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Echinopsis pachanoi

especie de plantas From Wikipedia, the free encyclopedia

Echinopsis pachanoi, conocida comúnmente como cactus de San Pedro,[1] es una especie de planta suculenta perteneciente al género Echinopsis, dentro de la familia Cactaceae. Se distribuye desde el sur de Ecuador hasta Perú. Además se ha introducido en Bolivia, centro de Chile, Colombia y España.

Entre sus usos se encuentran la medicina tradicional, el cultivo ornamental y los fines curativos y de adivinación religiosa, prácticas documentadas en la región de la cordillera de los Andes desde hace más de 3000 años.

Descripción

Echinopsis pachanoi es una especie de cactus de porte arbustivo a arborescente, que suele formar agrupaciones densas de numerosos tallos erectos, ligeramente flexibles y generalmente originados cerca de la base. Alcanza una altura de entre 3 y 6 metros y, por lo común, carece de un tronco claramente diferenciado. Los tallos son cilíndricos, de color glauco en los ejemplares jóvenes, tornándose posteriormente verde oscuro a verde azulado con la madurez. Pueden medir hasta 5 m de longitud y presentan un diámetro de entre 6 y 15 cm.

Detalle de los tallos

Están provistos de 6 a 8 costillas anchas y redondeadas, cada una de ellas con una hendidura situada por encima de las areolas. Las areolas son blanquecinas y se disponen de forma muy cercana entre sí. Las espinas son variables, con 3 a 7 por areola, aunque en algunos individuos pueden estar totalmente ausentes. Cuando están presentes, son de color amarillento a marrón oscuro y alcanzan hasta 2 cm de longitud.

Detalle de las flores

Las flores se desarrollan cerca de las puntas de los tallos. Son grandes, nocturnas, con forma de embudo, blancas y fragantes. Miden aproximadamente de 19 a 24 cm de longitud y pueden alcanzar hasta 20 cm de diámetro. El pericarpelo y el tubo floral están cubiertos de pelos negros.

Frutos con semillas

Los frutos son alargados, de color verde oscuro, con una longitud de 5 a 6 cm y un diámetro de hasta 3 cm.[2]

Distribución y hábitat

El área de distribución nativa de la especie se extiende a lo largo de los Andes del norte y centro de Sudamérica. En Perú, se encuentra principalmente en el sur del país, con registros en Huancabamba (departamento de Piura) y en la Quebrada Santa Cruz (departamento de Áncash). Su distribución natural continúa hacia el sur de Ecuador, donde está presente, entre otros lugares, en la región de Cuenca.

Además de su área de distribución original, la especie ha sido introducida y cultivada en otras regiones, tanto de Sudamérica como de Europa. En Perú, se ha establecido fuera de su rango natural en el departamento de Arequipa. También se encuentra introducida en Bolivia, Colombia y en el centro de Chile. Fuera del continente americano, ha sido introducida en España, tanto en la península ibérica como en las islas Canarias, favorecida por las condiciones climáticas similares a las de su hábitat original.

La especie se desarrolla principalmente en el bioma tropical estacionalmente seco, a altitudes comprendidas entre los 2000 y 3300 m s. n. m.[3]

Taxonomía

La primera descripción de esta especie fue como Trichocereus pachanoi, publicada en 1920 por los botánicos estadounidenses Nathaniel Lord Britton y Joseph Nelson Rose en el libro The Cactaceae; descriptions and illustrations of plants of the cactus family 2: 134.[4]

Más tarde, los botánicos Heimo Friedrich y Gordon Douglas Rowley trasladaron la especie al género Echinopsis, por lo que pasó a llamarse Echinopsis pachanoi. Registraron estos cambios en la revista científica I.O.S. Bulletin; Journal of the International Organization for Succulent Plant Study 3: 96, publicada en 1974.[5][6]

Etimología
  • Echinopsis: nombre genérico formado a partir de la palabra latina ĕchīnus (que significa ‘erizo’) y la palabra griega opsis (que se traduce como 'de aspecto similar a'), en alusión a los tallos globosos y espinosos que presentan las especies de este género.[7]
  • pachanoi: epíteto específico otorgado en honor al profesor Abelardo Pachano de la Quinta Normal de Agricultura en Ambato (Ecuador), quien acompañó a Joseph Nelson Rose en 1918 en sus viajes por los altos Andes de Ecuador, donde descubrió la especie.[8][9]
Sinonimia
  • Cereus pachanoi (Britton & Rose) Werderm., 1931
  • Echinopsis santaensis (Rauh & Backeb.) H.Friedrich & G.D.Rowley, 1974
  • Echinopsis schoenii (Rauh & Backeb.) H.Friedrich & G.D.Rowley, 1974
  • Trichocereus macrogonus subsp. pachanoi (Britton & Rose) Lodé, 2024
  • Trichocereus macrogonus var. pachanoi (Britton & Rose) Albesiano & R.Kiesling, 2012
  • Trichocereus macrogonus subsp. sanpedro M.H.J.van der Meer, 2022
  • Trichocereus pachanoi Britton & Rose, 1920 (basónimo)
  • Trichocereus santaensis Rauh & Backeb., 1956 publ. 1957
  • Trichocereus schoenii Rauh & Backeb., 1958
  • Trichocereus torataensis F.Ritter, 1981

Estado de conservación

En la Lista Roja de Especies Amenazadas de la UICN, la especie está clasificada como de “Preocupación Menor (LC)”, lo que indica que no presenta actualmente un riesgo elevado de extinción a escala global.

No obstante, en algunas regiones se produce la extracción de ejemplares silvestres, principalmente debido a su uso como planta ornamental y en prácticas rituales tradicionales. A pesar de ello, esta presión sobre las poblaciones naturales se ve atenuada porque la mayor parte de los individuos utilizados con estos fines procede de cultivos, tanto domésticos como comerciales, lo que contribuye a reducir el impacto directo sobre las poblaciones naturales.[3]

Importancia económica y cultural

Principios activos

Echinopsis pachanoi contiene diversos alcaloides, principalmente alcaloides característicos de los cactus. Entre ellos destaca la mescalina, un compuesto ampliamente estudiado, cuya concentración oscila entre el 0,053 % y el 4,7 % del peso seco del cactus.[10] Además de la mescalina, se han identificado otros alcaloides, como la 3,4-dimetoxifenetilamina, la 3-metoxitiramina, la 4-hidroxi-3,5-dimetoxifenetilamina, la anhalonidina, la anhalonina, la hordenina y la tiramina.[11]

Fórmula estructural de la mescalina

La mescalina es una sustancia psicodélica y enteógena, presente también en otras especies del género Echinopsis, como Echinopsis lageniformis y Echinopsis tacaquirensis, así como en la especie Lophophora williamsii (peyote). Sus efectos psicodélicos se consideran comparables a los de otras sustancias como el LSD o la psilocibina, aunque presenta características farmacológicas propias.[12] Estudios contemporáneos sobre su uso ceremonial señalan una elevada intensidad de las experiencias espirituales y una baja frecuencia de efectos adversos.[13]

La concentración de alcaloides no se distribuye de manera uniforme dentro del cactus. Diversas observaciones indican que el tejido verde fotosintético situado inmediatamente bajo la epidermis concentra la mayor cantidad de sustancias activas.[14][15] Asimismo, la proporción de mescalina puede variar entre distintas partes de un mismo ejemplar.[16]

Desde una perspectiva etnobotánica, los pueblos indígenas de los Andes distinguen varios “tipos” de cactus San Pedro en función del número de costillas. Los ejemplares con siete costillas son los más comunes y se consideran menos potentes. Los cactus con cuatro costillas son poco frecuentes y se asocian tradicionalmente con una mayor potencia simbólica, relacionada con los “cuatro vientos” y las cuatro direcciones cardinales, concebidas como fuerzas sobrenaturales.[17]

Uso cultural y simbólico

Relieve de tablilla de piedra con una figura antropomorfa sosteniendo Echinopsis pachanoi; Chavín de Huántar, h. 1000 d. C.

El uso ritual de Echinopsis pachanoi cuenta con una larga tradición en los Andes, documentada por hallazgos arqueológicos de cerámicas, textiles y arte rupestre de la prehistoria peruana. Existen representaciones de la planta en cerámicas de la cultura Nazca, datadas en torno a 2100 años antes del presente, esculturas de piedra de la cultura Chavín, con una antigüedad aproximada de 2900 años, y cerámicas de la cultura Cupisnique, de unos 3500 años de antigüedad.[18] Destaca especialmente una losa de piedra procedente del centro ceremonial de Chavín de Huántar, considerada una de las representaciones más emblemáticas del cactus.[12][13]

En el momento de la llegada de los españoles al territorio andino, el uso ceremonial del cactus San Pedro se encontraba ampliamente extendido. Las autoridades coloniales y la Iglesia católica intentaron suprimir estas prácticas rituales, aunque no lograron eliminarlas por completo. El nombre común “San Pedro” se vincula a una reinterpretación simbólica cristiana, según la cual, al igual que San Pedro custodia las llaves del cielo, el cactus permitiría acceder a estados espirituales elevados.[19]

En el chamanismo peruano, especialmente en la tradición conocida como mesa norteña, los curanderos preparan una bebida ritual llamada cimora mediante la decocción del cactus, previamente desprovisto de espinas. En ocasiones, se añade tabaco para intensificar los efectos visionarios. Esta bebida cumple una función central en rituales de curación, diagnóstico de enfermedades, purificación espiritual y comunicación con entidades consideradas sagradas, como los ancestros o los espíritus de la naturaleza, en lugares rituales como las lagunas de Las Huaringas.[20]

Prácticas similares se documentan en Ecuador, Bolivia y regiones de Chile y Argentina, donde distintos pueblos indígenas utilizan el cactus San Pedro con fines terapéuticos y espirituales. En la actualidad, su uso ritual persiste en contextos tradicionales, donde se emplea con propósitos curativos, para el tratamiento de diversas afecciones, la protección frente a influencias negativas, la obtención de orientación espiritual y la realización de rituales de carácter simbólico.[19]

Además, en 2022, el Ministerio de Cultura del Perú declaró el uso tradicional del cactus San Pedro en el norte del país como Patrimonio Cultural de la Nación. Esta declaración reconoce su valor histórico, cultural y simbólico, así como su importancia dentro de las prácticas rituales y medicinales de las comunidades andinas, especialmente en el marco del chamanismo tradicional. El reconocimiento tiene como objetivo contribuir a la preservación, transmisión y salvaguardia de estos saberes ancestrales, considerados parte fundamental del patrimonio cultural inmaterial del Perú.[21]

Uso ornamental

Hábito de floración

Echinopsis pachanoi se cultiva principalmente como planta ornamental. Y destaca por su facilidad de cultivo, su rápido crecimiento y su notable resistencia en comparación con otros cactus columnares. Se adapta bien tanto al cultivo en maceta como al suelo, siempre que se le proporcionen condiciones adecuadas de drenaje, luz y riego.

Cuando recibe suficiente agua y nutrientes durante los meses más cálidos, muestra un crecimiento muy vigoroso. Una vez bien establecido, puede producir hasta 30 cm de crecimiento anual, especialmente si se ha aclimatado de forma progresiva a la exposición solar. Para un desarrollo óptimo, requiere un sustrato fértil y bien drenado y recipientes con orificios de drenaje eficientes, lo que evita la acumulación de humedad en las raíces.

El riego debe ser abundante durante la temporada de crecimiento, dejando que el sustrato se seque entre riegos. Esta especie tolera y agradece una cantidad de agua algo mayor que la mayoría de los cactus, por lo que sus necesidades se asemejan más a las de plantas ornamentales comunes. En invierno o cuando las temperaturas nocturnas descienden por debajo de los 10 °C, conviene reducir el riego de forma significativa. En macetas grandes, el aporte de agua debe ser aún más moderado para prevenir problemas de pudrición.

Cultivo a modo de seto vivo

Durante la fase de crecimiento activo, resulta beneficioso aplicar un fertilizante equilibrado una vez al mes. Además, una buena ventilación favorece la salud general de la planta y reduce el riesgo de enfermedades. Tolera temperaturas bajas y puede resistir descensos de hasta –12 °C o incluso inferiores, siempre que el sustrato se mantenga seco.[22]

En cuanto a la exposición, prefiere una ubicación luminosa, con sol directo moderado. En climas muy calurosos, el sol intenso del verano puede provocar quemaduras, por lo que se recomienda una sombra ligera durante las horas más fuertes. En interiores necesita abundante luz y algo de sol directo. Durante el invierno, un ambiente fresco y luminoso, junto con la reducción del riego y la fertilización, favorece una correcta latencia invernal y evita el crecimiento débil o etiolado.

En condiciones de exceso de humedad, puede presentar enfermedades fúngicas, aunque muestra mayor tolerancia que muchos otros cactus, especialmente en climas cálidos. El riego excesivo en períodos fríos suele causar manchas oscuras y pudriciones, por lo que el control del agua resulta fundamental.

Desde el punto de vista ornamental, se cultiva con frecuencia como seto vivo y como planta decorativa en jardines de climas tropicales y subtropicales de todo el mundo. Además, se utiliza ampliamente como portainjerto, ya que ofrece una de las bases más resistentes y duraderas para cactus de crecimiento lento o delicado.[23][24][25][10]

La propagación se realiza con facilidad tanto mediante esquejes como a partir de semillas.[26][22][27] Estas últimas germinan sin dificultad cuando disponen de humedad elevada, un sustrato bien drenado y un suministro adecuado de luz, agua y nutrientes, lo que convierte a esta especie en una opción accesible tanto para cultivadores principiantes como experimentados.[17]

Cuando la propagación se hace mediante esquejes, se obtiene un clon de la planta madre. Algunos clones muy apreciados por los coleccionistas son Ogunbodede, Vilcabamba A y Yowie.[28]

Nombres comunes

Los nombres comunes de esta especie son: cactus de San Pedro, huachuma, wachuma, gigantón, aguacolla,[29] lapituq,[30] y tsuná.[31]

Galería

Referencias

Bibliografía

Enlaces externos

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