Tecnociencia
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Tecnociencia es el concepto que describe la práctica científica contemporánea en la que la producción de conocimiento está estrechamente vinculada al desarrollo tecnológico, orientada a fines aplicados, industriales o sociales, y frecuentemente influida por intereses económicos y políticos.https://doi.org/10.1007/978-3-319-89518-5_8
La tecnociencia es un proceso de producción de conocimiento científico entramado de la ciencia y la tecnología contemporáneas, delegado fundamentalmente en instrumentos tecnológicos, permitiendo una mayor aceleración y mayor escala de producción de conocimientos con aplicación inmediata para solucionar problemáticas específicas.[1][2]
Este concepto está estrechamente relacionado con los Estudios de ciencia, tecnología y sociedad (CTS), en este marco se analiza y reflexiona sobre como la tecnociencia se relaciona con el contexto tecnológico y social de la ciencia. La tecnociencia reconoce que el conocimiento científico no solo está socialmente codificado y situado históricamente, sino que también es sustentado por redes materiales (no humanas). La tecnociencia afirma que los campos de la ciencia y la tecnología están vinculados y crecen juntos, y que el conocimiento científico requiere de una infraestructura de tecnología para permanecer estacionario o avanzar.[3]
Teniendo en cuenta la importancia de la tecnociencia hoy en día, no se puede trabajar en la sociedad contemporánea si no discutimos su papel y la consiguiente repercusión de las nuevas tecnologías en la sociedad.
El término "tecnociencia" fue acuñado por el filósofo belga Gilbert Hottois a finales de los años 1970. Según diversas fuentes académicas, Hottois introdujo el concepto en sus trabajos filosóficos para describir la creciente interdependencia entre la ciencia y la tecnología, especialmente en contextos sociales y éticos.https://doi.org/10.1007/978-3-319-89518-5_8
El término aparece en documentos relacionados con políticas de investigación científica y problemas ecológicos desde los años 1950 y 1960, particularmente en la literatura norteamericana. El filósofo francés Dominique Raynaud también destaca que el término fue usado en debates sobre la relación entre ciencia, tecnología y sociedad, aunque sin una definición sistemática o filosófica clara.
El propio Gilbert Hottois reconoce que, aunque él formalizó el concepto, no fue el primero en utilizar la palabra. Menciona que algunos rastros del “espíritu de la tecnociencia” pueden encontrarse incluso en pensadores como Francis Bacon, Gaston Bachelard y Gilbert Simondon, quienes reflexionaron sobre la interdependencia entre ciencia y técnica mucho antes de que el término se popularizara. Sin embargo, estos autores no usaron la palabra “tecnociencia” como tal, sino que anticiparon sus características fundamentales.https://doi.org/10.1007/978-3-319-89518-5_8
El uso filosófico del término tecnociencia fue popularizado por el filósofo francés Gaston Bachelard en 1953.[6] Fue popularizado en el mundo francófono por Hottois a finales de los años '70 y principios de los '80, y fue popularizado en inglés en 1987 con el libro Ciencia en Acción de Bruno Latour.[7]
Latour combinó varios argumentos sobre la tecnociencia que habían circulado por separado, en un marco integral:
- el entrelazamiento del desarrollo científico y tecnológico como, por ejemplo, demostrado por los estudios de laboratorio;
- el poder de los laboratorios (y talleres de ingeniería) para cambiar el mundo como lo conocemos y experimentamos;
- las redes sin costuras que conectan a científicos, ingenieros y actores sociales en la práctica real (véase el concepto de ingeniería heterogénea de John Law);
- la propensión del mundo tecnocientífico a crear nuevos híbridos naturaleza-cultura y, por lo tanto, a complicar las fronteras entre naturaleza y cultura.[7]
Tecnociencia y sociedad
Los conceptos de tecnociencia y sociedad se encuentran arraigados con fuerza en el campo de las ciencias sociales. Edward Burnett Tylor, uno de los fundadores de la antropología moderna, dio una definición de cultura «Cultura o civilización [...] es ese todo complejo que incluye conocimientos, creencias, leyes y costumbres», es por ello que la cultura se encuentra estrechamente ligada a la ciencia y la tecnología.
En tiempos pasados se veía a la ciencia como una actividad intelectual muy separada de la tecnología, pero a lo largo del tiempo estas dos áreas se complementaron una a la otra. La intensificación de las relaciones entre ciencia y tecnología a través de los tiempos ha conducido a su fusión como tecnociencia en el mundo contemporáneo.
La tecnociencia surgió hacia el último cuarto del siglo XX por evolución de la big science y gracias al impulso de algunas grandes empresas estadounidenses, habiéndose expandido luego con mucha rapidez por otros países desarrollados. Big science y tecnociencia tienen rasgos comunes, pero también diferencias. Así, mientras que la investigación básica representó un papel importante en la big science, en la tecnociencia destaca sobre todo la instrumentalización del conocimiento científico para cumplir el objetivo de lograr innovaciones tecnocientíficas comercialmente rentables.
La tecnociencia ha transformado la estructura de la práctica científica-tecnológica en todas sus dimensiones y ha incorporado nuevos valores a la actividad científica. La tecnociencia suele producir un conocimiento instrumental.
La investigación tecnocientífica se ocupa, cada vez más, de procesos provocados y controlados en los laboratorios por el mismo investigador como efectos reproducibles de construcciones que, a su vez, son resultados tecnológicos de producción científica, tales como generadores eléctricos y radioactivos, aceleradores de partículas, láseres o recombinados de ADN. Procedimientos tecnológicos y tratamiento teórico están estrechamente entrelazados en la investigación y el desarrollo tecnocientíficos de laboratorio, que se basan, característicamente, en la construcción experimental, en la descomposición y aislamiento de elementos y en la manipulación, reemplazo y recombinación, con el fin de reproducir a voluntad y controlar completamente los procesos deseados mediante la eliminación de perturbaciones en las disposiciones experimentales.[8]
La ciencia y la tecnología están formadas por sistemas que incluyen a las personas y los fines que ellas persiguen. El avance tecnológico es un factor decisivo para el desarrollo social y tiene un gran impacto sobre la humanidad, dicho impacto puede ser bueno o malo dependiendo de la manera en que las personas utilicen los avances de que la tecnociencia provee.
La pareja ciencia-tecnología se ha convertido en recursos estratégicos, políticos y económicos, tanto para los Estados, como para las industrias. No podemos desconocer que el desarrollo tecnocientífico puede aportar ventajas al bienestar de la sociedad, sin embargo, se debe tomar conciencia de que el cambio tecnológico es también la base de muchos de los problemas ambientales y sociales que actualmente atravesamos.
Como dice Galeano en su libro “Patas para arriba. La escuela del mundo al revés”:
“En América Latina mueren veintidós hectáreas de bosque por minuto, en su mayoría sacrificadas por las empresas que producen carne o madera, en gran escala, para el consumo ajeno...” “...La diversidad tecnológica dice ser diversidad democrática. La tecnología pone la imagen la palabra y la música al alcance de todos, como nunca antes había ocurrido en la historia humana, pero esta maravilla puede convertirse en un engaño si el monopolio privado por imponer la dictadura de la imagen única, la palabra única y la música única. (...) Como dice el periodista argentino Ezequiel Fernández Moores, a propósito de la información: “Estamos informados de todo, pero no nos enteramos de nada”[9]
En la actualidad, los avances tecnológicos son usados en casi todas las actividades y por casi todas las personas. La utilización de la tecnología conduce a grandes controversias que suelen llevar a la falsa conclusión de que la tecnología es corruptora y perjudicial en sí misma. Es necesario demostrar que esto es incorrecto, que en realidad la tecnología no es maligna sino que es mal utilizada por los humanos. La tecnología es creada para conseguir beneficios, para modificar la realidad, para mejorarla; pero muchas veces su verdadera función es mal entendida y se utiliza en actividades incorrectas como la fabricación de material bélico o el abuso que conlleva a adicciones.
Si bien, la tecnociencia tiene aplicaciones benéficas para la sociedad, irremediablemente, la ciencia y la tecnología se han politizado y vuelto más complejas y su imagen benefactora ya no se debe dar por supuesta, ni sus practicantes pueden pretender mantener su estatuto tradicional en la sociedad. Además de los riesgos, el desarrollo aporta nuevas formas de relación y nuevos valores. No se puede concluir que la tecnología sea buena, mala o neutra, dependerá del contexto y como se sitúa y por ende de la responsabilidad humana en el uso y del análisis reflexivo de las consecuencias antes de tomar las decisiones y acciones.
Debates éticos sobre tecnociencia
La tecnociencia es una forma contemporánea de producción de conocimiento que integra ciencia y tecnología en una práctica orientada a la innovación, la aplicación práctica y la transformación social. En contextos europeos y estadounidenses, se caracteriza por la difuminación de fronteras entre conocer y hacer, entre lo natural y lo artificial, y entre investigación básica y aplicada. Esta práctica genera objetos híbridos que requieren una reflexión epistemológica, ontológica, ética y política. Además, se reconoce que la tecnociencia está profundamente influenciada por intereses económicos, políticos y militares, lo que plantea cuestionamientos sobre la autonomía del conocimiento científico y su papel en la sociedad contemporánea.https://doi.org/10.1080/23299460.2023.2281112
Desde América Latina, la tecnociencia se entiende como un fenómeno multidisciplinario que articula ciencia, tecnología y sociedad en contextos marcados por la colonialidad del saber, la desigualdad y la búsqueda de emancipación epistemológica. Se destaca su vínculo con el Estado, su papel en el desarrollo territorial y su potencial para democratizar el conocimiento y responder a necesidades sociales concretas. La tecnociencia latinoamericana se concibe como una herramienta para la transformación social, reconociendo que el conocimiento científico es una construcción histórica, cultural y política, situada en paradigmas y contextos específicos. Esta visión crítica y situada contrasta con la tecnociencia hegemónica, proponiendo una tecnociencia comprometida con la justicia social, la sostenibilidad y la inclusión.https://doi.org/10.18270/rcfc.v20i41.2784
La OEI, a través de diferentes programas de sus Áreas Educativa, Científica y Cultural, colabora en el esfuerzo de promover en los países iberoamericanos la consolidación de sociedades informadas, plurales y responsables, capaces de enfrentarse con actitud crítica y abierta a los retos y promesas de la nueva tecnociencia. Uno de los pilares básicos de este esfuerzo es el de la formación, ámbito en el que la OEI ha venido desarrollando diferentes actuaciones. Las Cátedras Iberoamericanas de CES+I (Ciencia, Tecnología, Sociedad e Innovación) son una de estas iniciativas, consistente en redes de universidades del mismo país o región que planean y realizan conjuntamente actividades presenciales de formación o de investigación. Otra de las apuestas en el terreno de la educación CTS está encaminada a la capacitación de docentes de educación secundaria y universitaria a través de cursos virtuales, aprovechando conocimientos y experiencias de expertos de diversos países y posibilitando la difusión y el acceso a un mayor número de personas interesadas.