El álbum recibió reseñas positivas de los críticos, quienes en su mayoría elogiaron la voz de Presley y sus composiciones. El crítico de Los Angeles Times Robert Hilburn afirmó en su reseña: «La música de este álbum tiene un tono descarnado y sin concesiones [...] La aguerrida voz de Presley, con ribetes de blues, tiene un toque distintivo».[2]
El crítico Stephen Thomas Erlewine manifestó: «Se trata de un álbum de pop/rock agudo y ambicioso, interpretado por una cantante con verdadero carácter, afortunadamente hosco, ya que las divas de la década de 2000 han sido demasiado dulces».[1] La reseña de la revista Rolling Stone indica que el disco «es una memoria oscura, alternativamente arrepentida y mordaz, que gotea ácido confesional».[3]