Theophrastus redivivus
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Theophrastus redivivus ("Teofrasto redivivo" en latín) es una obra anónima[1][2] escrita en el siglo XVII.[3] Ha sido descrita como "un compendio de antiguos argumentos contra la religión y la creencia en Dios"[1] y "una antología del librepensamiento."[4]
Sus fuentes son las clásicas ideas materialistas y escépticas de Pietro Pomponazzi, Lucilio Vanini, Michel de Montaigne, Maquiavelo, Pierre Charron y Gabriel Naudé.[2][5] Según la Brill's Encyclopaedia of the Neo-Latin World, es "una declaración completa de ateísmo y materialismo que parece, en efecto, intemporal. No localizada en tiempo ni lugar, el latín confiere una suerte de universalidad o ubicuidad escandalosa a las proposiciones más heterodoxas."[2]
A pesar ser algunas de las primeras obras explícitamente antirreligiosas de la Europa moderna, ni este ni el Tratado de los tres impostores, también conocido en su época, fueron mencionados nunca en las obras públicas de los philosophes del siglo de las luces posterior.[6]
Estructura
Theophrastus redivivus se hizo famoso por proclamar que todos los grandes filósofos, incluido el epónimo Teofrasto (filósofo griego, ca. 371 – ca. 287 a. C., sucesor de Aristóteles), habían sido ateos;[3][1] que las religiones son obra artificial de los hombres; que no hay prueba válida de la existencia de dioses, y que los que reclaman tener experiencia de un dios son mentirosos o enfermos (disingenuous or ill).[3]
Desde posiciones cercanas al empirismo, al naturalismo, al hedonismo y al libertinismo, reduce tanto las creencias religiosas como las morales derivadas de ellas a un artificio político (ars politica) de los poderosos para mantener su posición.[7] La "verdad", que solo cultivan los sabios, no tiene "utilidad" para la organización política.[8] Niega el creacionismo (que identifica con lo propuesto en los textos bíblicos presuntamente obra de Moisés y cuyas contradicciones internas señala) y propone la eternidad del mundo, de forma similar a la del aristotelismo renacentista de Pomponazzi.[9] De haber algo a lo que poder llamar "dioses", no serían trascendentes, sino una forma de denominar a la naturaleza o a los astros, a los que puede aplicarse la palabra griega theós (en latín cursor -"corredor"-).[7]
Theophrastus redivivus se divide en un proemio (prooemium) y seis tratados o libros (tractatus, libri), cada uno dividido en capítulos (capita).[10]
- Tractatus primus qui est "de Diis" – De los dioses
- Tractatus secundus qui est "de Mundo" – Del mundo
- Tractatus tertius qui est "de religione" – De la religión
- Tractatus quartus qui est "de anima et de inferis" – Del alma y el infierno
- Tractatus quintus qui est "de contemnenda morte" – Del desprecio de la muerte
- Tractatus sextus qui est "de vita secundum natura" – De la vida según la naturaleza
Manuscritos supervivientes
Que se sepa, solo han sobrevivido cuatro copias manuscritas: una en la Biblioteca Nacional de Francia en París (donada por Claude Sallier in 1741, que dijo haberla comprado en la subasta de los bienes de Karl Heinrich von Hoym en agosto de 1738), dos en la Biblioteca Nacional de Austria en Viena, y una en la colección particular de un profesor belga.[6] El erudito italiano Tullio Gregory estudió la obra en su Theophrastus redivivus. Erudizione e ateismo nel Seicento (Nápoles 1979), y en 1981 sus colegas Gianni Paganini y Guido Canziani editaron y publicaron el texto. Estos dos últimos han demostrado que los dos manuscritos austriacos de la colección Hohendorf, pertenecientes al príncipe Eugenio de Saboya, son probablemente los más antiguos, basados en un original anterior, y que los manuscritos belga y francés están copiados de aquellos.[6]
Theophrastus redivivus de Hessling, 1659
El manuscrito comparte su título con otra obra diferente, un libro impreso publicado en Frankfurt por un tal Elias Johann Hessling en 1659.[6] Ese libro, escrito en alemán, es una defensa de Paracelso (el científico y ocultista suizo-alemán del Renacimiento), y no tiene conexión alguna con la obra antirreligiosa anónima. No se sabe la causa de la coincidencia de títulos; el hecho es que ninguna de ellas menciona a la otra.[6] En todo caso, el uso de títulos en latín en los que se adjunta la palabra redivivus al nombre de un autor de la antigüedad clásica era algo común en los siglos XVII y XVIII.