Teoría del derrumbe
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En el marxismo, la teoría del derrumbe o colapso (del alemán: Zusammenbruchstheorie) se refiere a una teoría que sostiene que el capitalismo necesariamente debe colapsar.[1]
El término fue utilizado originalmente de forma crítica por Eduard Bernstein. Bernstein criticó partes de la teoría política y económica de Karl Marx y Friedrich Engels,[2] afirmando que un gran colapso, un «Kladderadatsch» —una antigua expresión berlinesa que significa algo así como «algo se derrumba y se hace pedazos con un estruendo»— del capitalismo no era inevitable, y que, por lo tanto, no era necesario un derrocamiento violento ni una revolución, sino que el socialismo podía alcanzarse gradualmente mediante una serie de reformas.[3] Esto desencadenó el debate revisionista dentro del Partido Socialdemócrata de Alemania (SPD).
En 1929, el economista germano-polaco Henryk Grossmann (1881-1950) formuló lo siguiente en su obra La ley de la acumulación y del derrumbe del sistema capitalista: «Nuestra tarea consiste en mostrar de qué modo el proceso de reproducción capitalista —debido a causas que surgen del mismo ciclo económico—, se mueve necesariamente en movimientos cíclicos ascendentes y descendentes, que se repiten periódicamente, y que conduce finalmente al derrumbe del sistema capitalista.»[4]
Sin embargo, también se expresa con menos vehemencia: «¿Cómo, y de qué modo, la acumulación puede conducir al derrumbe la producción capitalista si dejamos de lado, por el momento, las tendencias contrarias a las que se refiere Marx? ¡Éste es el problema que debe ser resuelto!»[5] Grossmann habla tanto de la "ley del colapso" (Zusammenbruchsgesetz) como de la "tendencia al colapso" (Zusammenbruchstendenz).
Rosa Luxemburgo argumentó en La acumulación del capital que el capital siempre necesita espacios externos para vender sus productos. Si el mundo entero se vuelve capitalista y no existen más espacios externos, la economía capitalista inevitablemente colapsará. El capital no puede generar suficiente demanda para sus productos por sí solo, por lo que depende de la demanda externa. Sin embargo, este "exterior" se integra a la economía capitalista, de modo que, en última instancia, nada fuera de ella permanecerá.[6] Hoy en día, muchos marxistas, sin embargo, asumen que el capital es capaz de crear su propia demanda y que, en este sentido, no depende de espacios no capitalistas.[cita requerida]
Grossmann propone su propia versión de la ley marxista sobre la tendencia decreciente de la tasa de ganancia. Sostiene que el capitalismo inevitablemente colapsará porque las inversiones que exige el progreso tecnológico superan la producción total (véase la explicación detallada en Henryk Grossmann). Además de la demanda insuficiente (Luxemburgo) o la plusvalía insuficiente (Grossmann), también se consideran otras causas del colapso, como el creciente empobrecimiento de las masas trabajadoras o los cambios en su conciencia. El grado en que el propio Marx creía en tal colapso es objeto de debate.
Crítica
Los críticos de las teorías del colapso, como Nikolái Kondrátiev rechazan una ley determinista del colapso. Argumentan que la historia ha demostrado que no es determinista, lo que significa que incluso las crisis recurrentes y las crisis importantes no necesariamente conducen al colapso. Estos marxistas también niegan que se pueda derivar una teoría del colapso de la teoría de Karl Marx, aunque algunas declaraciones de Marx y Engels parecen indicar que ambos creían en un colapso inminente, al menos temporalmente, incluyendo las insinuaciones en la obra temprana de Marx.[2]
Karl Kautsky dentro del debate sobre el revisionismo escribió como réplica marxista ortodoxa a Bernstein que «Marx y Engels no han formulado una teoría especial del derrumbamiento».[7] En su lugar, el colapso depende de «la madurez y el poder crecientes del proletariado».[8] Concluye pues que: «No debemos esperar el derrumbe de la sociedad actual ni de una crisis financiera ni de insurrecciones armadas».[9]
Michael Heinrich atribuye principalmente a la teoría del colapso del capitalismo una función exculpatoria para la izquierda política: «no importaba lo terribles que fueran las derrotas actuales, el fin del enemigo era seguro antes o después».[10] Sin embargo, «las crisis no sólo son destructivas, sino que en ellas vuelve a restablecerse de manera violenta la unidad de momentos que se corresponden entre sí (como la producción y el consumo), pero que se comportan independientemente el uno del otro (la producción y el consumo obedecen a determinaciones distintas)».[11]Para Heinrich la crítica del colapso no es una victoria del capitalismo, pues «la ausencia de estas certidumbres proféticas no hace mejor al capitalismo en ningún sentido».[10]