Sucesos del Descargador

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Blanco Trabajadores en huelga
Fecha 7 de marzo de 1916
Tipodeataque Masacre
Sucesos del Descargador
Lugar La Unión, Región de Murcia
(EspañaBandera de España España)
Blanco Trabajadores en huelga
Fecha 7 de marzo de 1916
Tipo de ataque Masacre
Arma Armas de fuego
Muertos 7
Heridos 16
Perpetrador Guardia Civil
Regimiento de Infantería «Sevilla» n.º 33
Motivación Represión política

Los sucesos del Descargador del 7 de marzo de 1916 constituyeron la masacre de un grupo de trabajadores en huelga por parte de un destacamento de la Guardia Civil y el Regimiento de Infantería «Sevilla» n.º 33 en la localidad murciana de La Unión (España), en un ejercicio de represión que se saldó con la muerte de siete obreros y dieciséis heridos.

La sociedad española ante las consecuencias de la Gran Guerra

En 1916, habían transcurrido dos años desde que estallase la Primera Guerra Mundial en la Europa continental y, si bien la España de Alfonso XIII mantuvo durante todo el periodo una política de estricta neutralidad, los efectos de la contienda se hicieron notar con severidad y de forma ambivalente en la economía del país. Así, por un lado se obtuvo un estímulo a la modernización de la industria al aumentar la producción para abastecer en ventajosas condiciones a los estados beligerantes, pero en cambio se disparó la inflación mientras los salarios crecían a un ritmo menor y sucedía una escasez de bienes de primera necesidad.[1]

En este contexto, se hicieron comunes los motines de subsistencias y creció exponencialmente la conflictividad laboral, con unos sindicatos que reclamaban insistentemente incrementos en los jornales que mitigasen la devaluación en los salarios reales provocada por la inflación.[1] Según los datos manejados por el Instituto de Reformas Sociales, en 1916 los precios de los productos básicos se habían elevado entre un 13,8% la leche hasta un 57,8% el bacalao, pasando por un 24,3% el pan, un 30,9% los huevos o un 33,5% la carne de vacuno.[2]

Con todo, y a pesar de que la situación de la clase trabajadora era casi uniforme en cuanto a sus padecimientos, existía cierta disparidad en los beneficios que obtenía la patronal respecto a las actividades económicas, como manifestaba en sus páginas el periódico sevillano El Liberal:

La guerra ha trastornado de tal manera la situación económica del país que hoy es imposible la vida. Muchas fábricas han cerrado, otras tienen a sus obreros a medio trabajo, hay fábricas que están haciendo un soberbio agosto y, sin embargo, éstas no han aumentado sus jornales, a pesar de saber sus dueños que todo ha encarecido.
El Liberal de Sevilla. 27 de noviembre de 1916.[3]

Las movilizaciones obreras en La Unión de marzo de 1916

José Maestre, reputado industrial y personificación del fenómeno político del caciquismo en La Unión.[4]

Ante esta tesitura, la Federación de Sociedades Obreras de la Provincia de Murcia (FSOPM) iniciaba el 2 de febrero de 1916 una campaña reivindicando la mejora en las condiciones laborales de los empleados en las minas y fundiciones de la sierra de Cartagena-La Unión. La Federación hizo llegar a los empresarios una serie de demandas que debían ser satisfechas para evitar que los obreros pasaran a defender sus intereses mediante la huelga, y que incluían: el aumento de los sueldos en cinco reales, la remuneración por semana, la contratación de trabajadores a través del sindicato y la asunción por parte del empresario de los costes por el consumo de electricidad en sus instalaciones.[5]

La patronal rehusó aceptar aquellas cláusulas y durante un mes ni siquiera se propuso entrar en conversaciones con su contraparte, de modo que el sindicato resolvió en una reunión en presencia de 15 000 de sus afiliados convocar una huelga general en La Unión para el 3 de marzo, con el beneplácito de todos los gremios adscritos –albañiles, dependientes, fundidores, maquinistas, mineros, panaderos y algunos otros oficios–. La protesta paralizó completamente las tareas de extracción, transformación y transporte del mineral en su primera jornada, y al día siguiente recibió la solidaridad de albañiles, panaderos y demás asociaciones de la FSOPM, que secundaron el paro mientras los piquetes empezaban a extender sus actividades sobre fábricas y minas de las localidades circundantes. Es en este momento cuando comienzan también a sucederse altercados con los agentes de la Guardia Civil enviados para impedir la extensión de los desórdenes, ocasionándose los primeros heridos.[6]

Llegado el día 5, los representantes de los patrones consintieron abrir las negociaciones con la mediación del diputado conservador y empresario minero José Maestre Pérez junto al diputado liberal y alcalde de Cartagena José García Vaso –este último despertaba ya los recelos de los obreros, pues su militancia en el Bloque de las Izquierdas le concedía «ribetes de demócrata siendo un inmaculado reaccionario»–. El primer intento de acercar posturas fracasó, sin embargo, y la huelga de panaderos forzaba el día 6 que las autoridades tuvieran que hacer llegar 3000 kg de pan desde Cartagena. En la misma fecha se retomó la negociación, pero ni la presencia ahora del político socialista Facundo Perezagua evitó un nuevo naufragio en las conferencias, aún con la oferta que puso sobre la mesa la comisión de los trabajadores, que rebajaba la petición de incrementar el jornal. Paralelamente, el gobernador militar de Cartagena Diego Muñoz Cobos desplegaba en La Unión y El Llano del Beal dos compañías del Regimiento de Infantería «Sevilla» n.º 33, para guarnecer fábricas, minas y puntos estratégicos de la sierra.[7]

Los hechos

Repercusiones

Referencias

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