Vanguardismo en Ecuador
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El vanguardismo en Ecuador fue un movimiento estético enfocado en la literatura y pintura principalmente que comprende a escritores como Hugo Mayo, Pablo Palacio, Humberto Salvador, José Rumazo González, Jorge Carrera Andrade, Gonzalo Escudero y Alfredo Gangotena. Sus libros publicados en la década de 1920 e inicios de 1930 fueron hitos importantes en la literatura vanguardista de este país que se caracterizaba por romper estéticamente con el modernismo literario y también por diferenciarse del realismo social.[1]
Las revistas vanguardistas, como "Síngulus", "Proteo" y "Motocicleta" de Hugo Mayo, y "Hélice" iniciada por Camilo Egas, donde colaboraría entre otras personas Gonzalo Escudero, Alfredo Gangotena, Gonzalo Zaldumbide, Jorge Carrera Andrade, desempeñaron un papel crucial en la difusión de las nuevas corrientes artísticas en Ecuador.[2] La experimentación fue un rasgo distintivo de la vanguardia ecuatoriana, como se evidencia en la poesía de Mayo, en la novela "Débora" de Pablo Palacio y en Altamar de José Rumazo González, tanto en su teoría sobre la metáfora desdoblada, como en su poesía.[3] A esto se suma el abandono de la métrica tradicional en la obra de Carrera Andrade, con sus "Microgramas" e incluso la incursión en el cubismo en el teatro como lo haría Gonzalo Escudero, en su drama "Paralelogramo".[4][5]
El vanguardismo en Ecuador tiene como pionero a Hugo Mayo, seudónimo de Miguel Augusto Egas Miranda, quien fuera un destacado poeta y escritor de inicios del siglo XX. Su estilo, cercano al dadaísmo, rompió con las convenciones literarias de la época, lo que inicialmente generó incomprensión y críticas.[6] Aunque Mayo publicó poco en vida, su obra fue recopilada en varios poemarios y antologías, lo que permitió su reconocimiento tardío en Ecuador. Su poesía se caracteriza por su irreverencia, su libertad creativa y su exploración de temas diversos como la geometría, el cosmos, la vida cotidiana y la angustia existencial.[7] Críticos como Hernán Rodríguez Castelo destacaron su originalidad y su capacidad para fusionar la tradición modernista con las innovaciones vanguardistas. Mayo fundó varias revistas literarias, como "Singulus", "Proteos" y "Motocicleta", que se convirtieron en espacios de difusión para la poesía vanguardista en Ecuador. Su legado incluye poemarios como "Dolor adentro" y "El zaguán de aluminio", así como su participación en importantes antologías de poesía latinoamericana.[8][9] Su obra, aunque inicialmente incomprendida, es hoy reconocida como una de las más originales y relevantes de la literatura ecuatoriana del siglo XX.

En la narrativa por su parte destacaron Pablo Palacio y Humberto Salvador. El primero tanto en la novela corta como en los cuentos, mientras que el segundo, quien sería uno de los novelistas más prolíficos de Ecuador publicarían "En la ciudad he perdido una novela...". La obra de ambos es vanguardista tanto en forma como en fondo. En la forma el uso de recursos literarios no tradicionales abunda, como es el caso de Salvador que incluye facturas y contabilidad en medio del texto por ejemplo.[10] Su etapa vanguardista despegó en 1929 con "Ajedrez", una colección de cuentos influenciados por el psicoanálisis freudiano, donde exploraba personajes con obsesiones psiquiátricas y sexuales. "La navaja", uno de sus cuentos, le valió reconocimiento internacional. [11] A este éxito le siguieron además de "En la ciudad he perdido una novela..." su libro titulado "Taza de té", obras que cimentaron su reputación como un innovador literario en Ecuador.[12][13]Pablo Palacio en cambio publicaría "Un hombre muerto a puntapiés", "Débora" y "Vida del ahorcado", cuya obra rompió con el costumbrismo de su época, y destacó por su innovación en estructuras y contenidos narrativos.[11]
Respecto a la biografía de ambos, la vida de Palacio estuvo marcada por el éxito literario y profesional, así como por una trágica enfermedad mental que lo afectó en sus últimos años. Su obra sería destacada por Benjamín Carrión inicialmente y después por Miguel Donoso Pareja quien con sus varios escritos buscaría difundir su narrativa y reestablecer su figura en el canon literario.[14][15] Por otro lado Humberto Salvador fue además de escritor, abogado y psicoanalista. Sin embargo, su trayectoria literaria cambió hacia el realismo social, por influencia de Joaquín Gallegos Lara. Nacido en Guayaquil en 1909, Salvador quedó huérfano a temprana edad y se trasladó a Quito. Allí, forjó amistades literarias con Jorge Icaza en el Instituto Nacional Mejía, y luego estudió leyes en la Universidad Central del Ecuador, mientras impartía clases de literatura. Su juventud estuvo marcada por su inclinación hacia la izquierda política y su participación en revistas y proyectos teatrales, donde satirizaba a la burguesía quiteña.[12]

Además de la narrativa se debe destacar en la poesía a Rumazo González, Carrera Andrade, Escudero y Gangotena. Estos poetas muchas veces llamados "posmodernistas" también rompieron con la estética anterior a través de sus obras, especialmente en la etapa inicial de su vida.[16][17] José Rumazo González fue un escritor, historiador, paleógrafo y diplomático ecuatoriano, cuya obra abarcó diversos géneros literarios e históricos. Su carrera literaria se inició durante el vanguardismo con la publicación de los poemarios "Altamar" y "Proa", título que hace referencia a la parte frontal la —vanguardia— de un bote, y el ensayo "El nuevo clasicismo en la poesía", donde Rumazo expuso su visión estética, influenciada por las vanguardias y el psicoanálisis.[18] Su poesía temprana mostró la influencia de Vicente Huidobro, y desarrolló su propia teoría del "anfimetamorfismo", explorando los múltiples significados de la palabra poética.[19]
Rumazo González, tras su obra "El nuevo clasicismo en la poesía", donde exploró la relación entre el arte clásico y la vanguardia, publicó "Altamar". En su análisis, distinguió entre una vanguardia auténtica, basada en la tradición y la búsqueda de nuevas formas de expresión, y una vanguardia falsa, que se limita a la imitación y la provocación sin fundamento. Dentro de "Altamar", Rumazo González desarrolló una "teoría sobre la emoción" como parte de su método poético.[20] Esta teoría postula que la emoción es clave para la comprensión indirecta de la poesía, lograda a través de la "resonancia".[21] La resonancia se refiere a la recepción de la poesía en una segunda lectura o recuerdo, no en la primera impresión, ya que esta última suele estar influenciada por el sentido principal de la información. Según el autor, la resonancia implica una disyunción del tema y una disgregación que permite una nueva creación. Este proceso permite trasplantar el sentido de la imagen, revelándolo inicialmente y convirtiéndolo en símbolo.[22] De igual forma la obra de Jorge Carrera Andrade marcó la superación del modernismo y el inicio de las vanguardias en su país.[23]
Carrera Andrade intervendría a través de su muy influyente comunicación radial titulada «El destino de nuestra generación», con fecha de mayo de 1931 en Barcelona. A través de esta invitación se motivaría a los jóvenes escritores a seguir los nuevos rumbos del pensamiento y la cultura. Ahí afirmaría:[24]
«Los que hemos tenido la suerte de aparecer después de esa fecha [1900], interpretamos a nuestra manera el mundo y queremos ver y conocer con ojos propios. De esta manera, dos tendencias están frente a frente: la que se nutre de los restos del siglo pasado y la que se plantea la construcción futura del siglo en que vivimos»Carrera Andrade - El destino de nuestra generación
Durante el auge de las vanguardias, Carrera Andrade innovó al adaptar el haiku japonés al español en su obra "Microgramas", centrada en la fauna, flora y folclore ecuatorianos. En su ensayo introductorio, rastrea la genealogía de esta forma poética desde los epigramas españoles de Francisco de Quevedo hasta las saetas y cantares, culminando en el haiku.[4] Su estilo se caracteriza por la brevedad y el enfoque en las cosas, como se evidencia en su poema "Nuez".[25] La poesía de Carrera Andrade se caracteriza por su enfoque en el juego metafórico, donde el mundo se captura y se posee a través de la analogía y la correspondencia. Este acto de nombrar, que algunos críticos vieron como una apropiación "burguesa", es en realidad un acto fundacional, donde el poeta establece un lugar de origen poético en los Andes ecuatoriales. A medida que su obra evoluciona, el mundo de Carrera Andrade se expande, abarcando paisajes marinos, ciudades y culturas globales, reflejando su deseo de trazar un mapamundi personal.[26]
Respecto a la vida de Rumazo González y Carrera Andrade, quienes fueran contemporáneos, existen paralelismos en sus facetas de diplomáticos y estancia en Europa. Además, a lo largo de su trayectoria, Rumazo ocupó cargos importantes, como la presidencia de la Academia Ecuatoriana de la Lengua, y recibió el Premio Eugenio Espejo en reconocimiento a su valiosa contribución a la literatura ecuatoriana.[27] Por su parte, Carrera Andrade quien fuera cosmopolita en su formación y estética, fue traductor y se dedicó a, el ensayo y la diplomacia al igual que la poesía. A lo largo de sesenta años, dedicó su vida a viajar y escribir, dejando un legado que lo posiciona como uno de los poetas más prolíficos de Ecuador.[23] En 1976, la Academia de la Lengua del Ecuador propuso su candidatura al Premio Nobel. Sus obras, como "Boletines de mar y tierra" y "Lugar de origen", exploran la universalidad a través de metáforas de viaje y la conexión entre la tierra y el cosmos.

Adicionalmente, tenemos como exponentes del vanguardismo en la poesía a Gonzalo Escudero, Alfredo Gangotena. Primeramente, Escudero fue un poeta y diplomático ecuatoriano, cuya obra poética se caracterizó por su profundidad mística y existencial. Exploró temas metafísicos y su poesía evolucionó desde las vanguardias hasta un estilo clásico en su etapa final. Su carrera diplomática lo llevó a ocupar cargos importantes, incluyendo embajadas en varios países europeos. Por su parte Alfredo Gangotena fue un poeta bilingüe, cuya obra se desarrolló entre Quito y París. En la capital francesa, durante la década de 1920, se relacionó con figuras literarias como Max Jacob y Jean Cocteau, y su poesía absorbió influencias del simbolismo francés y la "poesía del pensamiento" europea, nutriéndose de la ciencia, el catolicismo y filósofos como Nietzsche. A su regreso a Ecuador, Gangotena enfrentó la incomprensión de su medio cultural, dominado por el indigenismo.[28] A pesar de esto, continuó escribiendo y publicando, y su obra fue reivindicada póstumamente.[29]
Escudero iniciaría su carrera literaria publicando los importantes libros "Los poemas del arte" (1919) y "Las parábolas olímpicas" (1922). Después por influencia de César E. Arroyo quien publicaría «La nueva poesía. La evolución de un gran poeta», y además haría su influyente conferencia «La nueva poesía: el creacionismo y el ultraísmo», Gonzalo Escudero publicaría en el primer número de la revista Hélice de 1926 un artículo de clara filiación vanguardista donde critica el arte clásico:[24]
«El trazo nervioso y arbitrario ha condenado a muerte a la expresión fotográfica de la pintura clásica y la plasticidad móvil y descompuesta de la nueva escultura ha derribado a la idea helenista de la proporción volumétrica»Gonzálo Escudero - Revista Hélice (1926)

Años después publicaría su famoso drama superrealista y cubista titulado "Paralelogramo" y el elogiado poemario de 1933, "Hélices de huracán y de sol", que destacó por su imaginería y métrica, recibiendo el reconocimiento de Miguel de Unamuno. Posteriormente, como parte de su obra de madurez compuso "Altanoche", publicado en 1947 y que sería bien recibido por la crítica por su diversidad de estilos, cuidado de la forma y el uso de la metáfora.. Durante la Guerra Civil Española, adoptó una postura anticascista, plasmada en un poema de 1938. Escudero tanto en su poesía como en el teatro dejó un legado que, aunque en ocasiones hermético, destaca por su musicalidad y profundidad filosófica.[30] [26] De manera similar, Gangotena, considerado por Ivan Carvajal como "un precoz poeta vanguardista", siguió un camino distinto al de muchos escritores de Ecuador al ser enviado a Francia para estudiar, donde su poesía en francés fue aclamada. Influenciado por la poesía moderna y filósofos como Kierkegaard, Nietzsche y Heidegger, incorporó elementos vanguardistas y una visión nihilista a su obra, reflejando la crisis espiritual y la angustia existencial de su época.[26]
Además de su importante libro "Orogénie" publicado en 1928, le seguirían los poemarios siguientes: L'orage secret (1926-1927), Absence. 1928-1930 (1932), Jocaste (1934), Cruautés (1935), Nuit (1938) publicados en francés y Tempestad secreta (1940), Hermenéutica de Perenne Luz (1940) en español. Carvajal destacaría de su poesía "algunos aspectos constructivos del poema, ligados a la imaginación vanguardista y al moderno uso de los tropos (tanto en el plano de la expresión como en el del contenido), el nihilismo y la crisis espiritual de la época, con su consiguiente carga de angustia existencial y agonía". Estos elementos que ya estaban presentes de manera inicial en la poesía del modernismo ecuatoriano, llegan a dominar completamente la escritura de Gangotena.[26]



