Tratado de Miramar
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El Tratado de Miramar, o bien Convención de Miramar fue un tratado celebrado entre Napoleón III y Maximiliano I en el Palacio de Miramar el 10 de abril de 1864, antes de que Maximiliano y Carlota de Bélgica llegaran al trono en México a dar inicio al Segundo Imperio Mexicano.
En pocas palabras, este establecía lo siguiente con respecto al terreno militar:
"Que los soldados franceses permanecerán en México hasta que puedan ser reemplazados por un ejército mexicano digno de ese nombre; que 8000 hombres de la Legión Extranjera se quedarán ahí durante los seis años que seguirán la partida del cuerpo expedicionario; que el retiro de los 38 000 hombres todavía presentes se hará progresivamente, y que 20 000 de ellos deberán quedarse en México hasta finales de 1866. La convención establece que “cualesquiera que sean los acontecimientos que puedan producirse en Europa, al nuevo imperio nunca le faltará la ayuda de Francia”, una bella fórmula que se suponía que debería tranquilizar a Maximiliano”.[1]

Al término de la guerra de los Tres Años, también llamada guerra de Reforma, el gobierno de Benito Juárez, ante la crisis financiera que estaba sufriendo México, se vio obligado a suspender los pagos de las deudas a Francia, España e Inglaterra.
Como consecuencia de la suspensión de pagos, en 1861 las tres potencias europeas se reunieron en Londres; y en 1862, las tropas de dichos países viajaron a México con el fin de presionar a las autoridades mexicanas para que realizaran el pago de sus deudas. No obstante, el ministro mexicano de Relaciones Exteriores, Manuel Doblado logró convencer a España e Inglaterra que la suspensión de los pagos era algo temporal, pero no logró convencer a Francia. Convencidos por las palabras del gobierno mexicano, las tropas españolas e inglesas partieron de regreso a Europa; no obstante, las tropas francesas permanecieron en el territorio mexicano debido a que Napoleón III tenía planes de instaurar una monarquía en México. Los franceses avanzaron desde la costa hasta el centro del país, y ocuparon la Ciudad de México el 10 de abril de 1863.
Por otro lado, los conservadores mexicanos vieron con la presencia de los franceses una oportunidad para volver al poder; así que iniciaron el movimiento para instaurar en México una monarquía basada en aquella establecida en Europa. Con este propósito, los conservadores formaron la Asamblea de Notables y enviaron a José María Gutiérrez de Estrada y a Miguel Miramón a Europa, para convencer al archiduque de Austria, Fernando Maximiliano José de Habsburgo-Lorena, de aceptar el trono de México.
El mes de marzo de 1864, en el Palacio de las Tullerías, Napoleón y Maximiliano comenzaron a trabajar en el tratado de Miramar. No obstante, a Maximiliano I las cifras que Francia puso como condición, lo agobiaron. De entrada debía reconocer una deuda con Francia de 270 millones y comprometerse a pagar por soldado una cifra de 1000 por año. Por otro lado, para los miembros del cuerpo legislativo mexicano, el Tratado de Miramar o bien la “gran idea”, ya no pertenecía a las aspiraciones de la época; para ellos, el tratado podría llegar a justificarse únicamente a condición de que no le costara dinero al Estado Mexicano.
El 12 de marzo, luego de muchas discusiones, se concluye el acuerdo, bajo la forma provisional de una convención, debido a que el tratado no podía ser firmado oficialmente antes de que Maximiliano hubiere sido emperador de México.
La firma oficial del Tratado de Miramar tuvo que esperar debido a que la ley de sucesión de la familia de los Habsburgo establecía que Maximiliano, después de su hermano, Francisco José, debía de acceder al trono de los Habsburgo en caso de que falleciera el único hijo del emperador de Austria, el archiduque Rodolfo de Habsburgo. Lo anterior causó una serie de disputas y conflictos entre los Habsburgo, los padres de Carlota de Bélgica y, sobre todo, entre Napoleón y Maximiliano debido a que tal conflicto implicaba que Francia ya no recibiría el pago por parte de México.
Lo anterior ocasionó que Napoleón se dirigiera directamente a Maximiliano para que este no defraudara las esperanzas que México y Francia tenían en él. Por lo tanto, Napoleón envió un telegrama que decía:
“Su majestad está comprometida conmigo, con México, con quienes firmaron el préstamo… una negativa estas alturas me parece imposible”[2]
Finalmente, el 10 de abril de 1864, Maximiliano recibió a la comisión en el castillo de Miramar. Ante todos, Maximiliano se proclama como “elegido legítimo” por el pueblo mexicano y acepta la corona. Una vez declarado emperador oficial de México, Maximiliano procede a sus primeros actos de soberanía. Primero ratifica la convención del 12 de marzo, que pronto toma el nombre de “Tratado de Miramar”, el cual estaba constituido por 21 artículos en los que se establecían las condiciones de la permanencia de las tropas francesa en la nación mexicana y los términos del pago de la deuda mexicana; segundo, firma algunos decretos; y finalmente, designa a sus futuros colaboradores y embajadores.
El 28 de abril de 1864, Maximiliano y Carlota desembarcaron en el Puerto de Veracruz para dar inicio al Segundo Imperio mexicano.