Sredni Vashtar
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| Sredni Vashtar | ||
|---|---|---|
| de Saki | ||
| Género | cuento | |
| Subgénero | Literatura fantástica | |
| Edición original en inglés | ||
| Título original | Sredni Vashtar | |
| Publicado en | Las crónicas de Clovis | |
| Tipo de publicación | impreso | |
| País | Reino Unido | |
| Fecha de publicación | 1912 | |
«Sredni Vashtar» es un cuento escrito por Saki (Hector Hugh Munro), entre 1900 y 1911, y publicado por primera vez en su libro Las crónicas de Clovis (The Chronicles of Clovis) en 1912. Tiene adaptaciones en ópera, películas, radio y televisión.
Conradín, un niño enfermizo de diez años, vive al cuidado de su tía, la señora de Ropp, quien «ni en los momentos de mayor franqueza, se confesaba que no quería a Conradín», y a quien él odia.[1] El muchacho depende de su imaginación vívida para sobrevivir y para escapar de la realidad. En rebelión contra el cuidado opresivo que le propicia la señora de Ropp, Conradín cuida a dos animales en un establo abandonado: una gallina de Houdán, que quería mucho, y un hurón de los pantanos, animal al que teme y mantiene encerrado en un cajón. Gradualmente, comienza a adorar al hurón como si fuera un dios y le da el nombre de Sredni Vashtar. Lleva a cabo rituales una vez por semana, en los que le ofrece flores y frutas escarlatas, además de nuez moscada en ocasiones especiales.
La señora de Ropp se preocupa por las visitas de Conradín al establo. Cuando descubre la gallina, la vende, y le anuncia este hecho al niño, esperando que proteste, pero para su sorpresa, él no responde. En secreto, modifica sus rituales de adoración y le suplica: «Hazme un favor, Sredni Vashtar».[2]
Como las visitas de Conradín al establo continúan, la señora de Ropp investiga y descubre al hurón encerrado. Pensando que se trataba de conejillos de Indias, encierra al niño en su cuarto y vuelve al establo. Durante su ausencia, Conradín acepta su derrota y se resigna a aceptar que su dios no era real y que su prima regresará triunfal. En la derrota, entona el himno que había compuesto para su dios; su prima no regresó, y en cambio «por la puerta salió una larga bestia amarilla y parda, baja, con ojos deslumbrados por la luz del atardecer y oscuras manchas mojadas en la piel de las mandíbulas y el cuello»,[3] que luego se fue a través de los arbustos del jardín.
Al final, se insinúa que el hurón, Sredni Vashtar, mató a la señora de Ropp, mientras Conradín come una tostada con manteca.[4]
Recepción
El cuento fue incluido en la Antología de la literatura fantástica elaborada por Jorge Luis Borges, Adolfo Bioy Casares y Silvina Ocampo.[5] En 1998, la escritora argentina Vlady Kociancich eligió el cuento para La Nación, en la colección de «los cuentos del verano».[6]