Turbidimetría

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La turbidimetría (término derivado de turbidez) es una técnica analítica utilizada para medir la pérdida de intensidad de un haz de luz transmitido a través de una suspensión de partículas en un medio líquido. Este fenómeno se debe a que las partículas en suspensión dispersan parte de la radiación incidente en todas las direcciones, impidiendo que llegue completa al detector, situado en línea recta frente a la fuente. La medición se realiza con un instrumento denominado turbidímetro, que básicamente es un colorímetro de absorción o un espectrofotómetro sencillo,[1] sin necesidad de sistemas complejos de selección de longitud de onda, siendo suficiente, por lo general, un sistema de filtros.

Turbidímetros utilizados en una planta de purificación de agua para medir la turbidez del agua cruda y del agua filtrada.

En el proceso de medida, la luz pasa primero a través de un filtro que elimina las radiaciones del espectro electromagnético que pudieran ser absorbidas por el líquido que contiene la suspensión. Luego, el haz atraviesa una cubeta con la muestra. Una célula fotoeléctrica u otro detector de radiación visible recoge la luz transmitida. La diferencia entre la intensidad de luz incidente y la emergente está relacionada directamente con la turbidez del líquido.[2]

La turbidimetría se utiliza en análisis químico, bioquímico y medioambiental (por ejemplo, para determinar la turbidez del agua). En biología, puede emplearse para estimar de manera indirecta el número de células en una suspensión (conteo celular indirecto).[3]

Fundamento

La turbidimetría mide la fracción de luz que logra atravesar un líquido con materia en suspensión. Las partículas dispersan parte de la radiación incidente, por lo que solo una fracción llega al detector situado en el lado opuesto a la fuente. Es decir, la turbidimetría mide la transmitancia del haz de luz primario. Matemáticamente, la transmitancia (T) se expresa como:

donde I0 es la intensidad de la radiación luminosa incidente e I es la intensidad de la radiación que alcanza el detector después de atravesar la cubeta con la muestra.

La radiación transmitida se relaciona con la concentración de partículas en suspensión (C) mediante una ecuación análoga a la ley de Beer:[1][4]

donde S (la absorbancia aparente o pérdida por dispersión) es el logaritmo decimal del inverso de la transmitancia, k es una constante de proporcionalidad que depende del sistema, b es la longitud del camino óptico (ancho de la cubeta) y C es la concentración de partículas.

Dado que parte de la radiación no transmitida puede deberse a la absorción por sustancias disueltas (y no solo a la dispersión), es crucial en turbidimetría utilizar longitudes de onda a las cuales la muestra presente la mínima absorción posible. En muestras coloreadas, se debe seleccionar la longitud de onda correspondiente a la luz de color complementario. Para muestras incoloras (disolventes como agua o alcoholes), se suele emplear luz roja o, si el instrumento lo permite, del infrarrojo cercano (750–850 nm), ya que estas regiones espectrales son menos absorbidas por los medios comunes.[4]

Inmunoturbidimetría

La inmunoturbidimetría es una herramienta importante en el campo del diagnóstico de la química clínica. Se utiliza para cuantificar proteínas séricas específicas que no son detectables con los métodos clásicos. Esta técnica se basa en la reacción antígeno-anticuerpo: cuando un antígeno (proteína) se une a su anticuerpo específico, forma complejos insolubles que aumentan la turbidez de la solución. Estos complejos, que actúan como partículas en suspensión, pueden detectarse y cuantificarse ópticamente con un fotómetro o turbidímetro.

Véase también

Referencias

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