Thomas Jefferson y los nativos americanos
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Thomas Jefferson creía que los pueblos indígenas estadounidenses eran una raza noble,[1] que eran «en cuerpo y mente iguales al hombre blanco»[2] y estaban dotados de un sentido moral innato y una marcada capacidad de razón. Asimismo, estaba a favor del mestizaje entre los colonos y los nativos como estrategia política.[3] No obstante, también creía que estos eran tecnológicamente inferiores.[1][2][4]
Jefferson nunca eliminó a ningún nativo estadounidense. Sin embargo, en cartas privadas sugirió varias ideas para trasladar a los nativos de los enclaves del este a sus propias nuevas tierras en el territorio al oeste del Misisipi. La remoción de indios fue aprobada por el Congreso en 1831, mucho después de su muerte. Antes y durante su presidencia, Jefferson discutió la necesidad de respeto, hermandad, comercio y mestizaje con los nativos americanos.[1][2] Jefferson sostuvo que los indígenas tenían tierra «de sobra» y, pensó, la cambiarían de buen grado por suministros garantizados de alimentos y equipo.[5]
Jefferson estaba fascinado con las culturas y los idiomas indígenas. Su casa en Monticello estaba llena de artefactos indígenas obtenidos de la expedición de Lewis y Clark. Recopiló información sobre el vocabulario y la gramática de las lenguas indígenas, lo que consideraba uno de sus proyectos científicos más importantes. Estaba consciente de que su conocimiento lingüístico no era tan sólido como su formación arqueológica y deseaba más información, lamentando que muchos pueblos nativos hubieran desaparecido sin que sus idiomas quedaran registrados. Con ese propósito reunió listas de palabras de hasta unas 250 lenguas nativas. En 1801 comentó a William Dunbar que intentaba reunir la colección más amplia posible y que ya había reunido alrededor de treinta listas, varias de ellas muy distintas entre sí. La Sociedad Filosófica Estadounidense conserva vocabularios de veintidós lenguas.[6]
Dado su interés por los idiomas nativos, lamentó no haber conversado en su infancia con los indígenas que asistían a los entierros en los Barrows, donde de niño no pudo preguntar por las personas enterradas allí. Ya adulto plantearía esas mismas preguntas mientras excavaba esos lugares. Jefferson aspiraba a que las lenguas indígenas pudieran conservarse como objetos tangibles y consultables en bibliotecas, fijadas por escrito como transcripciones alfabéticas, incluso si sus hablantes no usaban escritura. Su intención era transformar la lengua viva en un archivo permanente, depositado en las bibliotecas al igual que los restos materiales o arqueológicos. Según Jonathan Elmer, este propósito reflejaba el intento de Jefferson de "archivar" la cultura indígena tanto en el plano material como en el discursivo.[6]
Rechazó la teoría del determinismo medioambiental, que atribuía al clima y a la geografía la supuesta inferioridad física, cultural y política de los naturales de América frente a Europa. En su única obra, Notes on the State of Virginia, argumentó en contra de estas ideas y defendió el valor de las culturas nativas. Añadió al libro el discurso del jefe mingo James Logan, quien lamentaba el asesinato de su familia por un colono blanco, y lo presentó como una muestra de oratoria tan poderosa como la mejor tradición europea, clásica o moderna. En una carta al marqués de Chastellux, Jefferson declaró que consideraba a los indígenas «en cuerpo y mente iguales al hombre blanco», y sostenía que solo era necesario transformar su entorno para que pudieran integrarse plenamente como estadounidenses.[2]
Aculturación y asimilación
A Andrew Jackson a menudo se le atribuye el inicio del desplazamiento de los indígenas, ya que el congreso aprobó la Ley de traslado forzoso de los indios en 1831, durante su presidencia, y también por su participación personal en la expulsión por la fuerza de muchos pueblos nativos orientales.[7] El surgimiento de Napoleón en Europa, y el rumor de una posible transferencia del Territorio de Luisiana del Imperio español al francés, considerado más agresivo, fue motivo de consternación entre algunas personas en la república estadounidense. Jefferson abogó por la militarización de la frontera occidental, a lo largo del río Misisipi. Sintió que la mejor manera de lograr esto era inundar el área con una gran población de asentamientos blancos.
Aún recuperándose de la guerra de Independencia, el gobierno federal de los Estados Unidos no pudo arriesgarse a iniciar un amplio conflicto con las poderosas naciones indígenas que rodeaban sus fronteras. A los estadounidenses les preocupaba que esto provocara una guerra más amplia, en la que quizás Gran Bretaña, Francia o España se unieran a los indígenas.[8] En sus instrucciones a Meriwether Lewis, Jefferson enfatizó la necesidad de tratar a todas las tribus indígenas de la manera más conciliadora.[9]
Jefferson quería expandir sus fronteras a los territorios indígenas, sin provocar una guerra en toda regla. El plan original de Jefferson era convencer a los pueblos nativos para que adoptaran la cultura europea occidental.[7][10] En una carta privada de 1803 a William Henry Harrison, Jefferson escribió:
Para promover esta disposición para intercambiar tierras, que tienen de sobra y que queremos, por las necesidades, que tenemos de sobra y ellos quieren, impulsaremos nuestros usos comerciales y nos alegraremos de ver a los individuos buenos e influyentes entre ellos comerciar. De esta manera, nuestros asentamientos se circunscribirán gradualmente y se acercarán a los indios, y con el tiempo se incorporarán a nosotros como ciudadanos de los Estados Unidos o se trasladarán más allá del Misisipi. El primero es sin duda el final de su historia más feliz para ellos; pero, en todo el curso de esto, es esencial cultivar su amor.[11]
Para conseguirlo, defendió ideas similares respecto al mestizaje entre los blancos y los indígenas. En su tercer año como presidente, Jefferson manifestó su postura «por dejar nuestros establecimientos y los suyos (indígenas) encontrarse y criarse juntos, mezclarse y convertirse en un único pueblo». Ya unos años antes, en 1784, Patrick Henry había estado cerca de lograr que la legislatura de Virginia aprobara una ley que proponía incentivos para los matrimonios entre personas blancas e indígenas, además de educación pública gratuita para los hijos de estas uniones interraciales.[3]
La misma línea de pensamiento reapareció seis años después, poco antes de que Jefferson retornara a Monticello. En un encuentro con un grupo de jefes indígenas del oeste, reiteró su convicción de que la integración se lograría a través de la unión familiar y política entre ambos grupos. En esa ocasión les dijo: «ustedes van a unirse con nosotros... y seremos todos americanos; van a mezclarse con nosotros por matrimonio, su sangre correrá por nuestras venas y se derramará con nosotros sobre esta gran isla».[3]
Las respuestas indígenas a la asimilación cultural fueron diversas: líderes como Black Hoof aceptaron el programa de "civilización" de Jefferson y se establecieron como agricultores en Ohio, mientras que Tecumseh organizó una confederación y una fuerte resistencia contra Estados Unidos antes de la guerra de 1812. En el sur, varias naciones también adoptaron parte de este proyecto y fueron llamadas por el gobierno las Cinco Tribus Civilizadas, ya que algunos de sus miembros construyeron pueblos y plantaciones al estilo angloamericano, e incluso practicaron la esclavitud de personas negras.[2]