Tratado de Trípoli

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Escaneo del primer artículo del tratado original, escrito en árabe, firmado el 4 de noviembre de 1796

El Tratado de Trípoli (Tratado de Paz y Amistad entre los Estados Unidos de América y el Bey y súbditos de Trípoli de Berbería) fue firmado en 1796.[1] Fue el primer tratado entre los Estados Unidos y Trípoli (actualmente Libia) para garantizar derechos de navegación comercial y proteger a los barcos estadounidenses en el mar Mediterráneo de los locales piratas berberiscos.

Fue redactado por Joel Barlow, un ferviente republicano jeffersoniano, y firmado en Trípoli el 4 de noviembre de 1796, y en Argel (por un testigo tercero) el 3 de enero de 1797. Fue ratificado por el Senado de los Estados Unidos unánimemente y sin debate el 7 de junio de 1797, entrando en vigor el 10 de junio de 1797, con la firma del Presidente John Adams.

Al suceder a Adams como presidente, Thomas Jefferson se negó a continuar pagando a Tripolitania los tributos estipulados en este tratado, lo que condujo parcialmente a la Primera guerra berberisca. Un tratado posterior, el Tratado de Paz y Amistad, fue firmado el 4 de junio de 1805.[2]

El tratado es frecuentemente citado en discusiones acerca del papel de la religión en el gobierno de los Estados Unidos, debido a una cláusula en la Artículo 11 de la traducción al idioma inglés que fue ratificada por el Senado y firmada por el presidente, la cual establece: «El Gobierno de los Estados Unidos de América no está, en ningún sentido, fundado en la religión cristiana».[3] Sin embargo, traducciones modernas del tratado oficial confirman que tal frase no existe en el texto en árabe.[4]

Durante tres siglos, hasta el momento del tratado, las rutas marítimas del Mar Mediterráneo habían sido asaltadas por los estados musulmanes norteafricanos de la Costa Berberisca (Trípoli, Argel, Marruecos y Túnez) mediante el corso (piratería autorizada por los gobiernos). Los rehenes capturados por los piratas berberiscos eran liberados a cambio de rescate o forzados a la esclavitud, contribuyendo al amplio comercio de esclavos en el Imperio otomano (del cual los estados berberiscos eran parte). La vida de los cautivos solía ser dura, especialmente para los cristianos, y muchos morían por el maltrato recibido.

Antes de la Revolución americana (1775–1783), las colonias británicas en Norteamérica eran protegidas de los piratas berberiscos por buques de guerra británicos de la Royal Navy y mediante tratados. Durante la Revolución, el Reino de Francia formó una alianza con las antiguas colonias británicas en 1778, ahora proclamadas independientes como Estados Unidos de América, y asumió la responsabilidad de proteger con la Armada francesa a los barcos mercantes estadounidenses en el Mediterráneo y el este del Atlántico contra los piratas berberiscos.[5] Tras el fin de la Guerra Revolucionaria y después de que los nuevos Estados Unidos lograran su independencia con la firma del Tratado de París (1783), tuvieron que enfrentar por sí mismos la amenaza de los piratas berberiscos. Dos barcos americanos fueron capturados por piratas argelinos en julio de 1785, y los sobrevivientes obligados a la esclavitud, siendo fijado su rescate en 60,000 dólares. Un rumor de que Benjamin Franklin, quien viajaba en ese tiempo desde Francia hacia Filadelfia, había sido capturado por piratas berberiscos, generó gran conmoción en los Estados Unidos.[6] Tras la disolución de la antigua Armada Continental y la venta de su último buque de guerra por parte del Congreso de la Confederación en 1785, y ahora sin una marina permanente, mucho menos una marina capaz de proyectar poder a través del océano, los EEUU se vieron obligados a pagar tributos en dinero y bienes a los estados berberiscos por la seguridad de sus barcos y la libertad de sus ciudadanos capturados. Como informó el teniente y cónsul William Eaton al recién nombrado Secretario de Estado John Marshall en 1800, «es una máxima de los Estados Berberiscos que 'Los cristianos que quieran estar en buenos términos con ellos deben luchar bien o pagar bien'».[7]

Poco después de la formación de los Estados Unidos, el corso en el Mar Mediterráneo y el este del Océano Atlántico por parte de las naciones de la Costa Berberisca impulsó a los EEUU a iniciar una serie de los llamados tratados de paz, conocidos colectivamente como los Tratados berberiscos. Se negociaron tratados individuales con Marruecos (1786), Argel (1795), Trípoli (1797) y Túnez (1797), cada uno de ellos en más de una ocasión. El cónsul general de los Estados Unidos ante los estados berberiscos de Argel, Trípoli y Túnez fue Joel Barlow, quien gestionó el texto de varios tratados (incluyendo el Tratado de Trípoli) y apoyó los esfuerzos diplomáticos estadounidenses en la Costa Berberisca. El Comisionado Plenipotenciario (y ministro ante el Reino de España en Madrid) de los Estados Unidos, David Humphreys, recibió la autorización para establecer un tratado con Trípoli y asignó a Joel Barlow y Joseph Donaldson para negociarlo. Fue Joel Barlow quien certificó las firmas del original en árabe y la copia en inglés que se le proporcionó. Más tarde, el capitán Richard O'Brien, USN, estableció el transporte original de los bienes negociados junto con el tratado, pero fue el cónsul estadounidense James Leander Cathcart quien entregó los pagos finales requeridos por el tratado.

Firma y ratificación

Guerras berberiscas

Referencias

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