Sublevaciones de los Vegueros
From Wikipedia, the free encyclopedia
Las Sublevaciones de los Vegueros (también conocidas como revueltas o rebelión de los vegueros) hacen referencia a una serie de revueltas consecutivas que se dieron en núcleos urbanos situados en el extrarradio de la Habana (Santiago de las Vegas, Jesús del Monte y Guanabaoca, principalmente) en la Cuba colonial española en los años 1717, 1720 y 1723. Tales revueltas fueron motivadas por unos desacuerdos entre las élites coloniales de la isla y los vegueros, quienes cosechaban el tabaco en un terreno bajo, llano y fértil llamado "vega".
Los desacuerdos eran fruto de una tensión por el control del cultivo y distribución del tabaco: los vegueros querían más autonomía para gestionar su cosecha, mientras que la Corona española exigía imponer un estanco que le brindara control sobre esta.
Las dos primeras sublevaciones (1717, 1720) fueron exitosas: se resolvieron sin violencia y los vegueros consiguieron en mayor o menor medida ver sus demandas cumplidas. La última de 1723 fracasó resolviéndose con una batalla entre los vegueros sublevados y las autoridades coloniales. Fueron duramente reprimida con violencia, resultando en el fusilamiento de 12 vegueros cuyos cuerpos fueron colgado en los árboles de un camino para dar ejemplo.
| Sublevación de los Vegueros de 1723 | ||||
|---|---|---|---|---|
|
| ||||
| Fecha | 20 de febrero de 1723 - 20 de febrero de 1723 | |||
| Lugar | La Habana y alrededores | |||
| Casus belli | Instauración del Estanco del Tabaco | |||
| Resultado | Victoria de las autoridades coloniales | |||
| Consecuencias | Establecimiento del Estanco de Tabaco | |||
| Beligerantes | ||||
| ||||
| Comandantes | ||||
| ||||
| Fuerzas en combate | ||||
| ||||
| Bajas | ||||
| ||||
La explotación y control del tabaco
Desde el inicio del colonialismo español en 1492, Cuba se convirtió rápidamente en un territorio explotable para los intereses económicos de la corona. Sus primeras explotaciones fueron el oro aluvial usando mano de obra indígena.[1] Durante el siglo XVI se explotaron sus yacimientos mineros de oro y cobre[2] y más adelante, se extendería la explotación ganadera. Durante el proceso de colonización y explotación agrícola, escaseó la mano de obra pues los nativos fueron desapareciendo progresivamente, algunos colonos morían por epidemias y otros optaban por irse a México, Perú o Colombia donde había explotaciones de oro y plata que atraían más a los colonizadores.[3] Pese a la explotación de recursos de la isla, Cuba no dejaba de ser un lugar de paso entre la Metrópolis y el Nuevo Mundo.

En el siglo XVII empezaría el cultivo del tabaco en la isla. Pese a ser un comienzo difuso, José Rivero Muñiz, señala la fecha de 1616 como el inicio de la industria del tabaco en la isla pues es "la primera vez que aparece escrita la palabra tabaco en unas de las actas del Ayuntamiento de La Habana es en 1616."[4]
Sería durante el siglo XVII que la explotación de tabaco empezaría a crecer debido a la creciente demanda de la alta sociedad española. Este crecimiento planteó el establecimiento de un estanco desde las Cortes que se terminaría llevando a cabo entre el 1632 y el 1636 para que este nuevo mercado fuera regulado por la corona.[5] Finalmente, a través de la Real Cédula de 28 de diciembre de 1636, se establece el arrendamiento del tabaco por el cual, se regulariza la industria del tabaco. De esta forma, la corona obtiene el control de este mercado, impone unas normativas y aplica sanciones. Esto generó un auge del mercado negro fruto de aquellos vegueros que querían rentabilizar mejor su tabaco fuera de los precios impuestos por su único comprador, la corona.[3]
La migración canaria
El cultivo de tabaco llegaría a ser el más rentable a principios del siglo XVIII. La explotación sería llevada a cabo en gran medida por habitantes canarios que emigraron a la isla, serían conocidos como "isleños".[3] Tal migración de Canarias a Cuba se dio por la Real Cédula de 1678 dictaminada por Carlos II, conocida popularmente como "Tributo de Sangre". Esta dictaminó que por cada 100 toneladas de cargamento de un navío que partía desde las Canarias hacia Cuba, debían emigrar forzosamente 5 familias de 5 integrantes cada una, a la isla antillana. Tal oportunidad permitió tanto a la oligarquía canaria como a habitantes más humildes, establecerse en Cuba y buscar nuevas fortunas. Algunos conseguirían llegar a adquirir una hacienda pero la mayoría serían pequeños campesinos o propietarios. Una vez fueron llegando a la isla, se fueron asentando en enclaves estratégicos para la corona y estableciendo su cultivo de tabaco:
Aquellos que llegaron a la isla caribeña se asentaron en los territorios que eran claves para las políticas de colonización de la monarquía, cuya misión era defender la isla de la expansión de potencias extranjeras. Pero sobre todo, esta migración fue la responsable de la creación de nuevas zonas de explotación agrícola.[3]
En este marco, la administración de la producción y comercialización de tabaco estaba administrada por los propios arrendatarios de las vegas. Como se señaló anteriormente, durante la segunda mitad del siglo XVII la demanda de tabaco se disparó entre la aristocracia metropolitana y europea, por lo que los isleños empezarían a arrendar cada vez más y más las vegas y a establecer cultivos de tabaco en la Habana y alrededores, cerca de los ríos y arroyos. Debido a esto, surgieron algunos núcleos urbanos alrededor de la capital cubana como Jesús del Monte[3](conocida hoy en día como Diez de octubre). La explotación de tabaco se encontraba en auge: a partir de 1698 llegaron a haber 10.000 vegueros que podían producir 340.984 arrobas de cosecha de tabaco (lo que equivale a 4.262,3 toneladas).[6] Además, en 1709, ya había 14 molinos en la Habana y en 1712 esta cifra aumentó a los 300.[7]

Parte de este incremento en la cosecha y su rentabilidad, se dio gracias al gobernador Laureano Torres de Ayala (1708-1716), quien con el objetivo de mejorar la producción tabacalera hasta alcanzar los 3 millones de libras para el Consejo de Hacienda, eximió de toda carga a los vegueros y forzó el pago de impuestos a los propietarios de molinos de tabaco. Gracias a su gestión, se llegaron a recaudar los 3 millones de libras propuestas en menos de un año lo que le reportó el título de Marqués en Castilla como premio.[8]
Reformismo borbónico
Este auge de la rentabilidad en la explotación de tabaco, coincidió con un momento de cambio en la monarquía de España. Tras la muerte de Carlos II sin sucesión, la casa de Austria abandonó la monarquía. Felipe de Borbón sería coronado rey como Felipe V instaurando la casa de Borbón en la corona, después de ganar la Guerra de Sucesión. Este cambio de dinastía trajo consigo una serie de reformas en las que se incluía una centralización de la gestión del reino y una mayor control de la corona sobre los bienes que se producían en los confines del Imperio Español. La decisión y gestión de este monopolio del tabaco en la isla se atribuye la ministro de Felipe V, Jean Orry.[8]

