El presidente de la compañía, José Manuel Vidal Zapater, quiso modernizar los procedimientos de grabación de sus discos para que sy calidad de sonido igualase al de las discográficas extranjeras que distribuía.[5] El edificio de Hispavox en la calle Torrelaguna disponía de todo lo necesario para cada una de las fases de la cadena de producción de discos: oficinas, almacén, fábrica y unos estudios de grabación de más de 200 metros cuadrados equipados con tecnología moderna. En estos estudios se llegaron a grabar más de 100 discos al año.[4] En 1967 incorporaron una mesa de mezclas de 48 canales con un magnetofón de 12 pistas, una tecnología muy avanzada para la época.[2]
Para liderar el departamento artístico, la discográfica contrató al productor Rafael Trabucchelli, al arreglista Waldo de los Ríos y al ingeniero de sonido Mike Llewewyn Jones con el objetivo de modernizar la música que publicaba.[4] Este equipo contribuyó a perfeccionar los discos de los grupos de pop de finales de los años 1960 y actualizar la música de los cantautores. Waldo de los Ríos era el encargado de añadir los arreglos orquestales a las canciones. Según José María Díez Monzón, autor del libro Hispavox. El sonido de una década, Waldo de los Ríos había trabajado en Miami y contaba con un bagaje musical amplio, lo que unido a unos estudios de grabación modernos y a un presupuesto holgado, daba como resultado unas grabaciones de calidad. En aquella época, Waldo de los Ríos gozaba de un buen prestigio profesional, que se evidenció en la portada del disco «Himno a la alegría», donde su nombre aparecía casi con el mismo tamaño que el de Miguel Ríos.[1]
La canción era una reinterpretación pop de la novena sinfonía de Beethoven y logró tener éxito en muchos países durante las navidades de 1969 y en 1970, siendo grabada en varios idiomas. Esta aceptación animó a Waldo de los Ríos a grabar discos interpretando a compositores de música clásica de forma moderna. En 1971, Karina, con De los Ríos como director de orquesta, alcanzaría la segunda posición en el Festival de Eurovisión con la canción «Un mundo nuevo».[6]
Trabucchelli y De los Ríos importaron a España el muro de sonido ideado por el productor estadounidense Phil Spector, que experimentaba con la estereofonía, la reverberación y las capas superpuestas de instrumentos.[7] También contaban con buenos músicos de estudio, que además de servir de apoyo a los artistas conocidos, grababan discos instrumentales que publicaba la compañía.[2]
La forma de trabajar de Trabucchelli con los artistas consistía en reproducir en un magnetofón varias canciones y ellos elegían las que deseaban interpretar. Después, Trabuchelli se sentaba al piano y ensayaban juntos el estilo que querían dar a los temas en el disco. La cantante Karina declaró que creía que algunas canciones que le asignaban eran demasiado ingenuas, pero Trabucchelli y De los Ríos normalmente la convencían para que las interpretara.[2]
En 1973, Trabucchelli perdió la confianza de la dirección de Hispavox por una serie de problemas en la compañía y fue relevado por Raúl Matas como nuevo director artístico. Trabucchelli siguió produciendo a artistas del sello, pero en menor cantidad.[8]
Con la llegada de la movida madrileña, la compañía grabaría discos para Alaska y los Pegamoides, Alaska y Dinarama, Radio Futura, Nacha pop o Ramoncín[9] y finalmente en 1984, sería vendida a la multinacional EMI. El edificio de la calle Torrelaguna se puso en venta y fue derribado. Parte de los archivos sonoros que documentaban el sonido Torrelaguna se perdieron en el traslado y también se quemó material que en aquellos momentos se consideraba inservible.[8] Durante su carrera, Rafael Trabuchelli produjo más de 1300 discos[2] y Waldo de los Ríos consiguió más de 75 discos de oro.[7]