Superintendencia General de Policía
La Superintendencia General de Policía fue la primera administración de policía de ámbito nacional creada en España. La estableció el rey absoluto Fernando VII en el inicio de la Década Ominosa mediante un Real Decreto promulgado el 13 de enero de 1824. Como ha señalado Jean-Philippe Luis, con su implantación «se dio un paso importante hacia la creación de una verdadera policía moderna». Sin embargo, como ha advertido Juan Luis Simal, su aparición «estuvo íntimamente ligada a la represión y control de los liberales, una tendencia general en la Europa de la Restauración». Como se decía en el decreto de creación tenía el compromiso de «reprimir el espíritu de sedición». Al frente del nuevo organismo figuraba un superintendente general de policía, del que dependían los superintendentes de policía provinciales y de éstos los subdelegados de partido.
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La Superintendencia General de Policía fue la primera administración de policía de ámbito nacional creada en España. La estableció el rey absoluto Fernando VII en el inicio de la Década Ominosa mediante un Real Decreto promulgado el 13 de enero de 1824. Como ha señalado Jean-Philippe Luis, con su implantación «se dio un paso importante hacia la creación de una verdadera policía moderna».[2] Sin embargo, como ha advertido Juan Luis Simal, su aparición «estuvo íntimamente ligada a la represión y control de los liberales, una tendencia general en la Europa de la Restauración».[3] Como se decía en el decreto de creación tenía el compromiso de «reprimir el espíritu de sedición».[2]
Al frente del nuevo organismo figuraba un superintendente general de policía, del que dependían los superintendentes de policía provinciales y de éstos los subdelegados de partido.[4]
En junio de 1823 la Regencia absolutista nombrada el mes anterior por el duque de Angulema, comandante supremo del ejército francés conocido como los Cien Mil Hijos de San Luis que había invadido España en abril para «liberar» al rey Fernando VII del «cautiverio» al que le tenía sometido el régimen liberal, estableció, siguiendo el modelo francés, la Superintendencia General de Vigilancia Pública, dependiente del recién instituido Ministerio del Interior. En el decreto de fundación se decía que «su principal cuidado es velar sobre la conducta de las personas que se hayan hecho o se hagan sospechosas por sus opiniones y principios contrarios a la Religión y al Trono». Era, pues, un instrumento de la represión indiscriminada que se había desatado contra los liberales en la zona controlada por la Regencia y que había obligado a intervenir al duque de Angulema promulgando en agosto la Ordenanza de Andújar, aunque en seguida quedó prácticamente sin efecto.[5][6]
Según Emilio La Parra López, «el cometido del nuevo organismo no difería gran cosa del de la antigua Inquisición», pero presentaba una gran diferencia: que «los policías dependían por entero de la autoridad estatal», y no de la Iglesia. Esta fue la razón por la que los «ultras» rechazaron la nueva institución ―cerraba las puertas a su reivindicación más emblemática: la restauración del Santo Oficio abolido durante el Trienio Liberal ―, además de que tenía un origen «francés» que los «ultras» asociaban con la «revolución». Según La Parra, la presión de los «ultras» acabó surtiendo efecto y el gobierno nombrado por la Regencia encabezado por el antiguo confesor real Victor Damián Sáez, suprimió la Superintendencia de Vigilancia y el Ministerio del Interior.[7] Sin embargo, según Josep Fontana, Fernando VII fue quien suprimió el Ministerio del Interior tras recuperar su poder absoluto el 1 de octubre, pero decidió mantener la Superintendencia general de vigilancia pública, y a finales de noviembre nombró a José Manuel de Arjona como nuevo superintendente. Arjona sería el encargado de transformarla en la definitiva Superintendencia General de Policía del Reino.[6] Arjona estuvo en el cargo hasta el verano de 1824 en que fue sustituido por Mariano Rufino González.[1]