Tizapán tuvo un papel importante en la historia de la peregrinación mexica. Las crónicas refieren que después de ser expulsados de Chapultepec, fueron enviados por el señorío de Colhuacan a Tizapan, con el propósito de que fuesen exterminados por las serpientes que allí abundaban. Sin embargo prosperaron, participaron en varias guerras como vasallos de los culhuas y emparentaron con los pueblos vecinos. Hacia 1323, después de pedir como esposa de su señor a una hija del señor de Colhuacan, la sacrificaron para convertirla en yaocihuatl, ‘mujer guerrera’. Por esta razón fueron expulsados; dejaron el lugar para residir en Iztapalapa y finalmente en la isla de Tenochtitlan, donde paulatinamente establecieron el gran señorío mexica.[2]
El posterior pueblo colonial de Tizapán dependió de Coyoacán, que era parte del Marquesado del Valle de Oaxaca, hasta que la independencia abolió los títulos señoriales. Los dominicos construyeron aquí una ermita, dependiente del convento de San Jacinto, en San Ángel. En 1857 se convirtió en la iglesia de Niño Jesús de Tizapán y finalmente fue dedicada a Nuestra Señora de Guadalupe.[3]
En la parte baja se estableció primero el Molino de Miraflores y luego la fábrica de papel Molino de Loreto, aprovechando la corriente de agua del río Magdalena.
En el siglo XIX se fundaron en Tizapán las fábricas textiles La Hormiga (en el predio del actual hospital del Seguro Social) y La Abeja, que aprovechaban los desniveles del río para generar su electricidad. El pintor José María Velasco retrató «El Cabrío», el salto de agua de la fábrica La Hormiga, que era también sitio de paseo. Estas fábricas continuaron en producción hasta la década de 1960.[4]
El crecimiento de la población obrera y las condiciones de trabajo dieron lugar a la aparición de sindicatos, y a una huelga en la fábrica La Hormiga, en 1874.[5]
En 1905, la Fábrica de Papel Loreto fue casi destruida por un incendio. Fue adquirida y reconstruida por Alberto Lenz, quien también edificó las viviendas para obreros que todavía subsisten (primera a cuarta cerrada de Altamirano, Tizapán Pueblo).[6] La fábrica siguió en actividad hasta su cierre en 1992.
La llegada de trabajadores y de migrantes que se asentaron en Tizapán dio lugar a su crecimiento y expansión. De esta manera aparecieron las colonias Progreso Tizapán y Ermita Tizapán.
En Progreso Tizapán se halla el Parque Ecológico el Batán. Este parque fue construido en una residencia que perteneció a Dolores Olmedo hasta 1967, año en que pasó a ser propiedad de Banobras. En él se halla una fuente, «El espejo de la estrella», diseñada por Diego Rivera en 1956. Actualmente es un espacio recreativo y educativo, orientado en particular a la infancia.[7]