Tomás Cortés de Sangüesa
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| Tomás Cortés de Sangüesa | ||
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Obispo de Jaca | ||
| 1607-1614 | ||
| Predecesor | Miguel Santos de San Pedro | |
| Sucesor | Martín Carrillo Alderete | |
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Obispo de Teruel | ||
| 1614-9 de diciembre de 1624 | ||
| Predecesor | Martín Terrer de Valenzuela | |
| Sucesor | Fernando de Valdés y Llano | |
| Información religiosa | ||
| Ordenación episcopal | 1577 | |
| Información personal | ||
| Nombre | Tomás Cortés de Sangüesa | |
| Nacimiento | c. 1551 | |
| Fallecimiento | 9 de diciembre de 1624 | |
| Alma mater | Universidad Sertoriana de Huesca | |
Tomás Cortés de Sangüesa (Huesca, 1551[1] - Huesca, 9 de diciembre de 1624) fue un religioso español muy cercano a la corte de Felipe II que detentó las sedes episcopales de Jaca, y Teruel.
Vinculación al señorío de Torresecas
Provenía de una familia nobiliaria infanzona, ya que sus padres Juan Cortés Claramonte, infanzón ciudadano de Huesca y su mujer Juana de Sangüesa, señora de Torresecas, eran nobles con una clientela bien establecida dentro de la oligarquía municipal y que tuvieron otros cuatro hijos además del propio Tomás:
- Beatriz Cortés de Sangüesa, que fue monja en el Monasterio de Casbas tras el pago de sus tutores de una dote de siete mil sueldos al cenobio.
- Alonso Cortés de Sangüesa, primogénito y señor de Torresecas tras la muerte de su madre en el 1555, que contrajo matrimonio con Gracia de Arnedo y Vargas, sobrina de Diego de Arnedo, colegial de la Universidad de Bolonia, obispo de Mallorca y Huesca, el 23 de diciembre de 1577 aunque falleció el 23 de agosto de 1588 dejando como hijo único a Faustino Cortés de Sangüesa y Arnedo, quien terminaría siendo I vizconde de Torresecas tras la concesión real de Felipe IV en el 1630.[2]
- Juan Cortés de Sangüesa, casó en primeras nupcias con Isabel Sellán y Samper, hermana de Pedro Sellán, señor temporal de Pompién.[3]
- Margartita Cortés de Sangüesa, casó en 1570 con Martín de Araus y Biota, siendo el segundo matrimonio de su marido pero Margarita falleció 1575.[3]
Tras la muerte de su madre Juana en el 1555 su padre contrajo segundas nupcias con Jerónima Capa antes del 1577, quien falleció el 3 de diciembre de 1599 y tras cuatro días Juan Cortés Claramonte falleció también.[3]
La familia de los Cortés se había visto envuelta en el pleito de acceso al señorío de Torresecas, ya que el hermano de su madre Juana, Martín de Sangüesa, falleció el 16 de diciembre de 1546 y no había dejado descendientes vivos de su matrimonio con Constanza Adrián, quien mantuvo sus derechos de usufructo como viuda del señorío aunque intentó venderlo a sus familiares al igual que estableció un legado para el matrimonio de varias de sus sobrinas a pesar de que el testamento del padre de Martín y Juana establecía que en el caso de que Martín falleciese sin herederos el señorío pasase a su hermana.
Finalmente y después de un arbitraje por parte de Pedro de Urriés, barón de Ayerbe y Pedro Altarriba, señor de Huerto se reconoció a Juana como heredera universal de su hermano pero también el derecho de usufructo de la viuda, quien recibiría la suma de treinta y dos mil sueldos correspondientes a su dote pero debía de satisfacer a su vez un censal que había cargado el matrimonio sobre su estado,[3] aunque el hecho de que la muerte de Constanza no sucedió hasta
El matrimonio de sus padres encajaba dentro de la estrategia de matrimonio entre la élite concejil oscense debido a que el matrimonio entre Juana y Juan era especialmente beneficioso para ella ya que él estaba emparentado con los Lastanosa debido al matrimonio de su hermana Clara Cortés y Claramonte, quien había contraído matrimonio el 18 de abril de 1539 con Juan Luis Lastanosa, abuelo de Vicencio Juan de Lastanosa.[3]
Biografía
Nació en 1551 en el palacio familiar de Huesca, siendo bautizado en la cercana[4] Basílica de San Lorenzo poco después. Ingresó en el Colegio Imperial y Mayor de Santiago el 22 de diciembre del 1571[5] y en la Universidad se doctoró en derecho civil y canónico en 1578 aunque entre 1573 y 1579 mientras aún era estudiante, fue profesor de derecho civil y rector del mismo entre 1606 y 1607[6] aunque ya en el 1577 había sido nombrado canónigo de la Catedral de Huesca y en el 1584 se convirtió en miembro de la curia eclesiástica para cinco años después ser designado oficial del Estudio General de la Universidad de Huesca y desde 1592 para regir el hospital de la ciudad.
Además de sus actividades dentro de la administración eclesiástica local también participó de forma activa en los niveles superiores de la jerarquía tanto eclesiástica, siendo vicario general en los episcopados de Martín Cleriguet y de Diego Monreal, visitador de la diócesis, conjuez y comisario de la Inquisición en Zaragoza, que le permitió ser informante de la corona durante las Alteraciones del 1591 como política, siendo diputado del Reino de Aragón entre los años 1607 y 1608.
En un principio y en recompensa por sus actuaciones a favor de la corona durante las alteraciones se le ofreció ser nombrado abad de Santa María de Alaón al igual que canónigo de la Seo de Zaragoza pero rechazó ambas concesiones por mantenerse cerca de su padre anciano según las notas de la corte aunque tras la muerte de Malaquías Asso en el 1606 fue nombrado obispo de Jaca.[7]
Obispo de Jaca
Accedió a la silla episcopal de Jaca en un momento de estrechez económica ya que equivalía a dos mil quinientos ducados anuales, razón por la que no se le podía de cargar pensión alguna, en parte debido a la restauración del obispado y su encaje dentro de las exigencias del Concilio de Trento, la propia Jaca no superaba los quinientos vecinos y las tres parroquias principales del obispado; San Pedro el Viejo, Santiago y San Ginés junto con las ciento ochenta y siete parroquias de las cuales pocas llegaban a los cien ducados anuales de ingreso cargaban con un cabildo de siete dignidades y quince canónigos.
Tomás no tardó en iniciar reformas propias muy orientadas a lo administrativo, siendo las relationes ad limina de 1610 y 1613 y el sínodo diocesano que celebró entre el 1609 y el 1610 prueba de ello, donde trató las excomuniones debido a deudas, el arrendamiento de las rentas parroquiales, la creación de un archivo diocesano y el control del paso de los clérigos a Francia sin permiso expreso del obispo.
A pesar de las reformas iniciadas el obispo tuvo conflictos constantes con el cabildo, ya desde su toma de posesión debió de estar ausente ya que esta la realizó desde Madrid y debido a su puesto como Diputado de Aragón en 1607 y 1608 aunque entre el 1609 y 1612 las relaciones parece que fueron cordiales aunque en este año el cabildo se negó a ser visitado al no querer el obispo pagar algunas rentas que al cabildo, por lo que le terminaron denunciando a la Sagrada Congregación del Concilio, encargada de la interpretación de los cánones tridentinos.
En esta situación el cardenal Antonmaria Sauli remitió al arzobispo de Zaragoza, Pedro Manrique de Lara, el memorial completo que los canónigos jacetanos habían presentado , en el cual se le acusaba de realizar cobros ilegítimos y abusivos tanto en ermitas, cofradías, beneficios eclesiásticos como asuntos matrimoniales y de las visitas pastorales, el prelado debió de creer hasta cierto punto las acusaciones ya que escribió al confesor del rey recomendando solucionar el conflicto antes de que llegase a la curia romana, a pesar de que el propio obispo se defendió acusando a los canónigos de irregularidades en las rentas destinadas al mantenimiento del culto que había causado la falta de decoro y material para realizar correctamente la liturgia al igual que les acusaba de degradación moral e intimidación acompañado de la hostilidad al obispo que había llegado al punto de que el capellán mayor acusase de hereje al propio obispo y de la expulsión violenta de su vicario general del coro.[7]
El arzobispo realizó una serie de investigaciones, principalmente varias entrevistas a testigos y determinó que el obispo era unitariamente detestado por la comunidad religiosa como los feligreses, recomendando al duque de Lerma en una carta que evitasen que el pleito llegase a Roma y que lo trasladasen a otra sede episcopal, algo que también apoyaban tanto el vicecanciller del Consejo de Aragón, Andrés Roig, como el confesor real Luis de Aliaga.
Obispado de Teruel
En el concilio provincial del 1614 convocado por el arzobispo fue trasladado al obispado de Teruel, donde mantuvo una relación similar con el cabildo turolense, el cual había estado envuelto en el proceso de renovación de la Catedral tras la formación de la diócesis turolense en el 1577[2] y en la cual el Tomás se centró en aumentar el tesoro catedralicio, destacando el encargo al platero residente en Zaragoza Claudio Iennequi un busto de la patrona de la ciudad Santa Emerencia, en imitación a los bustos que el antipapa Benedicto XIII regaló a la Seo de Zaragoza y a la iglesia de Santa Engracia en 1397, siendo este uno con movimiento en brazos y torso.[8]
Falleció en diciembre del 1624 en Huesca a donde se había desplazado para asistir a la consagración de la nueva basílica de San Lorenzo para la cual había contribuido casi sesenta y cinco mil escudos al fundar un priorato, doce raciones y dos capellanías,[7] siendo enterrado en el presbiterio bajo una lápida de piedra negra de Calatorao encargada por su sobrino Faustino de forma póstuma al escultor Antón Franco en Zaragoza en el año 1628.[2]