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Acción supererogatoria

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Supererogación (del latín supererogatĭo, -ōnis) es la acción ejecutada más allá de lo moralmente requerido pero que aun así es digno de admiracion. Los actos supererogatorios son aquellos que superan prerrogativas relativas a agentes, o sea prerrogativas que marcan hasta que punto es obligatorio promover valor positivo, siendo que una vez alcanzado ese punto todo lo demás ya sería marcado como supererogatorio. La persona que los ejecuta está dirigida por su propia voluntad, por lo tanto, estos actos tienen implícitos una cierta perfección moral y, en ese sentido, serían dignos de alabanza y mérito.

Etimológicamente, el término latino supererogationis significa pagar más de lo debido, supererogare. El tema ha sido desarrollado por la doctrina católica, especialmente por algunos Padres de la Iglesia.[1]

Las acciones supererogatorias en la filosofía moral

Las principales doctrinas consecuencialistas pugnan por alcanzar "el máximo bienestar para el máximo número de personas". Ahora bien, desde el consecuencialismo satisfacionista consideran que la aplicación estricta de dicho criterio conduce a una moral excesivamente exigente, porque la mayoría de nuestras conductas podría ceder frente a otras que produzcan aún mejores resultados, por eso distinguen entre lo que es correcto y lo supererogatorio, cuando se pasa ese mínimo requerido. Por ejemplo, escuchar a un amigo cuando este está pasando por un problema sería moralmente requerido pero es invertir todos tus recursos y tiempo en solucionarle ese problema sería algo supererogatorio. Sin embargo, se ha criticado si esta postura puede ser considerada consecuencialista, ya que no busca que un mundo con el mayor bienestar posible y de esto se sigue una crítica a la idea de que exitan acciones supererogatorias ya que consideran que lo único suficiente es lo que aporte más valor positivo o reduzca de la mayor manera posible el valor negativo, eliminando la distinción entre lo moralmente requerido y lo supererogatorio. Mas, quienes defienden que es posible una postura ética consecuencialista que considere ciertas acciones como supererogatorias, se defenderá diciendo que se sigue buscando promover el valor positivo, o sea que seguirá teniendo en cuenta las teorías del valor a la hora de determinar qué acciones deben ser promovidas y por tanto moralmente requeridas, así que siguen determinando lo correcto en función del valor solo que se tendrá en cuenta cierto punto en el cual el valor promovido ya no es necesario moralmente, o sea supererogatorio.[2]

Véase también

Referencias

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