Traslado de la corte portuguesa a Brasil

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El traslado de la corte portuguesa a Brasil (en portugués: Transferência da corte portuguesa para o Brasil) fue un episodio en la historia de Portugal y Brasil donde la familia real lusitana, encabezada por la reina María I de Portugal y el príncipe regente el futuro Juan VI de Portugal junto con toda la corte establecida en Lisboa huyeron a la colonia portuguesa de Brasil en 1807 para escapar a las tropas de Napoleón Bonaparte y españolas que penetraban en Portugal en virtud del Tratado de Fontainebleau. De hecho, la sede de la Casa de Braganza quedó en Río de Janeiro desde el 7 de marzo de 1808 hasta el 26 de abril de 1821.

Tipo acontecimiento y cambio de la capital
Fecha de inicio 29 de noviembre de 1807
Datos rápidos Localización, País ...
Traslado de la corte portuguesa a Brasil
Localización
País Portugal y Brasil
Datos generales
Tipo acontecimiento y cambio de la capital
Causa guerras napoleónicas
Histórico
Fecha de inicio 29 de noviembre de 1807
Fecha de fin 26 de abril de 1821
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Semejante situación implicaba que todo el imperio colonial portugués era gobernado desde una de las colonias, Brasil, por lo que dicho territorio quedó elevado a una situación legal y administrativa igual a la de su metrópoli invadida por tropas extranjeras.

Antecedentes

En 1807 Portugal era un país aliado de Gran Bretaña en contra de Francia (ya gobernada por Napoleón Bonaparte) y de España (regida por el monarca Carlos IV pero aliada con los franceses). En virtud de la alianza franco-española, Napoleón I llegó a un acuerdo con el favorito de los reyes de España, Manuel Godoy, para que tropas francesas invadieran Portugal transitando por territorio español; a cambio de ello, se otorgarían territorios portugueses a España. Este plan era en realidad una ejecución del Tratado de Tilsit celebrado en julio de 1807 entre Francia y Rusia, por el cual Napoleón Bonaparte disponía su voluntad de extinguir las dinastías de Borbón en España y de Braganza en Portugal, imponiendo a ambos países monarcas de la familia de Napoleón.

En ejecución de la "alianza franco-española" pactada entre Godoy y Napoleón, los embajadores de ambos países en Lisboa entregaron un mensaje en 12 de agosto de 1807 a la corte portuguesa: Francia reclamaba que Portugal se adhiriese al Bloqueo Continental ordenado por Napoleón I (suprimiendo todo comercio con los británicos) y declarar la guerra a Gran Bretaña, arrestando a sus súbditos domiciliados en suelo portugués.

El príncipe regente don Juan en 1804.

Ante ello en la corte de Lisboa se discutieron dos opciones: aceptar las exigencias de Napoleón e integrarse al bloqueo continental (posición defendida por el ministro Antonio de Araújo e Azevedo) o pedir ayuda a Gran Bretaña y retirar la sede del gobierno portugués a Brasil para evitar la invasión francesa (alternativa postulada por el ministro Rodrigo de Sousa Coutinho, conde de Linhares). Triunfó la opinión de Araújo e Azevedo y de inmediato Sousa Coutinho fue cesado, aceptando el príncipe regente y futuro rey Juan VI de Portugal el Bloqueo Continental.

No obstante, a mediados de octubre llegó a Lisboa la noticia que Carlos IV de España permitía libre paso a las tropas francesas por suelo español, y de inmediato éstas atravesaron los Pirineos en dirección a Portugal. En simultáneo se conocía que Francia había requerido a la corte española el arresto del príncipe heredero Fernando de Asturias, enemigo de Manuel Godoy y opositor a la política francesa, causando en Lisboa el temor a un efectivo destronamiento de la casa de Braganza del trono portugués por las tropas napoleónicas.

En absoluta inferioridad numérica, y ante la hostilidad española, era evidente que Portugal no podría resistir mucho tiempo el masivo ataque francés y entonces el príncipe regente Juan VI buscó demorar el arribo de las tropas francesas mediante maniobras diplomáticas dilatorias, mientras en simultáneo pedía ayuda urgente a Gran Bretaña para resistir a los franceses de alguna manera.

La oferta del gobierno británico consistía en que Portugal se manifestase en contra del Bloqueo Continental ordenado por Napoleón I y continuara comerciando con Gran Bretaña, pues en caso contrario la marina de guerra británica destruiría la flota portuguesa anclada en Lisboa (al igual que habían hecho con la flota danesa en agosto y septiembre del mismo año en la Segunda Batalla de Copenhague), lo cual significaba aniquilar el comercio internacional portugués así como suprimir la comunicación de Portugal con su muy rico imperio colonial (del cual dependía la subsistencia de la metrópoli).

Juan VI era consciente de que Portugal no podría resistir militarmente una invasión conjunta franco-española, ni podría permitir la destrucción de su flota de la cual dependía el comercio con su imperio colonial, y pidió entonces ayuda a Gran Bretaña para que la corte lusitana huyera a Brasil y el mismo 20 de noviembre el rey decidió que toda la corte se preparase para salir de Lisboa, dando por válida la idea que meses antes había sugerido Rodrigo de Sousa Coutinho. Ideas de trasladar la corte portuguesa a Brasil en caso de "grave peligro" existían en Portugal desde el siglo XVII pero no habían pasado de análisis teóricos, sin formular un proyecto efectivo para ejecutar tal traslado; la amenaza de una invasión francesa a gran escala forzó a que Juan VI tornara en plan auténtico la antigua propuesta de "mudanza a Brasil".

En realidad Juan VI aún era propiamente sólo príncipe regente del reino portugués en tanto su madre María I de Portugal vivía, pero la anciana reina sufría demencia avanzada desde hacía años y no participaba en el gobierno. Para este plan de evacuación, Juan VI contaba con el apoyo naval del Reino Unido de Gran Bretaña e Irlanda, que finalmente remitió buques para auxiliar en el traslado enviando una escuadra de la Marina Real Británica al mando del contraalmirante William Sidney Smith.[1]

Escuadra de evacuación

Los principales buques de guerra de la época eran los navíos de línea (en portugués nau de linha o navio de linha), que de forma simplificaba tenían entre 60 y 120 cañones y tripulaciones de 490 a 950 hombres.[2] El sistema de clasificación usado por los portugueses establecía seis classes, «clases», siguiendo el ejemplo de los británicos. La 1.ª clase correspondía a un nau de 90 a 110 peças[3] o navio de 3 cobertas es decir, navíos de tres puentes o cubiertas artilladas y 110 cañones. La 2.ª clase se apodaba nau de 84 peças y tenían de dos[4] a tres puentes con 80 a 90[3]o 100 cañones. La 3.ª clase se llamaba nau de 74 peças y tenía dos puentes con 74 cañones. La 4.ª clase se llamaba nau de 64 peças y tenía dos puentes con 64 cañones. La 5.ª clase se trataba de las fragatas, tenían un puente con 24 a 50 cañones. La 6.ª clase eran bergantines de un puente con 10 a 16 cañones[4] o corbetas de un puente con 20 a 24 cañones.[3]

Más información Barco, Clase ...
Escuadra portuguesa que trasladó a la corte a Brasil:
Clase según la clasificación británica de los barcos de combate.[5]
Los rangos de los oficiales están abreviados.[nota 1]
BarcoClaseCañonesTripulaciónMando
Navíos de línea
Príncipe Real[nota 2]2.ª[8]84[9][10] a 90[11][7]950[11]CMG Francisco José de Canto e Castro Mascarenhas[11]
Dom João de Castro[nota 3]3.ª[12]64[9][7][10]663[11]CMG Manuel João de Lócio[11]
Afonso de Albuquerque[nota 4]3.ª[14]64[9][7][10]634[11]CMG Inácio da Costa Quintela[11]
Rainha de Portugal3.ª[15]74[9][16][10]669[11]CMG Francisco Manuel de Souto-Maior[11]
Medusa[nota 5]3.ª[18]74[9][16][10]669[11]CMG Henrique de Fonseca de Souca Prego[11]
Príncipe do Brasil3.ª[19]74[9][16][10]663[11]CMG Francisco Borja Salerna Garção[11]
Conde Dom Henrique[nota 6]3.ª[20]74[9][7][10]753[11]CMG José María de Almeida
Martin de Freitas[nota 7]3.ª[21]64[9][7][10]634[11]CMG Manuel de Meneses[11]
Fragatas
Minerva5.º[22]44[9][10] a 48[11][23]349[11]CMG Rodrigo José Ferreira Lobo[11]
Golfinho5.ª[24]36[9][10] a 40[11][25]300[11]CMG Luís da Cunha Moreira[11]
Urânia[nota 8]5.ª[26]32,[9] 36[23] o 40[11]329[11]CF José Manuel de Meneses[11]
Princesa Carlota[nota 9]5.ª[27]32[10] a 48[11][23]349[11]CF Francisco António da Silva Pacheco[11]
Bergantines
Lebre[28]20,[10] 22[9] a 24[11][29]133[11]CMG Daniel Thompson[11]
Voador[nota 10]20,[10] 22[9] a 24[11]136[11]CT Francisco Maximiliano de Sousa[11]
Vingança[28]18[11][31] a 20[9][10]97[11]CMG Diogo Nicolau Keating[11]
São Boaventura[32]2290Desconocido[11]
Condessa de Resende20[11][31]90PT Basílio Ferreira de Carvalho[11]
Goletas
Curiosa[33]12[9][28][10]43[11]PT Isidoro Francisco Guimarães[11]
Furão[33]860CT Joaquim Martins[11]
Ninfa[33]860Desconocido[11]
Charruas
Thétis[nota 11]36100PT Paulo José Miguel de Brito[11]
Princesa da Beira[34]26100PT Joaquim José Álvares[11]
São João Magnânimo26[35][11]100PT Custódio José da Silva e Meneses[11]
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Los buques de la escuadra necesitaban diversas reparaciones: el Rainha de Portugal necesitaba veintisiete barriles de agua porque los suyos estaban vacíos, el Conde Dom Henrique seis barriles de agua y una botica, el Príncipe Real veinte barriles de agua, un boticario, gallinas, cuerda, cera, marlín y línea de barcaza y leña, el Principe do Brasil treinta barriles de agua, cera, cuerda, leña y cabo de barco, la Minerva sesenta barriles de agua, la Golphinho seis barriles de agua, medicinas, leña y gallinas, la Urânia leña, el Vingança agua y leña y el Voador tres barriles de agua.[36]

Más información Barco, Clase ...
Buques portugueses que se quedaron en Lisboa:
Clase según la clasificación británica de los barcos de combate.
BarcoClaseCañonesTripulación
Navíos de línea
Vasco de Gama3.ª[37]74[38] a 80[6][16]663[6]
São Sebastião3.ª[39]64[6][7]574[6]
Maria I3.ª[40]74[6][16]639[6]
Princesa da Beira3.ª[41]68[42] a 74[6]562[6]
Príncipe Regente3.ª[43]74[44]
Fragatas
Fenix4.ª[45]46[25] a 48[6]379[6]
Amazona5.ª[46]50[6][23]
Pérola5.ª[47]44[6][34]
Tritão5.ª[48]44[6][25]329[6]
Vénus5.ª[49]36[6][23]300[6]
Corbetas
Andorinha24[6][34]
Bergantines
Gaivota do Mar24[6][29]
Benjamim24[6][23]
Charruas
Princesa Real24[35] a 26[6]
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La escuadra incluía a todos los buques presentes en la ciudad a inicios de mes,[10] excepto el Vasco de Gama,[38] que estaba en el astillero recibiendo unas pequeñas reparaciones y casi listo cuando llegaron los franceses.[6] También estaban en reparaciones un navío de 74 y otro de 64 cañones, cinco fragatas y numerosas corbetas y otras naves menores.[38] Entre estos navíos estaba el São Sebastião, que no podía ser utilizado porque necesitaba importantes reparaciones en su casco, el Maria I no estaba apto para la navegación y se le relegó a ser una batería flotante, al Princesa da Beira se le consideraba irreparable y también era usado como batería flotante y, por último, el Príncipe Regente (futuro João VI) estaba en carena en el Arsenal de la Marina sin terminar,[6] lo que sucedió recién en 1816.[44] Respecto de las fragatas, la Fenix, la Amazona y la Pérola necesitaban grandes reparaciones en sus cascos, mientras que la Tritão y la Vénus estaban en tan malas condiciones que se consideraban irreparables. En cambio, los bergantines Gaivota do Mar y Benjamim y la charrua Princesa Real sólo necesitaban reparaciones menores.[6]

Huida a Brasil

Número de pasajeros y tripulantes

Según el teniente primero del London, Thomas O'Neill, testigo presencial de los hechos,[50] relató que 14 000 a 16 000 personas emigraron en el convoy, incluyendo 4000 soldados; solamente en el Príncipe Real viajaban 412 pasajeros sin incluir a la tripulación.[51] El historiador brasileño Alexandre José de Mello Moraes estimó en su Historia da trasladação da corte portugueza para o Brasil em 1807-1808 de 1872 que el número de personas bien pudo alcanzar las treinta mil entre pasajeros y tripulantes, incluyendo los que abordaron las naves inglesas.[52] El periodista portugués Jorge Miguel Viana Pedreira considera que pudieron ser de cuatro a siete mil personas si se tienen en cuenta las listas fragmentadas e incompletas de pasajeros, las capacidades de cada buque y las constantes quejas de hacinamiento. Los nobles, militares, clérigos, jueces y funcionarios reales iban acompañados de sus familias y a veces numerosos sirvientes, por ejemplo, el duque de Cadaval embarcó once y el marqués de Belas veinticuatro.[53] Además, fueron embarcados soldados, obreros mecánicos y empleados y sirvientes de bajo rango de los diversos departamentos de la casa real y otras instituciones de la Corte.[54]

El periodista brasileño Laurentino Gomes apoya las cifras de diez a quince mil personas, lo que supondría un número impresionante en una época en que Lisboa apenas tenía doscientos mil habitantes.[55] Esto ha sido muy criticado. El arquitecto de Río de Janeiro, Nireu Oliveira Cavalcanti, escribió en O Rio de Janeiro setecentista que la cifra de pasajeros debió ser de unos 444, incluyendo 60 miembros de la familia real, basándose en las listas de pasajeros de varios buques que desembarcaron en la ciudad entre 1808 y 1809.[56] Sin embargo, dicha estimación parece una subestimación,[57] pues el mismo general de división francés Jean-Andoche Junot relato en una carta para su emperador que en el Príncipe Real abordaron unas 2000 personas.[58]

En un estudio de 2008, el genealogista brasileño Carlos Eduardo de Almeida Barata estimó el flujo de personas a Brasil en aquellos años en al menos 11 528 personas, de las que 1100 acompañaron a la familia real en su travesía, desembarcando entre Bahía y Río de Janeiro, principalmente en esta última urbe. Las otras diez mil personas no cruzaron apresuradamente ni se quedaron en Brasil, pues eran principalmente marineros de los buques mercantes o militares.[57]

En respuesta a Cavalcanti, el historiador Kenneth H. Light menciona que no todos los buques desembarcaron en Río de Janeiro, pues otros atracaron en Paraíba, Recife, Salvador y otras ciudades costeras.[59] Light también calculó que el Príncipe Real transportaba 1054 personas, de los que 950 eran marineros;[60] extrapolando ese número al resto de la flota calcula que bien pudieron ser diez a quince mil personas, de las que seis a siete mil serían tripulantes, aunque reconoce que es imposible saberlo porque no hubo un registro de pasajeros.[59][61] En una entrevista posterior, Light rebajó la cifra a 4500 personas.[62]

Inicio

La escuadra portuguesa era protegida por todos los barcos de guerra presentes en Lisboa a inicios de noviembre de 1807 y que fueran capaces de hacer la travesía. Además, tenían 20 grandes barcos mercantes armados y cargados con mercancías y pasajeros. Estaba bajo el mando del vicealmirante Manuel da Cunha Souto Maior (también escrito Manuel d'Acunha Sottomayor) en el buque insignia Príncipe Real,[10] el que oficialmente era un navío de 80 piezas de artillería, pero usualmente portaba 86 y tenía capacidad para 110.[6]

Juan VI dio órdenes para una evacuación masiva mientras tanto desde el 27 de noviembre los barcos recibían en los muelles lisboetas a la corte, toda la familia real, aristócratas y funcionarios, archivos, documentos, bibliotecas (incluyendo la mayor parte de la Biblioteca Nacional de Portugal), grandes cantidades de oro y plata, amplias colecciones de arte, y posesiones valiosas de la Casa de Braganza. Pese a la premura del tiempo, al desorden de los funcionarios, y la sorpresa y temor del pueblo, la evacuación logró ejecutarse oportunamente.

En el navío Príncipe Real abordaron la reina María I, el príncipe regente Juan VI, el príncipe Pedro de Alcántara, el infante portugués Miguel y el infante español Pedro Carlos de Borbón.[11] Esta decisión fue producto de la prisa y se considera actualmente como imprudente, teniendo en cuenta los riesgos de un viaje transatlántico en aquella época, ya que se ponía en peligro la sucesión de la corona, si el navío naufragaba.[63] En el Afonso de Albuquerque estaban la princesa española Carlota Joaquina de Borbón y sus hijas, las infantas portuguesas María Teresa, María Isabel, María de la Asunción y Ana de Jesús.[11] Les acompañaban los condes de Caparica y de Cavalheiros, sus familias y sirvientes, que junto a la tripulación sumaban más de 1200 personas. En el Rainha de Portugal iban nobles como el marqués de Lavradio.[64] Finalmente, en el Príncipe do Brasil viajaban la princesa viuda María Benedicta de Portugal y la infanta portuguesa Mariana. En la charrua São João Magnânimo se transportaban materiales y la biblioteca de la Academia Real dos Guardas-Marinhas y en la Thétis a más de cien pasajeros y nueve carruajes reales en la cubierta, mientras que el navío Conde Dom Henrique llevaba a integrantes de esa academia.[11] Los buques también transportaban al tesoro real de unos ochenta millones de cruzados de plata, diamantes de Minas Gerais, todos los archivos reales y una nueva imprenta comprada en Londres. Esta última iba en el Medusa, pero el la caja con el hierro para hacerla funcionar iba por separado para evitar la difusión de ideas revolucionarias en la colonia, de hecho, ese fue el mismo motivo por el que no se habían permitido las imprentas en Brasil hasta entonces.[64]

Más información Barco, Tipo ...
Escuadra inglesa enviada a Lisboa:
Clases según la clasificación británica de los barcos de combate.
BarcoTipoClaseCañonesCapitán
HiberniaNavío1.ª[65]120Charles Marsh Schomberg[1]
LondonNavío2.ª[66]90Thomas Western[1]
FoudroyantNavío3.ª[67]80Norborne Thompson[1]
ElizabethNavío3.ª[68]74Henry Curzon[1]
ConquerorNavío3.ª[69]74Israel Pellew[1]
MarlboroughNavío3.ª[70]74Graham Moore[1]
MonarchNavío3.ª[71]74Richard Lee[1]
PlantagenetNavío3.ª[72]74William Bradley[1]
BedfordNavío3.ª[73]74James Walker[1]
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Finalmente, después de dos días en que fuertes vientos soplaron del mar a tierra firme, el 29 de noviembre se dieron vientos favorables, dejó de llover y salió el sol, dándose orden de zarpar a las 07:00 horas.[64] El embajador británico, Percy Clinton Sydney Smythe abordó el Hibernia y de inmediato escribió un informe al canciller George Canning.[74] El viento les permitió salir rápidamente de la desembocadura del Tajo mientras los franceses les miraban desde las montañas cercanas.[75]

Los navíos Medusa y Martim de Freitas debieron maniobrar al pasar cerca de los once buques rusos fondeados en Junqueira[11] al mando del vicealmirante Dimitri Siniavin.[nota 12] En la región por su guerra con el Imperio otomano y que juzgaron muy peligroso aventurarse más al norte de vuelta al mar Báltico, por lo que entraron en la desembocadura del río Tajo.[38] Los rusos, aunque aliados de Napoleón, se mantuvieron como espectadores pasivos de la partida de la flota angloportuguesa.[11]

Embarque de la Corte de Portugal en el puerto de Lisboa el 29 de noviembre de 1807. Cuadro de Henri L'Evêque, 1815.

A las 08:00 y 09:00 horas, los capitanes ingleses vieron a los portugueses salir del puerto y supusieron que se habían rendido a los franceses[77] y se preparaban para intentar romper el bloqueo británico, por lo que se prepararon para formar una línea de batalla.[78] Sin embargo, pronto la situación se aclaró cuando el Príncipe Real salió de la desembocadura del río y se acercó amistosamente al buque insignia del contraalmirante, el Hibernia.[79] A las 15:00 horas, los barcos de Smith saludaron con una salva de veintiún cañonazos al Príncipe Real por transportar a la reina y al príncipe regente[77] y este respondió de igual modo.[79] A las 16:00, Smith y Smythe abordaron el Príncipe Real para hablar con Juan VI y ambos consideraron al navío como muy inferior a las necesidades de un monarca, quien se tomaba el abrupto cambio con resignación.[80] El contraalmirante le ofreció alojarlo en el Hibernia, un navío más nuevo y cómodo, pero el príncipe regente se negó para no parecer un títere de los británicos. La reunió duró tres horas y se concluyó que en caso de imprevistos, todos los barcos debían dirigirse a la isla de Santiago, en Cabo Verde, para reagruparse y seguir a Río de Janeiro. La única excepción era el Medusa, que debía ir directamente a Salvador de Bahía con los ministros Antônio de Araújo, José Egydio y Thomaz Antônio.[81]

La escuadra angloportuguesa se quedó cerca de las costas lusitanas hasta la última hora de la tarde para realizar una última inspección antes de la travesía.[36] Cuando los barcos apenas eran visibles en el horizonte, los franceses entraron en Lisboa y para el día siguiente la había ocupado por completo, encontrándose una ciudad en un ambiente de tristeza y desolación.[77] Cientos de maletas quedaron abandonadas en la confusión del puerto junto a la platería de muchas iglesias y los libros de la Biblioteca Real[79], unos 60 000 volúmenes;[82] la plata fue confiscada y fundida por los invasores y los libres fueron transportados a Brasil en un viaje en 1810 y en otros dos en 1811.[79] Poco después de acabar la reunión, el viento cambió de dirección abruptamente y dejó de soplar hacia el océano. Pronto se desató un vendaval que empujó a la flota hacia la costa lusitana, ya ocupada por los franceses, por lo que para mantenerse en alta mar los capitanes debieron tomar dirección noroeste como si quisiera ir a Canadá.[81] Sólo al cuarto día, después de recorrer 300 km, pudieron ajustar sus velas y seguir al suroeste, a Brasil.[80] En ese momento, los buques se reunieron para una nueva inspección y uno de ellos se consideró demasiado frágil para seguir.[81] La Curiosa debió regresar a Lisboa con su boca llena de agua[11] y de inmediato fue apresada por los franceses. Los oficiales ingleses consideraron a otro barco lusitano incapaz de hacer el viaje trasatlántico[81] y debía dirigirse a Inglaterra.[10] Así, el Príncipe do Brasil debió arribar a Plymouth para recibir reparaciones.[11] En los primeros días del viaje, aún en el Hemisferio Norte, las fuertes olas arrojaban agua helada en las cubiertas abarrotadas y los marineros debían trabajar con la niebla y los fríos vientos. Muchos buques sufrían de inundaciones por fugas en sus cascos, las velas y cuerdas podridas o sus maderas crujían ante el impacto del viento y las olas, generando náuseas y pánico en pasajeros sin experiencia en viajes transoceánicos.[83]

Dificultades

El 5 de diciembre, a medio camino entre Lisboa y Funchal, en la isla de Madeira, la mayor parte de la flota británica intercambió saludos con la portuguesa y volvió a aguas europeas mientras sólo cuatro buques quedaban para escoltar hasta Brasil a la corte lusitana. Estaban al mando del capitán del Marlborough, Graham Moore, con este navío, el London, el Bedford[38] y el Monarch para seguir acompañando a sus aliados.[84] El resto volvió para bloquear Lisboa, mientras que el embajador Smythe volvió a Inglaterra. El 8 de diciembre, al llegar al archipiélago de Madeira, quedaron atrapados en una densa neblina que les imposibilitaba ver,[81] pero al anochecer todo emporó cuando se desató una nueva tormenta. Los marineros portugueses debieron luchar por mantener sus velas podridas sujetas a los mástiles. Además, debían tener cuidado con una formación rocosa ligeramente sumergida conocida como Oito Pedras, al norte de Porto Santo. Para evitar encallar, los comandantes del escuadrón optaron por detenerse y esperar un mejor clima antes de pasar por esa zona. Al amanecer se dieron cuenta que varios buques habían desaparecido, dispersados por los fuertes vientos.[85] La mitad había tomado rumbo noroeste, incluyendo al Príncipe Real y al Alfonso de Albuquerque.[86] Cuando el mar se calmó, la infanta Carlota Joaquina y sus hijas fueron en una pequeña lancha a visitar a su familia en el Príncipe Real, siendo su última reunión familiar hasta el final del viaje.[87] Fue en ese momento que Juan VI decidió dirigirse a Bahía y no a Río de Janeiro.[88]

La otra mitad de la escuadra siguió al suroeste, al punto de reunión acordado en Cabo Verde.[86] En la madrugada del 10 de diciembre la tormenta amainó. En esos momentos la vela mayor del Bedford se había rotó y el marinero Geo Green cayó al agua intentando repararla por una fuerte ráfaga de viento, pero se logró rescatarlo con una pequeña lancha.[85] Después de alejarse peligrosamente del resto del escuadrón, el Rainha de Portugal logró llegar a Cabo Verde para ser reparado. El Dom João de Castro perdió su mástil y empezó a entrarle agua, debiendo hacer una parada de emergencia en Paraíba.[86] Desde entonces, las dos mitades del escuadrón no volvieron a establecer contacto, pero sorprendentemente siguieron rutas paralelas y cercanas hasta encontrarse en las costas de Brasil. En la mañana del 2 de enero de 1808, el capitán James Walker del Bedford vio tres embarcaciones a lo lejos, pero no se acercó a ellas para no perder contacto con su propio convoy. Por eso, alrededor de las 23:15 horas ordenó colocar una luz azul en lo alto de su mástil que fue divisada por el capitán Moore del Marlborough en el horizonte.[88]

Embarque de la familia real portuguesa. Cuadro de un autor anónimo, c.1850.

Al cruzar la línea del ecuador, el frío invierno europeo fue sustituido por un calor insoportable y la ausencia de vientos. El exceso de pasajeros y la falta de higiene y saneamiento favorecieron el surgimiento de plagas de piojos que obligaron a muchas mujeres, como la princesa Carlota Joaquina, a raparse y arrojar sus pelucas al mar. Luego se untaron manteca de cerdo y espolvorearon polvo antiséptico. También hubo que hacer racionamiento, pues en la prisa por salir muy pocos barcos mercantes tenían agua dulce y/o alimentos para más de tres semanas o un mes.[83] En esa calma el Dom João y el Carlota Joaquina apenas recorrieron 30 leguas en diez días, una distancia que usualmente recorrerían en diez horas. Todo con las cubiertas abarrotadas de pasajeros bajo un sol tropical y sin brisa.[89]

Durante la tormenta, el mástil principal del Medusa se partió y cayó y luego también su tercer mástil, dejándolo a la deriva.[90] Finalmente, el 13 de enero logró llegar a Recife, donde fue reparada para proseguir a Bahía.[86]

Final

El 22 de enero, Juan VI y la familia real llegaron a Salvador de Bahía[91] y de inmediato se emitió en dicha ciudad un real decreto abriendo el comercio entre los puertos del Brasil y «los de las naciones amigas»,[92] lo cual en la práctica significaba dar dicho privilegio casi exclusivamente en beneficio de Gran Bretaña, único país de la coalición antinapoleónica que poseía una flota comercial capaz de comerciar con Brasil. La otra mitad del convoy había llegado a Río de Janeiro el 17 de enero.[91]

La apertura del comercio portuario era necesaria para la monarquía portuguesa con el fin de asegurarse el crucial apoyo de Gran Bretaña, aunque aumentaba la dependencia de la nueva corte hacia los británicos como proveedores de manufacturas y capitales, modificando crucialmente la economía colonial brasileña que ahora podía dedicarse al libre comercio con autorización de su propio rey.

El 7 de marzo el rey y la corte arribaron a Río de Janeiro, donde se establecerían definitivamente y empezarían a funcionar los órganos de la administración pública de Portugal. Esto permitió que en 1815, durante el Congreso de Viena, Juan VI creara el Reino Unido de Portugal, Brasil y Algarve, elevando a Brasil al mismo nivel político que Portugal y permitiendo que diputados brasileños acudieran a las Cortes Portuguesas.

Asimismo el traslado de la élite gubernamental causó que la administración política y económica del imperio colonial portugués (el cual abarcaba territorios también en África y Asia) fuese forzosamente dirigida desde Río de Janeiro, con la consiguiente elevación de la importancia de Brasil dentro del esquema imperial lusitano. Inclusive, cuando en 1816 la anciana reina María I murió en suelo brasileño, Juan VI fue coronado como rey de Portugal de iure y no sólo de facto en la propia Río de Janeiro, a pesar de que la metrópoli estaba libre de franceses desde 1814.

Consecuencias

Inicialmente, Smith tenía órdenes de enviar al Conqueror, el Plantagenet y el Foudroyant a reforzar el bloqueo de Cádiz dirigido por el contraalmirante John Child Purvis, pues los británicos aun creían que el escuadrón ruso estaba en el mar Mediterráneo, pero al descubrirlos en el Tajo el contraalmirante Smith decidió no seguir esas instrucciones y dirigirse a la desembocadura del Tajo[84] con el Hibernia y el Elizabeth.[38] Ahí se le unió el comodoro Peter Halkett, venido desde Portsmouth con los navíos Ganges (74 cañones), Defence (74), Alfred (74), Ruby (64) y Agamemnon (64),[84] bloqueando a los rusos en Lisboa hasta final de año.[38]

Debido a la presencia de la corte portuguesa en Brasil, Juan VI incentivó el comercio y la industria, permitió la impresión de periódicos y libros en territorio brasileño (actividad severamente prohibida por el rey José I de Portugal desde mediados del siglo XVIII), también se impulsó la creación de colegios de medicina, una academia militar, e inclusive el primer banco brasileño (el Banco do Brasil) para dinamizar la economía ante la práctica inexistencia de una metrópoli que pudiera asumir un rol dirigente. Cabe recordar que Juan VI había trasladado a Brasil no sólo a la Corte de Lisboa sino a cientos de burócratas, militares y aristócratas, que reprodujeron en tierras brasileñas el funcionamiento de la administración pública portuguesa en la metrópoli, e introduciendo forzosamente en la maquinaria gubernamental a numerosos brasileños.

El Paço Imperial, palacio colonial del siglo XVIII en Río de Janeiro, usado como sede administrativa por Juan VI y luego por Pedro I de Brasil.

El comercio también se dinamizó a extremos desconocidos hasta entonces en Brasil, pues la penetración de comerciantes británicos en pie de igualdad con los portugueses significó una liberalización que rompió el antiguo esquema donde Portugal monopolizaba el comercio exterior de Brasil. Después de que la paz llegase a Europa en 1815 con el Congreso de Viena incluso empezó una pequeña penetración comercial de Francia y Estados Unidos que desplazó aún más a los portugueses.

Antes de 1808 las autoridades portuguesas prohibían la entrada en Brasil de individuos que no fueran nativos de Portugal, pero la llegada de extranjeros quedó permitida para todos los efectos con la llegada de la corte de Juan VI, por lo cual acudieron a Brasil numerosos artistas, científicos, y académicos europeos, impulsando y estimulando el desarrollo de artes y ciencias, muy descuidados en los siglos previos de administración colonial portuguesa. Entre ellos cabe destacar inclusive la llegada de una Misión Cultural Francesa desde 1816, compuesta por variados artistas que dinamizaron la hasta entonces adormilada vida cultural de Brasil y formaron un primer núcleo de brasileños aficionados a las novedades culturales y científicas de Europa, sin pasar por la previa aprobación de la autoridad de la metrópoli en Portugal.

El traslado de instituciones portuguesas a Brasil hizo también que éstas adquiriesen un carácter propiamente brasileño; la existencia de la propia corte en Río de Janeiro alentaba la separación política de Brasil y Portugal, al demostrarse que la colonia estaba bastante dotada de una mayor independencia de hecho en relación con la invadida metrópoli y que inclusive la élite local brasileña estaría preparada para regir sus propios asuntos de manera autónoma. La presencia del rey y su corte impulsó el otorgamiento de cargos públicos a brasileños leales a la Casa de Braganza y la cesión de títulos nobiliarios a éstos, formando una élite política y administrativa que lentamente se equiparaba a los nobles llegados de Portugal.

La prolongada ausencia del rey Juan VI años después del fin de la Guerra Peninsular sumió a Portugal en crisis económica y política, por lo cual el rey debió volver a instalar la corte en Lisboa en 1821, tras la Revolución liberal de Oporto, ante los violentos reclamos de sus súbditos portugueses, sujetos a la autoridad de los jefes militares nativos y las intromisiones de la flota militar británica que seguía en aguas portuguesas. Sin embargo, las autoridades oriundas del Brasil estaban ya acostumbradas a actuar de manera autónoma y no era posible al monarca portugués retornar al statuo quo previo a 1808 sin hacer concesiones políticas a las élites políticas brasileñas que, gracias a la presencia de la corte en Río de Janeiro, habían disfrutado de un poder e influencia desconocidos hasta entonces.

Ello se hizo evidente cuando el rey Juan VI, ya en Lisboa, ordenó a su hijo y heredero, el príncipe Pedro de Alcántara, acudir a Portugal en 1821; el joven príncipe se negó a ello y radicalizó su posición de permanecer en Brasil a lo largo de 1822, alentado por las autoridades locales. Cuando el rey Juan VI amenazó usar la fuerza para restaurar la obediencia de Brasil hacia Portugal, el príncipe Pedro, con el apoyo de sus súbditos sudamericanos, proclamó la independencia de Brasil el 7 de setiembre de 1822 y fue proclamado monarca del nuevo Imperio del Brasil, tomando el nombre de Pedro I.

Notas

  1. CMG es capitão-de-mar-e-guerra, CF es capitão-de-fragata, CT es capitão-tenente y PT es primeiro-tenente.
  2. Nossa Senhora da Conceição hasta 1794.[6][7]
  3. Nossa Senhora do Bom Sucesso hasta 1800.[6][7]
  4. Nossa Senhora dos Prazeres hasta 1797.[13][7]
  5. Nossa Senhora do Monte do Carmo hasta 1793.[17][16]
  6. Nossa Senhora do Pilar hasta 1793.[6][7]
  7. Santo António e São José hasta 1794.[6][7]
  8. Ulisses hasta 1804.[23]
  9. Aunque algunas obras indican que es desconocido el nombre de la cuarta fragata,[9] otras la identifican como la Princesa Carlota.[11]
  10. A veces considerado una fragata pequeña, una corbeta o un bergantín.[28][30]
  11. Originalmente una fragata.[23]
  12. El escuadrón ruso se componía de los navíos de línea Santa Helena (74 cañones), Retvizan (64), Selafail (74), Yaroslav (74), Rafaíl (80), Tverdyi (74), Moschnyi o Moshchny (66), Skoryi (66), Sil'nyi o Silnyi (74); el Tverdyi se ha transcrito al alfabeto latino también como Tvyordyi o Tviordyi o Tverdy. Les acompañaban las fragatas Kildyuin (26 cañones, actuaba como transporte armado) y Venus (50) y el bergantín Shpitsbergen, aunque este último se negó a entrar en el puerto.[76]

Referencias

Bibliografía

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