Tratado sobre los principios del conocimiento humano

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Tratado sobre los principios del conocimiento humano

El Tratado sobre los principios del conocimiento humano (A Treatise Concerning the Principles of Human Knowledge), a menudo denominado «Tratado» cuando se habla de la obra de Berkeley, es una obra de 1709 del filósofo empirista George Berkeley. El título completo es: Tratado sobre los principios del conocimiento humano. Parte I. En la que se investigan las causas principales del error y de las dificultades en las ciencias, así como los fundamentos del escepticismo, del ateísmo y de la irreligión.

Principalmente, este libro trata de refutar las posiciones de su contemporáneo John Locke acerca de la naturaleza de la percepción humana. Aunque, como todos los filósofos empiristas, tanto Locke como Berkeley coincidían en que existe un mundo externo, pero Berkeley trató de probar que el mundo externo también se compone únicamente de ideas. Berkeley lo hizo sugiriendo que las ideas sólo pueden asemejarse a las ideas: las ideas mentales que poseemos solo pueden asemejarse a otras ideas (no a sustancias materiales) y de este modo el mundo externo no consiste en una sustancia material, sino más bien en ideas. Este mundo recibe lógica y regularidad por alguna otra fuerza, que Berkeley concluyó que era Dios.

Introducción de la filosofía

Berkeley declara que su intención es realizar una investigación sobre los primeros principios del conocimiento humano, a fin de descubrir los principios que han conducido a la duda, incertidumbre, absurdo y contradicción en la filosofía. Con vistas a preparar al lector, discute dos asuntos que conducen a errores. En primer lugar, afirma que la mente no puede concebir ideas abstractas. No podemos tener una idea de alguna cosa abstracta que es común a muchas ideas particulares y por tanto tiene, a la vez, muchos predicados y no predicados diferentes. En segundo lugar, Berkeley declara que las palabras, como los nombres, no significan ideas abstractas. Con respecto a las ideas, asegura que solo podemos pensar cosas particulares que han sido percibidas. Los nombres, escribe, significan ideas generales, no abstractas. Las ideas generales representan cualquiera entre muchas ideas particulares. Berkeley critica a Locke por decir que las palabras significan ideas generales pero abstractas. Al final de la «Introducción», aconseja al lector que permita que sus palabras generen ideas claras, particulares, en vez de tratar de asociarlas con abstracciones inexistentes.

Parte I

Versiones en español

Referencias

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