Inaugurado en 1887, el puente Hintze Ribeiro se había construido sobre el río Duero y conectaba las freguesias de Santa Maria de Sardoura (Castelo de Paiva) y Eja (Penafiel) —más conocida como Entre-os-Rios—, ambas a 38 km de Oporto. Se trataba de un puente en celosía de 336 metros de longitud y vía estrecha, apoyado en seis pilares de granito sobre ochenta metros de altura, que a lo largo de su vida útil había sido reformado en varias ocasiones. La plataforma era además la única conexión directa entre ambas ciudades con el área metropolitana de Oporto.[1]
En la década de 1980, con el crecimiento demográfico del norte de Portugal y el aumento de tránsito, los pilares del puente Hintze Ribeiro empezaron a mostrar señales de desgaste. En un primer momento las autoridades portuguesas habían planteado una remodelación completa sobre la obra original, pero el ministerio de Obras Públicas tuvo que comprometerse a construir un nuevo puente en el 2000. La inversión no se llevó a cabo por cuestiones presupuestarias, así que el Hintze Ribeiro se mantuvo abierto. Dos meses antes de la tragedia, el 9 de enero del 2001, los vecinos de ambos municipios habían cortado la circulación de la carretera con una manifestación para reclamar mejoras en el transporte.[2]
La catástrofe se produjo el 4 de marzo de 2001, después de varios días de lluvia intensa que habían aumentado el caudal y la corriente del Duero. Alrededor de las 21:10 horas (UTC ±0), el cuarto pilar del puente cedió y se produjo el derrumbe parcial de dos tramos de la carretera. Con ellos se hundieron cuatro vehículos procedentes del tramo de Eja: tres automóviles y un autocar con más de cincuenta pasajeros que regresaban de una excursión turística.[1] No hubo más vehículos involucrados porque los procedentes de Castelo de Paiva estaban esperando a que el autobús terminara su trayecto para poder pasar.[3] Los servicios de emergencia llegaron a las 21:45 y dieron por hecho que todas las víctimas habían fallecido en el acto debido a la distancia de caída, los escombros y el caudal del río. La fuerte corriente debido al temporal imposibilitó cualquier labor de rescate inmediato.[2][3] La población portuguesa no tuvo constancia de la magnitud de la tragedia hasta el día siguiente.[2]
En el accidente murieron un total de 59 personas: 54 de Castelo de Paiva, dos de Cinfães, dos de Gondomar y uno de Penafiel. La mayoría de las víctimas se vieron arrastradas por la corriente y tan solo pudieron rescatarse 23 cadáveres, muchos de ellos en las costas de Galicia (España).[4] El equipo de buceo de la Armada Portuguesa no pudo sacar el autobús del río hasta tres semanas después.[5]