Síndrome del marido jubilado

enfermedad psicosomática asociada al estrés que afecta a mujeres mayores, reconocida en la cultura japonesa From Wikipedia, the free encyclopedia

El síndrome del marido jubilado (SMJ) (主人在宅ストレス症候群 shujin zaitaku sutoresu shōkōgun?, «síndrome de estrés causado por tener al marido en casa»)[1] es una enfermedad psicosomática relacionada con el estrés reconocida en la cultura japonesa que, según las estimaciones, afecta al 60% de las mujeres mayores de dicho país.[2] Se caracteriza por la aparición de una serie de síntomas físicos y psíquicos, así como de depresión, en amas de casa cuyos maridos se jubilan y pasan a estar todo el día en casa.[2][3]

El SMJ ejerce una presión considerable sobre los matrimonios en Japón. Las investigaciones realizadas en este país han demostrado que la tasa de divorcios entre personas jubiladas ha aumentado considerablemente en los últimos años, y se cree que una de las causas de este fenómeno pueda ser el SMJ. Una pareja de investigadores italianos, tras analizar datos de estudios a largo plazo realizados en Japón, llegó a la conclusión de que la probabilidad de que las esposas manifestaran síntomas de estrés, depresión e insomnio aumentaba del 5% al 14% cuando sus maridos se jubilaban.[4]

Síntomas comunes

Son frecuentes en las mujeres con SMJ síntomas como depresión, úlceras, asma, hipertensión arterial, arritmia, erupciones cutáneas, migrañas, dolor crónico, etc. [2]

Posibles causas del SMJ

Este síndrome fue identificado y descrito por primera vez en 1991 por el médico Nobuo Kurokawa en un informe que presentó a la Sociedad Japonesa de Medicina Psicosomática. [2][3][5] Kurokawa propuso que el SMJ tenía su origen en el hecho de que muchos japoneses que habían alcanzado la edad de jubilación pertenecían a la generación del baby boom.[2] Se esperaba que los integrantes de esta generación cumplieran ciertas obligaciones sociales: el hombre debía ser el sostén de la familia y trabajar para mantenerla, mientras que la mujer no solamente debía encargarse de las tareas cotidianas, sino también mostrar cierta devoción a su marido salaryman, por ser él quien ganaba el dinero que ella gastaba en el hogar, en el cuidado de los hijos y en socializar con sus amigas.[2][5]

En las familias japonesas tradicionales, al igual que en muchas sociedades industriales modernas en las que el hombre trabaja a tiempo completo, el marido delega todas las tareas domésticas y la crianza de los hijos en su mujer, sin implicarse en absoluto en ellas, mientras que la mujer rara vez trabaja fuera de casa. Así, los cónyuges viven durante décadas en mundos completamente diferentes. Cuando los hijos se independizan y el marido se jubila tras años de dedicación absoluta al trabajo, este se ve sin las habilidades sociales necesarias para reintegrarse en la vida familiar y los cónyuges constatan que no tienen absolutamente nada en común. Esta situación de convivencia obligada durante todo el día causa estrés a ambos y hace que la mujer comience a experimentar síntomas físicos y psíquicos como dolor de espalda, asma, depresión e, incluso, en algunos casos, problemas cardíacos.

Dado que el trabajo del marido como asalariado le podía exigir pasar mucho tiempo fuera de casa, tanto por motivos profesionales como por tener que relacionarse con sus compañeros y jefes fuera del trabajo, era habitual que saliera de casa por la mañana temprano y regresara por la noche.[2][5] Esta situación dificultaba la comunicación y la interacción estrecha y frecuente en la pareja y, cuando el marido se jubilaba, los cónyuges tenían la sensación de estar conviviendo con alguien que les resultaba prácticamente desconocido.[5]

Esta situación puede resultar particularmente estresante para una mujer que, según dictaba la sociedad en su juventud, debía satisfacer todas las necesidades de su marido y que ahora, una vez jubilado, comprueba que le supone una carga muy grande.[5] El estrés que provoca este cambio de estilo de vida no sólo puede causar los síntomas mencionados anteriormente,[2] sino también un cierto grado de resentimiento hacia el marido.[5] Aunque existen casos de parejas que se separan debido al SMJ, este tipo de divorcios son poco frecuentes, ya que para esta generación de japoneses no resulta una opción aceptable.[2][5] Pese a ello, la tasa de divorcios entre personas de edad avanzada en Japón ha aumentado considerablemente en las últimas décadas, a medida que los baby boomers se han ido jubilando. En concreto, ha aumentado un 26,5% en 10 años, según datos del Ministerio de Salud de Japón. En 2004, el número de divorcios entre parejas que llevaban casadas 20 años o más alcanzó los 42.000, el doble que en 1985. El número de divorcios entre personas que llevaban más de 30 años casadas se cuadruplicó durante ese mismo período. En 2006 se pronosticó que estas cifras seguirían aumentando, ya que se esperaba que en los cinco años siguientes se jubilara el mayor número de personas de la historia del país.[6] Las estadísticas del año 2022 revelaron que el 23,5% de los divorcios en Japón se produjeron al cabo de al menos dos décadas de matrimonio, lo que supone la cifra más alta desde que se empezaron a registrar estos datos en 1947.[7]

Algunas mujeres combaten el SMJ centrando sus energías en aficiones como coleccionar ositos de peluche o seguir a famosos,[2] lo que, según ellas, les ayuda psicológicamente. Otras piden a sus maridos que sigan trabajando después de jubilarse.[2] Muchas de ellas no les cuentan a sus maridos lo que les pasa,[2] algo que puede aumentar el nivel de estrés, ya que estos no siempre se percatan de que sus esposas sufren el SMJ ni son capaces de entenderlo.[2][5]

Investigación

Marco Bertoni y Giorgio Brunello, de la Universidad de Padua, publicaron en julio de 2014 un documento de debate basado en una investigación empírica realizada en Japón.[8]

Véase también

Referencias

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