Terraza de los Tesoros
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La Terraza de los Tesoros del Santuario de Olimpia era una serie de pequeños edificios en forma de templo situada en la zona noroeste del Altis, en la falda del monte Cronio. Todos menos dos fueron construidos por colonias griegas para depositar valiosas ofrendas votivas y donativos.
Su construcción se remonta a inicios del siglo VI a. C. Para las colonias griegas del Mediterráneo occidental, enclavadas lejos de su metrópoli el nexo más aglutinador lo constituía su creencia en el gran dios Zeus venerado especialmente en Olimpia, al que era necesario ofrecer periódicamente sacrificios para honrarle y tener su favor. Como se precisaban vasos y utensilios aptos y valiosos para las ceremonias sacrificiales, así como un lugar seguro en donde poderlos guardar, y también las propias ofrendas hechas a Zeus, surgió la idea de la construcción de las diversas cámaras de los Tesoros, que a expensas de cada ciurad se fueron erigiendo en la falda del monte Cronio. De los doce tesoros edificados solo se han identificado diez, los de Sición, Siracusa, Epidamno, Bizancio, Síbaris, Cirene, Selinunte, Metaponto, Mégara y Gela. Pausanias cita diez de los doce que existieron,[1] debido a que cuando visitó Olimpia, dos de los edificios del conjunto habrían sido destruidos para dar paso al camino que conducía desde el Santuario al monte Cronio.[2]
Señala Dress que con la edificación de sus respectivos tesoros las diversas colonias querían además de cumplir con un deber devocional, conseguir fama y notoriedad política ante sus conciudadanos de origen.[3] De ahí, que todas las polis (ciudades) que los construyeron fueron de población doria, ya que Olimpia era el Santuario principal de los dorios.[4]
En los edificios de la Terraza de los Tesoros no solo debieron de guardarse objetos artísticos de distinta valía, sino que también es muy probable que en la arcas de sus recintos estuviesen depositadas sumas considerables de dinero procedentes de las diversas ofrendas hechas a Zeus y las demás divinidades honradas en el Altis. De ahí, como opina Drees, que Olimpia debió de convertirse en un centro financiero de importancia, lo que contribuyó a darle reputación y poder, como lo demuestra el hecho de que la Liga del Peloponeso durante la guerra del Peloponeso, contaran con la ayuda financiera de los dirigentes eleos.[5]

Arquitectónicamente los Tesoros se edificaron guardando un orden preconcebido. Genéricamente ofrecían el aspecto de un pequeño templo con dos columnas en el frente que formaban una especie de antecámara y que contenían una arcada y un frontón sobre la misma entrada. Algunos de los frontones estaban decorados con relieves y grupos escultóricos.[4]
El espacio interior, con la excepción del de Gela, tenía forma rectangular y se componía de una única cámara en donde se depositaban y guardaban todos los objetos preciosos cuya permanencia a la intemperie corrieran peligro de deterioro, extravío o hurto.[4]
Todas las pequeñas edificaciones se elevaban sobre una especie de terraza de tres metros de altura por encima del nivel medio del Altis, a la que se subía por unas gradas de piedra porosa que debieron construirse en fecha posterior a los tesoros, probablemente en el año 330. Al fondo, un muro delimitaba las cámaras de la falda del monte Cronio. el cual además de servir para evitar los arrastres y corrimientos de tierras, cerraba por ese punto la posible entrada al Santuario. Se construyó también en fecha posterior al conjunto principal.[4]