Terapia de choque con insulina
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La terapia de choque con insulina,[1] terapia del coma insulínico o cura de Sakel,[2] fue un tratamiento de la esquizofrenia utilizado en psiquiatría y que consistía en la inducción en un coma hipoglucémico del paciente psicótico por medio de la administración de grandes dosis de insulina.[3] Fue desarrollada entre 1928 y 1933 por Manfred Sakel, un psiquiatra austríaco, y utilizada ampliamente durante las décadas de 1940 y 1950, hasta que fue reemplazada por los fármacos antipsicóticos en la década de 1960.[4] La terapia de insulina, de metrazol y la electroterapia son conocidas colectivamente como las terapias de choques.[5]
El médico austríaco Manfred Sakel desarrolló la terapia de choque con insulina entre 1928 y 1933.[4] Después de graduarse en 1925, ingresó a trabajar en una clínica psiquiátrica de Berlín, donde comenzó a tratar con insulina a pacientes con trastorno por consumo de morfina y encontró que pequeñas dosis de esa sustancia podían ayudar en la abstinencia.[3] Sakel también observó que era útil para tranquilizar pacientes con delirium tremens y mejoraba su apetito.[5] A inicios de la década de 1930, empezó a aplicarlo en pacientes en psicosis y en ellos encontró una mejoría con la terapia.[3][5]
El 3 de noviembre de 1933, reportó sus hallazgos sobre una nueva terapia para la esquizofrenia a la Sociedad de Médicos de Viena y la llamó terapia de choque con insulina (en alemán: Insulinshockbehandlung).[3] Según la teoría de Sakel, la insulina actuaba como antagonista de los «efectos neuronales que ocasionaban los productos del sistema adrenérgico, los causantes del estado del paciente» con esquizofrenia. Entre noviembre del año siguiente y febrero de 1935, «publicó trece reportes en los que indicó un índice de mejoría del 88% [sic]».[5] En 1936, se introdujo y extendió su uso en los Estados Unidos.[4] Por otra parte, para 1938, la terapia se utilizaba en 31 hospitales de Gales e Inglaterra.[3]
Técnica

El tratamiento de choque insulínico se aplicaba usualmente en unidades especializadas y con personal especialmente entrenado.[6] De acuerdo con Doroshow (2007) el único criterio de selección para recibir el tratamiento considerado «de hospital en hospital» era el diagnóstico de esquizofrenia. También se prefería a aquellos con mejor pronóstico y los pacientes crónicos tenían menores probabilidades de recibirlo. No obstante, dada la inexistencia de guías para el tratamiento, cada hospital —incluso cada médico— desarrollaba sus propios protocolos.[4]
Reguralmente el tratamiento no duraba más de dos meses, aunque podía extenderse a tres. Se administraban de 10 a 20 unidades intramusculares de insulina diariamente, con un aumento gradual de cuatro a ocho unidades para alcanzar un total de 50 o 60. El choque se alcanzaba por lo común con entre 80 y 120 unidades.[7] El coma se mantenía por horas hasta que los médicos consideraban que se había alcanzando el «máximo beneficio posible de la reducción de la glucosa en el cerebro». Llegado ese momento, se aplicaba una inyección intravenosa de solución glucosada para finalizar el coma. También podían administrarse las soluciones por medio de una sonda nasogástrica.[8]
Se desconocían los efectos de la terapia con insulina, pero, a lo largo de los años, Sakel estableció diversas teorías, aunque ninguna fue «bien aceptada». En 1938, señaló que las neuronas eran similares a los motores, en los que la insulina evitaba que el exceso de combustible ocasionara patologías; veinte años después argumentó que, por medio de los «efectos anabólicos de la insulina», las neuronas «esquizofrénicas» se curaban.[5] Sakel también consideraba necesario aplicar el tratamiento al menos cincuenta o sesenta veces.[8] Por su parte, la terapia se aplicaba hasta que los médicos consideraban curado o incurable al paciente,[4] y dado el riesgo de muerte, requería de una «diligente» vigilancia del paciente por parte de médicos y enfermeras.[5]