Standesherr
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Los standesherren, o casas mediatizadas, eran las dinastías antaño soberanas del Sacro Imperio Romano Germánico, quienes, tras la mediatización (1802-1815), perdieron la soberanía de sus territorios, pero no su posición, al pasar a formar parte de la alta nobleza de los Estados resultantes y, por consiguiente, de las entidades confederadas que aparecerían a lo largo del siglo XIX (la Confederación del Rin, la Confederación Germánica, el Imperio alemán, etc.).[1][2] Se trataba de una distinción de rango y prestigio, que conservaba sus históricos privilegios y tratamientos protocolares, aunque sus titulares habían perdido su soberanía, y por tanto el derecho automático de voto en el parlamento federado o imperial (según qué época).[3] Algunas de estas casas eran las de Arenberg, Fürstenberg, Hohenlohe, Leiningen y Löwenstein, entre otras.
Contexto y definición
La mediatización, llevada a cabo a principios del siglo XIX, fue el proceso de reagrupación de los entre 200 y 300 territorios «estatales» (Estados inmediatizados) —desde condados y marquesados a principados territoriales y la mayoría de ducados, además de un par de miles de señoríos— en pocos Estados soberanos.[1] La derogación de la inmediatez imperial de los territorios absorbidos tuvo como fin reducir la fragmentación política que había dificultado en gran medida las relaciones intraimperiales, si bien, lo cierto es que el proceso fue impulsado principalmente por Napoleón como táctica de control, y por los Estados alemanes más grandes para fortalecerse ante la prevista disolución del Sacro Imperio, que ya había comenzado.[3] El proceso, que empezó aún existiendo el Sacro Imperio, terminaría en los años siguientes a su desaparición, con la creación de los Estados alemanes y el Imperio austríaco.

Como resultado, la gran mayoría de los territorios (salvo los de mayor tamaño) perdieron su soberanía, incluyendo a decenas de territorios eclesiásticos soberanos, que ya a finales del siglo XVIII se habían visto obligados a secularizarse tras la derrota del Sacro Imperio ante las fuerzas de Napoleón, y la repartición de los dominios eclesiástico-imperiales entre otros señores[1] (aunque, a la postre, los territorios germánicos son donde más prosperaría el catolicismo político moderno con la propagación del ultramontanismo).[4]
Todos estos territorios y sus correspondientes casas nobiliarias fueron considerados en la época del Sacro Imperio como parte de los estamentos imperiales (reichsstände), con «privilegios principescos», a saber, una semisoberanía con amplios derechos (acuñación de monedas propias, recaudación de impuestos, etc.), un escaño y voto en el Reichstag, y la pertenencia a la nobleza imperial (la que estaba asociada más con los territorios que tenían en feudo que con la herencia de la sangre).[5] Esto último significaba entre otros el derecho a contraer matrimonios con otras casas principescas (es decir inmediatizadas), independientemente de su título (condes, duques, etc.). La condición de «principesco» (fürstlich) era de la que emanaban los derechos nobiliarios imperiales (a diferencia de los títulos nobiliarios tradicionales). Entre estos títulos se encontraban los condes principescos, landgraves y príncipes imperiales. Los duques, casi todos poseedores de dominios al menos en parte inmediatizados, no cambiaron de título y en todo caso eran parte del Consejo de Príncipes en la dieta imperial. A su vez, los eclesiásticos a la cabeza de demarcaciones católicas del imperio (también inmediatizadas, es decir, consideradas Estados imperiales, pero bajo guía del Vaticano) recibían el título de príncipe-obispo.
Casas reinantes tras la mediatización
Con la mediatización de la gran mayoría de entidades imperiales/estatales, las dinastías reinantes se redujeron a poco menos de cuarenta —reinos, grandes ducados, y los principales ducados y principados (algunos, como el ducado de Nassau, fueron de hecho constituidos en este período, y otros, como los ducados ernestinos, conservaban su independencia en medio de un reino propio a través de sus lazos históricos)—.[1] El proceso mediatizador seguía en marcha durante la Confederación del Rin (siendo un protectorado de Napoleón) hasta un par de años después (el reino de Hannover, por ejemplo, se fundó como tal solo en 1814, mientras que los otros reinos resultantes se habían formado ya en 1806). Uno de los mayores territorios consolidados en este proceso (a pesar de la gran pérdida de dominios hacia el este en las guerras napoleónicas) fue Prusia, en sí reino ya desde 1701, que quedaba fuera de la confederación por ser considerado amenaza al Imperio francés. Este fue también el caso de Austria, ahora siendo definida como Imperio, pero con un poder limitado por Francia (hasta el derrocamiento de Napoleón, pero que ya no volvería a ser el núcleo del poder germánico, pese a que el Congreso de Viena tuviera lugar en su ciudad capital). En cuanto a las ciudades libres —antaño llamadas ciudades imperiales libres—, solo cuatro sobrevivieron el proceso (entre las decenas que hubo en el Sacro Imperio),[n 1] pero estas se regían por la ciudadanía y no bajo unas casas nobles propias. El número de Estados se iría reduciendo a lo largo de los años; en vísperas de la formación del Imperio alemán en 1871 hubo unos 25 en total.
Protocolariamente, las dinastías que quedaban a la cabeza de todos estos territorios, salvo las ciudades libres, se consideraban tras la desaparición del Sacro Imperio «casas soberanas» o «casas reinantes».[1][n 2] En los reinos y grandes ducados (dinastías monárquicas) recibían el tratamiento de Alteza Real (casas como Wittelsbach, Wettin, Hohenzollern, Oldemburgo, Hannover, etc.), mientras que los jefes de las demás casas ducales y principescas (por ejemplo, las de Reuss, Lippe o Schwarzburgo) recibían el tratamiento de Durchlaucht; lit. ‘Alteza Serenísima’).[n 3] Un caso aparte entre las dinastías monárquicas fue el Imperio austríaco, donde se aplicaba al jefe de la casa de Habsburgo-Lorena el tratamiento de Alteza Imperial.
Casas mediatizadas
Más allá de las casas reinantes, también estaban todas las casas principescas anteriores —desde condes imperiales a Reichsfürsten— antes señores cuasisoberanos de dominios ahora mediatizados, casas que se consideraban al mismo nivel (en términos de derecho nobiliario) que las casas reinantes, y entre las cuales se encontraban muchas de prestigio y alto estatus social y que otrora habían tenido influencia al ser los señores de Estados del Sacro Imperio.[3] Estas no perderían sus privilegios históricos (ya arraigados), a pesar de ya no ser soberanos en sus tierras, con lo que seguían usando sus títulos y los tratamientos de Durchlaucht y Erlaucht (este último traducido a Alteza Ilustrísima). En cuanto a sus títulos, lo mismo que en el caso de las casas reinantes, teóricamente se suprimió la mención de reich debido a la inexistencia del Sacro Imperio (y por tanto de una «condición imperial» en el sentido que tenía en los siglos anteriores), si bien en la práctica estos términos seguían en uso e incluso serían incorporados posteriormente al protocolo en algunos casos.[1]

Estas casas recibieron el calificativo de standherren, cuyo significado literal (en singular) es ‘señor del Estado’ o ‘señor de estamento’. Proviene de su función en los tiempos del Sacro Imperio como estamentos imperiales (jefes cosoberanos de Estados imperiales, según el sistema feudal aplicado), que en alemán se llamaban reichsstände. A partir de esta expresión, se usó la palabra stand/stände para crear el término para estas dinastías, que se suele traducir simplemente como ‘casas mediatizadas’.[2] Este título confería, más que prestigio, igualdad de rango (Ebenbürtigkeit) con las casas reinantes, perteneciendo todas ellas a la alta nobleza. Esta condición tenía gran importancia en los casos de matrimonio entre miembros de las distintas familias, tanto mediatizadas como reinantes, cumpliendo así con el derecho que prohibía los matrimonios morganáticos. Dicho derecho emanaba de la condición de standesherr más que por el título en sí, por lo que se hacía posible el matrimonio entre distintos rangos nobiliarios, como fürst y condesa, siempre y cuando ambos fueran de familias reinantes o mediatizadas.
Aunque ya no tenían voto automático en el parlamento federal o imperial (según qué época), salvo los que eran diputados nacionales, en la mayoría de Estados sí que ocupaban un escaño en la cámara alta (los llamados Erste Kammer der Landstände, nótese el uso de stände aquí también).[1] Otro privilegio destacable en muchos casos era una condición legal especial (Rechtliche Sonderstellung) que tenían en los Estados conformados por territorios que antaño estaban bajo su jurisdicción, además de ventajas como exención del servicio militar y el pago de impuestos directos (de forma similar al derecho que tenían en el Sacro Imperio a pagar solo los impuestos imperiales, mientras que en sus territorios eran ellos quienes recaudaban impuestos). Dentro de los territorios en los que antes ejercían soberanía, estas familias conservaron en muchos casos algunos derechos, como la justicia de primera instancia (Patrimonialgerichtsbarkeit) o la supervisión de los asuntos religiosos, la educación escolar y las fundaciones (entidades caritativas). Este fue el caso de los territorios integrados en los reinos de Sajonia y de Prusia, el Imperio austríaco y el Gran Ducado de Hesse, entre otros, donde por consiguiente recibieron la calificación de standesherrschaften (véase a continuación).[n 4]
En Austria, el destacado papel en la sociedad de las casas mediatizadas, como también su prominencia entre la nobleza germánica del siglo XIX, además de convertirse algunas en referencias de distintas industrias, hacía que algunas de ellas acumularan tanto prestigio, que más tarde serían incluidas en el Estatuto de la Familia Imperial Austríaca durante el Imperio austrohúngaro, constatando su derecho a casarse con un Habsburgo.[6] A su vez, en el Reino de Wurtemberg, los standesherren se convertirían a lo largo de dicho siglo en el estamento más prestigioso de la sociedad de la época.[7][8] La importancia de la institución de los standesherren era tal, que en Alemania fueron agrupados en 1864 en un potente gremio, que en 1919 se convirtió en una federación (con la pérdida de sus privilegios debido a la Constitución de Weimar), que sigue existiendo hasta la actualidad: la Verein der deutschen Standesherren.[9]
Cabe destacar que, dado que el proceso de mediatización resultaba largo y paulatino (además de cambios de criterios conforme cambiaban las circunstancias políticas), algunas casas que en un principio quedaban como reinantes de dominios, normalmente unificados o formados por territorios más pequeños, luego vieron sus territorios entregados también a entidades de mayor tamaño.[3] Aunque a veces esta segunda reorganización territorial no formaba parte de la mediatización propiamente dicha, pues correspondía a otros procesos que tenían lugar al mismo tiempo, estas casas se consideraban también casas mediatizadas, y sus miembros – standesherren. Un ejemplo son las tierras de la casa de Salm, que en 1802 se unieron en un nuevo principado —el principado de Salm—, y que en 1811 se convirtió en parte de Prusia como consecuencia del Congreso de Viena, que tuvo como fin de redibujar las fronteras europeas tras la caída de Napoleón.
En la versión del Almanaque de Gotha titulada Calendario Genealógico de la Nobleza (Genealogisches Handbuch des Adels),[10] las casas mediatizadas comparten color con las casas reinantes, estando situadas justo por debajo de estas últimas, empezando por las que compartían el tratamiento de Durchlaucht (que tenían también las casas reinantes de territorios no regios ni ducales), y luego las que tenían el tratamiento de Erlaucht. Según el almanaque, en la época del Imperio alemán hubo unas 102 casas mediatizadas (no incluidas casas de otros Estados, como Austria y algunos pequeños territorios antaño del SIRG).
Standesherrschaft
El término standesherrschaft puede referirse tanto a la condición de standesherr (titularidad de las casas mediatizadas), de una parte, como a ciertos territorios (y sus titulares) durante el siglo XIX en la parte oriental del antiguo Sacro Imperio, que hoy pertenecen a Chequia y Polonia.

Estos últimos son un caso aparte, distinguible tanto en su historia como su significado. Se trataba de dominios (generalmente extensos) en las regiones históricas de Silesia (donde se denominaban Freie standesherrschaften), la Alta Lusacia y la Baja Lusacia, en su mayor parte procedentes de las antiguas tierras de la Corona de Bohemia, y que en el siglo XIX formaban parte principalmente de los reinos de Sajonia y Prusia y, en menor medida, del Imperio austríaco.
Estos territorios nunca fueron inmediatizados, pues su existencia solo se da a partir de 1806, por lo que sus titulares jamás habían tenido «privilegios principescos» (subordinación directa al emperador del Sacro Imperio). Si bien, tras la mediatización de las casas principescas, al formar las standesherrschaften del este, recibieron también derechos especiales comparables con los de las casas mediatizadas, aunque no pertenecieran a la alta nobleza. De hecho, en tiempos del SIRG, estos nobles eran parte de la baja nobleza, y sus tierras se consideraban feudos de los reinos y ducados regionales. Si bien ahora, bajo la designación de «señores libres», aunque no gozaban del estatus mediatizado, tenían en su posesión propiedades señoriales con privilegios políticos, basados principalmente en el derecho bohemio. En Prusia, incluso tenían un asiento hereditario y derecho a voto en cámara alta (Casa de los Lores, o de los Señores), lo mismo que los señores mediatizados, también en representación de sus tierras.
Kammer der Landstände
Las casas mediatizadas ejercían una función en la cámara alta de los parlamentos bicamarales de todos los Estados, cuyo cometido era representar los intereses de los dominios bajo su titularidad (y donde seguían ejerciendo influencia, aunque ya no estaban bajo su soberanía) y, a nivel estatal, aconsejar en asuntos legislativos. Estas se denominaban generalmente (Erste) Kammer der Landstände, a saber, «(Primera) Cámara de los Estamentos Estatales». Como su nombre sugiere, se componían principalmente por los standesherren (literalmente ‘señores estamentales’, seguidos por los eclesiásticos, aunque muy por encima en relación de escaños). Tanto así, que en el Reino de Wurtemberg esta cámara se llamaba directamente Kammer der Standesherren. La traducción alternativa de Herren como ‘lores’ es compatible con otras cámaras altas, históricas y modernas.
La Kammer der Landstände fue de algún modo la predecesora del Reichsrat, tanto austríaco como alemán. De hecho, en el Reino de Baviera, la cámara alta se llamaba Kammer der Reichsräte (lit. ‘Cámara de los Consejos del Reich’), subrayando la función de «consejo» de las casas mediatizadas. El vocablo/sufijo -rat (lit. ‘consejo’) se ha hecho común en las designaciones de las cámaras altas de los países de habla alemana (como Bundesrat; de forma similar al vocablo -tag, ‘dieta’, para la cámara baja). Este sufijo también se ha usado para indicar dignidad, formando parte de varios títulos honoríficos,
Otros nombres de las cámaras altas estatales incluían la Herrenhaus (lit. ‘Casa de los Lores’), en Prusia, y Kammer der Ständeversammlung (lit. ‘Cámara de la Asamblea Estamental’), en el Reino de Sajonia. Aun así, todas eran definidas como Kammer der Landstände.
Notas
- La ciudades libres (ya no imperiales) tras la mediatización eran Hamburgo, Bremen, Lübeck y Fráncfort del Meno; mientras que Augsburgo y Núremberg, aunque en un principio tampoco mediatizadas, se sometieron en 1806 a la soberanía del nuevo Reino de Baviera.
- Un remanente en la actualidad de esta categoría es el principado de Liechtenstein, siendo el dominio de un fürst con el tratamiento de Durchlaucht (Alteza Serenísima).
- En el caso de Prusia, la década de 1840 bajo Federico Guillermo IV, los Standesherren perdieron sus competencias jurídicas, viéndose otros privilegios sometidos a la supervisión estatal, con la intensificación de los esfuerzos que marcaron una transición y modernización del poder del Estado sobre el poder autónomo de la nobleza. También en el caso de otros Estados, como Hesse, sus privilegios se verían reducidos a lo largo del siglo XIX, pero no a tal extremo.