Tratado de Valencia (1488)
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El tratado de Valencia fue un tratado internacional firmado en marzo de 1488 en la ciudad de Valencia por el que los monarcas navarros, Catalina de Foix y Juan III de Albret, acuerdan con los Reyes Católicos, Fernando II de Aragón e Isabel I de Castilla, ceder la tutela del Reino de Navarra a fin de retirar las represalias impuestas por la corona de Castilla y abrir las fronteras al comercio.
El temprano fallecimiento de Francisco Febo (1483) puso en el trono de Navarra a su hermana Catalina con apenas trece años. Esta minoría llevó a su madre Magdalena de Francia a continuar ejerciendo la regencia del reino navarro y los dominios dependientes del condado de Foix en medio de un contexto internacional complicado especialmente por las continuas injerencias de sus dos poderosos vecinos: Francia y España.[1]
De inmediato el matrimonio de Catalina fue objeto de máximo interés en los tres reinos llegando a ser una cuestión exigente y delicada en extremo para el gobierno de la regente, Magdalena de Francia. Los Reyes Católicos buscaban el enlace entre el heredero de Castilla y Aragón, Juan, con Catalina. En plena campaña en Granada que asumió Fernando, Isabel se desplazó a Burgos, primero, a Santo Domingo de la Calzada y, finalmente, a Vitoria, después, para estar encima de las negociaciones. Por momentos parecía que Isabel la Católica, empleando varios medios, había logrado ganarse el apoyo de los navarros, tanto beamonteses como agramonteses.[2]
Desde el trono francés tampoco se descuidaron y fueron tres sus candidatos: Carlos, conde de Angulema; el príncipe de Tarento, hijo de María de Foix y, por tanto, primo de Catalina; y finalmente, Juan de Albret, vizconde de Tartas, con apenas 7 años, al que Catalina le doblaba en edad. Para la princesa de Viana regente, Magdalena, y para Catalina misma suponía un obstáculo. En esta tesitura fallece Luis XI y el nuevo monarca, Carlos VIII, apenas tenía nueve años por lo que sus consejeros y regentes apremiaron a resolver el matrimonio ya con Juan de Albret como candidato. La cuestión debía ser dirimida en los Estados de Bearne, de Bigorra, Marsan y Gabardan, además de Foix, aparte de Navarra. Siendo todos esos dominios vasallos del trono francés, se impuso el heredero de Albret.
Aunque las Cortes de Navarra no fueron consultadas, ya se habían adelantado en favor de la candidatura castellana. Sobre la decisión final «hay que decir que, tanto agramonteses como beaumonteses, a los que repugnaba el gobierno de un monarca francés» por lo que la elección supuso una decepción. Además, como apunta Lacarra: «La unión de los Estados de Albret a los de Foix no sólo no reforzaría el poder de sus reyes, sino que serviría para aumentar las diferencias ya existentes dentro de sus dominios, en cuyo conjunto la participación de Navarra quedaba reducida.» Aunque se había salvado la integridad territorial de sus estados, fue inevitable que desde el principio «la autoridad de los futuros reyes de Navarra quedara mediatizada por la de sus poderosos vecinos, los reyes de Francia y de España.»[3]
Con este matrimonio realizado (Lescar, junio de 1484), los monarcas navarros, aún menores, seguían siendo tutelados por Magdalena, princesa de Viana y regente de Navarra. Sin embargo, esperando ganarse la simpatía beaumontesa nombró virrey de Navarra al padre del rey Juan, a Alain de Albret (1486).[4] Boissonnade describía al virrey como «un gran señor egoísta y ambicioso, que, sin tener el título de regente, ejercía estas atribuciones en las tierras de la casa de Foix, y que aprovechó su influencia para emplear sus recursos en la satisfacción de sus intereses personales».[5] Con estas premisas, Alain de Albret, siendo virrey de Navarra, se implica en cuestiones feudales totalmente «ajenos al interés estricto de Navarra: la sucesión de las casas de Foix y de Bretaña.»[6]