Tucumán. La primera continuaba bajo el control de sectores unitarios, mientras que en la segunda el gobernador Javier López, instalado por Quiroga, comenzó a distanciarse de su liderazgo. En Santiago del Estero, Felipe Ibarra mantuvo una posición relativamente neutral y, en Córdoba, Juan Bautista Bustos enfrentaba dificultades para consolidar su autoridad interna, aunque reafirmó su alianza con Quiroga.[17]

El 5 de julio de 1830, el general Paz promovió la formación de la Liga Unitaria. Mediante la intervención directa de sus fuerzas o el apoyo a gobiernos afines, varias provincias quedaron bajo la órbita política del unitarismo y se incorporaron a la Liga. El nuevo bloque político-militar surgió con el objetivo de coordinar la acción de las provincias unitarias y contrarrestar la influencia de Rosas y de los gobernadores federales aliados.[17]

Pacto Federal

La situación política de la Argentina en enero de 1831.
  Pacto Federal
  Liga Unitaria

Los primeros contactos para la formación de una alianza entre las provincias federales tuvieron lugar en la ciudad de Santa Fe el 20 de julio de 1830. A la reunión asistieron los diputados Domingo Cullen por Santa Fe, Diego Miranda por Entre Ríos, Pedro Ferré por Corrientes y José María Roxas y Patrón por Buenos Aires. Las negociaciones fueron fructíferas y el 4 de enero de 1831 las provincias reunidas suscribieron el Pacto Federal.

No logró establecer leyes en común ni un gobierno central. Gradualmente se fue adoptando la denominación «Confederación Argentina» para el conjunto, que se reconocía como parte de un Estado, pero no se dio instituciones políticas ni legales en común. El nombre se generalizó a partir del inicio del segundo mandato de Rosas.[22]

El interregno: 1832-1835

En 1832, Rosas fue reelecto como gobernador. Sin embargo, condicionó su continuidad con la permanencia de las facultades extraordinarias que le habían sido otorgadas. La Junta de Representantes no aceptó, por lo que Rosas dimitió de forma indeclinable.[23]

En su lugar fue elegido Juan Ramón Balcarce, quien ya había sido gobernador intendente en dos ocasiones, y jefe de los federales porteños no rosistas, a quien Rosas entregó el gobierno el 18 de diciembre de 1832.

Invasión y ocupación británica de las islas Malvinas

Puerto Soledad en 1829

En diciembre de ese mismo año la fragata estadounidense USS Lexington, al mando del comandante Silas Duncan, arribó a la comandancia política y militar de las Islas Malvinas con el objetivo de atacar el Puerto Soledad (capital de las Islas Malvinas por ese momento).[12] Se trataba de una represalia a la continua captura de buques estadounidenses entre 1829 y 1831, debido a las normas que regulaban la pesca en el Mar Argentino.

La fragata británica HMS Clio, que ocupó las islas Malvinas.

Cuando el escocés Mateo Brisbane, antiguo colaborador de Luis Vernet, llegó a las islas Malvinas el 3 de marzo de 1833, tomó conocimiento de la reciente ocupación británica. Sin demora, decidió colaborar con las nuevas autoridades. Gracias a la confianza que ganó entre los ocupantes, mantuvo en sus cargos al francés Jean Simon, quien se desempeñaba como capataz desde la época de Vernet, y al irlandés William Dickson, encargado de la despensa de las islas. Según diversos relatos, tanto Simón como Dickson sometían a los peones a duras condiciones laborales. Les pagaban con vales que, además, no eran aceptados en la única despensa del lugar, administrada por el propio Dickson. A esto se sumaba la prohibición impuesta por Simon de faenar ganado, lo que agravó aún más la situación de los trabajadores. El creciente descontento desembocó en una rebelión el 26 de agosto de 1833, encabezada por el gaucho entrerriano Antonio Rivero. Junto a él participaron dos criollos y cinco indígenas. Durante el levantamiento murieron Brisbane, Dickson, Simon y otros extranjeros presentes en las islas. Tras la sublevación, los rebeldes volvieron a izar la bandera argentina y mantuvieron el control del asentamiento durante aproximadamente cinco meses, con la esperanza de recibir apoyo desde Buenos Aires, una ayuda que finalmente nunca llegó.[24]

Los que sí llegaron fueron los ingleses. El 7 de enero de 1834, a bordo de la fragata Challenger, arribó el teniente Henry Smith para asumir como gobernador británico en las islas. Rivero y sus hombres resistieron heroicamente durante dos meses, hasta que fueron capturados el 18 de marzo y enviados a Londres para ser juzgados. El tribunal británico no encontró méritos para juzgar a los resistentes y los devolvió a Buenos Aires.[24]

Campaña de Rosas al Desierto

Segundo gobierno de Rosas: 1835-1852

El 11 de junio de 1835, el gobernador Rosas decretó el restablecimiento del 9 de julio como fecha patria separada del 25 de mayo, derogando el impopular decreto del 6 de julio de 1826,[25] que el presidente Bernardino Rivadavia había promulgado con fines comerciales.

Bloqueo anglo-francés

Batalla de Caseros y derrota de Rosas

Año tras año, Rosas presentaba su renuncia al manejo de las relaciones exteriores de la Confederación, alegando problemas de salud. Sin embargo, lo hacía con la certeza de que su dimisión no sería aceptada, lo que le permitía mantener el control de esa función.[26]

En 1851, el gobernador de Entre Ríos, Justo José de Urquiza, dio un paso decisivo al emitir un decreto conocido como el Pronunciamiento de Urquiza, mediante el cual aceptó la renuncia de Rosas y reasumió para su provincia la conducción de las relaciones exteriores. Aunque era federal y hasta entonces había sido uno de los principales sostenes del régimen rosista, Urquiza decidió romper con ese orden político y encabezar su oposición.[26]

Consciente de que esta medida equivalía a una declaración de guerra contra el gobierno de Rosas, Urquiza esperaba que las demás provincias respaldaran su iniciativa. No obstante, solo Corrientes se adhirió al pronunciamiento. En Buenos Aires ocurrió lo contrario: el episodio fue aprovechado para reavivar la movilización popular en favor de Rosas. Urquiza fue calificado de «loco», mientras que la ciudad volvió a ser escenario de las habituales manifestaciones de apoyo al federalismo.[26]

En su levantamiento, Urquiza contó con el respaldo de Corrientes y de numerosos opositores al régimen que se encontraban exiliados. En cambio, los gobernadores de las demás provincias permanecieron fieles a Rosas.[26]

Para enfrentar al gobierno rosista se organizó el Ejército Grande, integrado en partes iguales por tropas entrerrianas y fuerzas provenientes de Corrientes, Brasil y la Banda Oriental. Esta alianza militar permitió desarrollar la campaña que culminó con la batalla de Caseros, donde las fuerzas de Urquiza obtuvieron la victoria. La derrota de Rosas puso fin al orden político vigente y convirtió a Urquiza en la figura central del nuevo escenario. Sin embargo, el triunfo también planteó un importante desafío: cerca de cincuenta mil hombres permanecían armados y, de ellos, aproximadamente la mitad pertenecía al ejército vencido, que había quedado sin conducción y sin un destino claro.[26]

La Confederación constitucional: 1852-1861

Congreso General Constituyente

Pintura que ilustra la batalla de Caseros.

Urquiza invitó a los gobernadores de las demás provincias a una reunión en San Nicolás. Allí, los gobernadores firmaron el Acuerdo de San Nicolás, por el cual nombraron a Urquiza como director provisorio de la Confederación y convocaron a un Congreso General Constituyente en la ciudad de Santa Fe.[27] En el congreso participaron diputados de todas las provincias, cada una de las cuales debía mandar a dos diputados que las represente. Pero una de ellas, Buenos Aires, no aceptó.[28]

En San Nicolás, se establecía que la Constitución debía establecer un sistema de gobierno federal. Los ríos Paraná y Uruguay podrían ser navegados libremente, tal como querían las provincias del Litoral. Al no firmar el acuerdo de San Nicolás, la provincia de Buenos Aires se separa de la Confederación y en 1854, establece su propia constitución.[28]

Cada provincia tenía un gobierno propio, con su propia constitución y autoridades.

Quedaron entonces incorporadas a la Confederación las provincias de Entre Ríos, Corrientes, Tucumán, Salta, Jujuy, Santiago del Estero, Catamarca, Córdoba, La Rioja, San Juan, San Luis y Mendoza.

Secesión de Buenos Aires

Placa en la plaza de la Confederación Argentina, Paraná. Conmemora la designación de la ciudad como capital provisoria.

No obstante, la provincia de Buenos Aires se negó a participar en el nuevo Estado, separándose con el nombre de Estado de Buenos Aires luego de la Revolución del 11 de septiembre de 1852. Su secesión se debió a que la élite comercial en Buenos Aires no aceptaba los nuevos regímenes económicos establecidos en la Constitución, basadas en la libertad de comercio en todo el territorio, la libre navegación de los ríos y la distribución proporcional de las rentas nacionales; derechos que hasta entonces detentaba solamente la ciudad de Buenos Aires.[29]

La Confederación Argentina y el Estado de Buenos Aires, 1858.

La situación económica y política de cada una de las provincias eran muy distintas. Buenos Aires gozaba de una creciente prosperidad económica, ya que sus gobernantes seguían controlando la aduana, y recibían los beneficios de las rentas aduaneras. La Confederación, en cambio, apenas podía pagar los sueldos de sus funcionarios y carecía de recursos suficientes para afrontar sus gastos.

Retrato de Bartolomé Mitre con su uniforme militar en 1861.

El régimen establecido en la ciudad y la provincia de Buenos Aires, acaudillado por líderes unitarios tales como Valentín Alsina y Bartolomé Mitre, retiró sus representantes del Congreso Constituyente antes de que este adoptara la Constitución. Igualmente, se negó a tomar parte tanto en la elección de las autoridades nacionales como en aceptar su autoridad.[30]

Presidencia de Urquiza: 1854-1860

El 5 de marzo de 1854 fueron elegidos presidente y vicepresidente el general Justo José de Urquiza y el doctor Salvador María del Carril, quienes se trasladaron con sus ministros a Paraná.

Presidencia de Derqui: 1860-18601

Interinato de Pedernera

La batalla de Pavón y la disolución de la Confederación

Batalla de Pavón, ocurrida el 18 de septiembre de 1861, en la que se enfrentaron la Confederación Argentina y el Estado de Buenos Aires, con la victoria de esta última.

Antes de la reforma constitucional de 1860, se usaba «Confederación Argentina» en el preámbulo y artículos; no obstante, tras esta y al reincorporarse la provincia de Buenos Aires a la Confederación, se reemplazaron esas menciones por «Nación Argentina». De todos modos, el artículo 35 de la Constitución declara que el nombre de Confederación Argentina sigue siendo uno de los nombres oficiales del país.[31]

No obstante, la historiografía argentina suele utilizar el nombre de Confederación Argentina a todo el período que termina con la caída del gobierno de Derqui y Pedernera, a fines de 1861, como netamente separado del período inmediatamente posterior, dominado por los líderes unitarios y porteñistas.

La batalla de Pavón fue un enfrentamiento en el marco de conflictos civiles que sucedieron luego del proceso de independencia de Argentina. Se desarrolló el 18 de septiembre de 1861 en las cercanías del arroyo Pavón al sur de Santa Fe, lugar de donde esta batalla recibe su nombre.

El vencedor de esta contienda fue el Estado de Buenos Aires, logrando en consecuencia la incorporación de Buenos Aires como central política de todo el territorio. Tras casi un año de acefalía, asumió la presidencia el exgobernador porteño Bartolomé Mitre.

Véase también

Notas

  1. Durante la época de Rosas, que va desde 1829 a 1852, el color predominante en las banderas argentinas fue el azul y sus tonalidades. No existió un solo diseño estándar, los regimientos de los ejércitos rosistas usaban banderas azules con inscripciones varias como «¡Mueran los salvages unitarios!» y «¡Viva la santa federación!».[1][2] En el Museo Histórico Nacional se encuentran dos banderas argentinas que fueron tomadas durante la batalla de la Vuelta de Obligado. En la primera, tomada por los franceses, se observa una bandera azul con cuatro gorros frigios y un sol rojo con rostro.[3] En la segunda, tomada por los británicos, solo esta presente el sol rojo con rostro.[4]
  2. El diseño del escudo argentino, adoptado por primera vez por la Asamblea del Año XIII, no fue estandarizado hasta el siglo xx. Fue común encontrar varios diseños distintos en los documentos oficiales, consulados, ministerios y monedas. Durante la época de Rosas (1829-1852), se empleó también un escudo con esta misma ornamentación pero con catorce estandartes en los que figuraban los escudos provinciales.[5][6] En el Museo Histórico Nacional se encuentra una proclama por la cual Rosas ordena cesar el luto de su esposa, Encarnación Ezcurra. En la parte superior se observa la variante rosista.[7] El mismo se replica en un certificado de alta de la milicia provincial porteña, conservada en el mismo Museo.[8]. Tras derrocar al gobierno rosista en 1852, Justo José de Urquiza quedó a cargo de la Confederación y abandonó todos los símbolos rosistas hasta entonces existentes.

Referencias

Bibliografía

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