Sonata para violín n.º 2 (Ravel)
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La Sonata para violín n.º 2 en sol mayor es una pieza para violín y piano compuesta por Maurice Ravel entre 1923 y 1927. La obra tiene una inspiración de música estadounidense de jazz y de blues.[1]
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Parte de la obra musical de Ravel es una importante contribución al repertorio violinístico. Cada una de esas piezas es una inspiración de géneros únicos, además de que dicho repertorio demanda al ejecutante cierta complejidad técnica, sensibilidad y habilidad interpretativa para los diferentes estilos propuestos por el compositor. Algunas dificultades de estas piezas reflejan la exploración que hizo Ravel del instrumento creando diferentes colores y sonoridades con diferentes técnicas como pizzicatos, armónicos, glisandos, ricochet,[3] etc. Y de igual manera el tratamineto que da al violín para conferirle tanto el papel de instrumento solista como el de acompañante.[4]
Esta sonata para violín y piano fue de los últimos trabajos escritos por Ravel en el año de 1923, teniendo algunos bocetos anteriores; su estilo compositivo para dichos instrumentos fue determinante. La obra finalizó En el año de 1927, mismo año en que Ravel comenzó a escribir “Tzigane” entre otras obras. Para Tzigane, Ravel pidió algunas orientaciones técnicas del instrumento a la violinista Helene Jourdan-Morhange para ver qué posibilidad había de ejecutar ciertos pasajes y de igual forma le pedía sugerencias sobre fraseo, uso del arco y digitaciones; y aunque ella fue la escogida para ser la primera en estrenar la obra, fue imposible al reumatismo que padeció, mismo que terminó con su carrera. A pesar de ello Ravel decidió dedicarle la obra diciéndole “No será difícil y no te esguinsarás tu muñeca”. La sonata fue estrenada en el año el 30 de mayo de 1927 interpretada por el violinista Georges Enescu y Ravel al piano, la obra tuvo gran impacto para los críticos quienes centraron su atención en el carácter. Ravel pensaba que estos dos instrumentos eran “incompatibles” y lejanos de equilibrar sus contrastes, y aunque ambos eran de cuerdas eran muy diferentes; mientras el piano martillaba la cuerda, su sonido se iba extinguiendo a diferencia del violín puede perdurar el sonido por más tiempo e incluso puede variar el timbre y de igual forma tiene la capacidad de deslizarse por el instrumento con un sonido continuo. Así pues dicha sonata refleja esa incompatibilidad que menciona el compositor y explota los recursos de cada instrumento.
En su gira por Estados Unidos en 1928, utilizó este movimiento blues para tratar de convencer a los críticos de que el jazz era el camino a seguir para la música estadounidense, y no podía entender por qué insistían en considerarlo irrespetuoso. Posiblemente fueron conscientes de la resaca del dolor en el movimiento. Si es así, el implacable final solo confirmó que este no era un trabajo típico de los Silly Twenties. Una versión anterior de este movimiento había sido más lírica pero, según Ravel, no era adecuada para el trabajo ... y así terminó en el fuego. El público estadounidense no sabía que Ravel les estaba haciendo un cumplido al emular a Edgar Allan Poe, quien escribió sobre el clímax de su poema El cuervo: "Si hubiera podido, en la composición posterior, construir estrofas más vigorosas, deberían, sin escrúpulos, haberlos debilitado a propósito, para no interferir con el efecto climatérico.[5]